A los 18 años cualquiera se ve bien, pero Johnnie siempre se verá mejor.


Si el petróleo fuera así de valioso, sería también transportado en hermosas cajas doradas y la torpeza de derramar una gota no sería jamás tolerada. Al Johnnie lo que es del Johnnie.

El whisky, último peldaño en la escala del perfeccionamiento etílico, no más que un licor, un estilo de vida. Es una actitud, el estado intermedio entre el refinamiento y el hedonismo. Convenientemente, el Gold Label no es cualquier whisky, ni tampoco cualquier escocés mezclado.

Esta fluida joya tiene linaje, pues fue el mismo Sir Alexander Walker II quien ideó la proporción de su mezcla de más de quince tipos de maltas, creando así la mezcla que se ha mantenido inmutada durante más de cinco décadas. Añejado hasta por dieciocho años en los antiquísimos barriles de la productora escocesa, el color de su llamativa etiqueta no da lugar a dudas sobre la calidad de lo que la botella contiene.

Genealogía de un lujo

  • John Walker, a principios del siglo XIX y armado con 400 libras esterlinas, funda su tienda de vinos y licores.
  • Una inundación en 1852 destruye todo su inventario y establecimiento. En dos años se recupera por completo gracias a la popularidad de su whisky, en ese entonces llamado "Walker’s Kilmarnock Whisky".
  • Alexander Walker, tras la muerte de su padre y con experiencia en la mezcla de té, aplica sus conocimientos para crear el whisky que hizo mundialmente famoso el nombre de Johnnie Walker: Black Label.
  • Criados en una tradición, Alexander Walker II y su hermano George Paterson Walker se encargaron de hacer crecer el ya magno negocio familiar.
  • George creó el famoso logo.
  • Alexander creó tres nuevas mezclas de whisky, lo nombraron caballero por ello.
  • La compañía, ahora pública, en poco tiempo se convirtió en la mayor marca de whisky escocés mezclado del mundo, con una distribución anual de más de 130 millones de botellas.