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Surfeando con Metallica
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Por Revista SoHo
Publicado el 05/12/2010
 

Son las ocho de la noche en Roca Bruja de Santa Rosa, Guanacaste. En medio de la nada, el silencio predomina hasta que el ding del celular interrumpe la calma.


Surfeando con Metallica

Son las ocho de la noche en Roca Bruja de Santa Rosa, Guanacaste. En medio de la nada, el silencio predomina hasta que el ding del celular interrumpe la calma.

Por Federico Pilurzu
Fotografía: Pat Stacey

 

Es un mensaje de texto de Marcelo Herrero, representante de Billabong: “Ya están aquí y quieren surfear mañana”. No tengo idea de qué habla. Esperaba en dos días al equipo de la marca y una semana después, sí, a Metallica. ¡Ding! “Metallica tendrá unos días libres desde ya y quieren ir a surfear”. No se hable más, cambio de planes sin cuestionar nada: sesión de surf al amanecer.


Robert Trujillo y Kirk Hammett quedaron fascinados con el público y las playas de Costa Rica. Prometieron volver.

Una semana atrás, Marcelo me había pedido conseguirle unas tablas a Robert Trujillo y Kirk Hammett de Metallica. Ante mi sorpresa, me explicó  que la base de operaciones del grupo para su tour centroamericano sería Guanacaste, por lo que pasarían poco más de una semana en nuestro país. En su tiempo libre, su objetivo principal era surfear por las diferentes playas de la costa, pues conocían la buena reputación de la zona.

Años atrás, Metallica y Billabong crearon una alianza gracias a la pasión por el surf de Robert y Kirk, quienes prácticamente traen el deporte en las venas; el primero se crió en el sur de California, mientras que Hammett vive en Hawai... Gracias al acuerdo con la marca los muchachos siempre encuentran tiempo para visitar las playas con buen oleaje de los países que visitan. Naturalmente no fuimos la excepción y a mí me tocó ser el edecán de Metallica.

Pusimos a disposición de los muchachos  14 tablas de todas las medidas y para todo tipo de olas. Más de la mitad  fueron usadas entre Robert, Kirk y parte del crew (quiropráctico incluido) que se animó a desafiar el mar.  Después de probar tablas de todo tamaño, Kirk decidió quedarse con una longboard 9'0, la cual usó en la mayoría de las sesiones. Por el otro lado, Robert prefirió correr tablas cortas; sus favoritas fueron una 5'9 y una 5'11, las dos medio "fish", o sea, un poco más anchas y gruesas, pero al mismo tiempo cortas, lo que permite más maniobrabilidad y estabilidad. Cuando las olas suavizaban, Trujillo también corría longboard, surfeando de forma más clásica y relajada.

Una vez que llegamos al hotel donde se hospedaba Metallica el mismo Robert nos atendió con su esposa. Mientras le daba una mirada a las tablas (visiblemente agradecido y emocionado), conversó con toda naturalidad sobre los temas obvios: música y olas.  Pit, mi buen amigo y socio, le enseñó a Robert algunas imágenes de las olas que hemos surfeado cerca de Tamarindo y el bajista se entusiasmó como un niño, “you guys are crazy!”.

Nuestro primer destino fue Playa Grande, buscando más que todo una jornada tranquila para que se relajaran y lo pasaran bien. Las condiciones eran óptimas; viento, marea, oleaje... el arribo, sin embargo, no fue tan calmo. Robet y Kirk bajaron del carro con sus guardaespaldas así que llamaron más la atención y pronto se vieron rodeados de  seguidores pidiendo la fotografía del caso.

Apenas un  par de horas después de llegar, Trujillo tenía que regresar al hotel pues su esposa le esperaba. Kirk quiso quedarse surfeando porque las olas estaban en su punto, pero nosotros tuvimos que salir volando de vuelta. El guardaespaldas prefirió cederme el volante, dado que yo conocía la ruta, así que terminé choferiando a 120 kilómetros por hora para evitar el disgusto de la mujer.  Entrada la  tarde aparecieron Marcelo y Kirk; entre cervezas y bocas planeamos la siguiente jornada, ahora con Wade Goodall y Sterlin Spencer, dos consagrados surfistas de Australia y Estados Unidos que venían a tomar material publicitario con la banda.

La segunda sesión nos trató de maravilla otra vez. Las condiciones impecables de Playa Grande este día permitieron tanto a los surfistas profesionales como a los aficionados disfrutar de olas de nivel mundial. Marcelo, Pit, mi hermano Riky y yo quedamos un tanto sorprendidos con el nivel de los músicos: maniobraban entre las olas con naturalidad, luciéndose incluso con algunos cuantos tubitos. Ninguno destacó sobre el otro, por momentos Kirk estaba más encendido tomando ola tras ola, pero Robert también supo brillar. Los dos terminaron agarrando gran cantidad de olas de diferente tamaño y duración, fue una jornada redonda.

Luego del predecible atardecer de lujo, decidí invitar a los huéspedes a cenar en mi restaurante en Tamarindo, el Koi Sushi Lounge, donde pasamos la noche entre videos de surf, comida asiática y los tragos de rigor.

¿Qué tomaron? Pues una buena cantidad de cerveza japonesa y nacional, combinada con margaritas heladas y mojitos. De todo, sin embargo, su trago favorito fue el “sake bomb”, a base de vino de arroz y cerveza. Lo pasaron tan bien que nos invitaron a todos a ver el concierto desde la tarima. Sorprendidos y agradecidos aceptamos la propuesta.  


Más de 30.000 los vieron de frente. Federico Pilurzu estuvo detrás

Pocos días después estábamos en el Ricardo Saprissa frente a más de treinta mil personas. Robert y Kirk se acercaron a saludarnos y a preguntarnos si estábamos listos para volvernos locos. Nosotros pasamos al cuarto de sonido sobre tarima y desde ahí vimos y escuchamos la locura de los fanáticos cuando James Hetfield les gritó: “Tuvieron que esperar 29 años, pero finalmente llegamos”. La gente gritaba, lloraba, se desmayaba; todo lo observábamos desde una perspectiva totalmente distinta.

Entre canciones, Robert se nos acercaba exaltado y nos decía “El martes vamos a surfear a Roca Bruja, ¿verdad?”.

En efecto, el martes siguiente estábamos de vuelta en Roca Bruja. Al terminar otra jornada en Playa Grande nos esperaban el yate Zara en la bahía de Playa Naranjo. Malas noticias: las condiciones del viento no cooperaron y nos quedamos con las ganas de cerrar con un buen oleaje. Sin embargo, como el pronóstico del tiempo apuntaba a un jueves memorable, Kirk decidió alquilar el yate de nuevo e intentarlo otra vez.

A las tres de la mañana estábamos cargando las tablas camino a Papagayo, en busca del amanecer y de las mejores condiciones posibles. A las cinco y treinta estábamos en Potrero Grande. El día no decepcionó, pero tampoco fue brillante. Nos movimos en busca de esa ola especial, que no terminaba de llegar. Más allá de Potrero Grande es difícil que todo coincida, pero si sucede, es realmente inolvidable. Cuando llegamos, me di cuenta de que estábamos de suerte: viento, marea, oleaje, todo perfecto otra vez y ni una sola persona en el horizonte. Las mejores olas, las mejores fotos y el mejor atardecer, todo llegó esta última sesión.

Kirk y Robert estaban extasiados, no podían creer lo sorprendente de todo lo que estaba pasando y la suerte estar ahí en ese momento. Finalmente el capitán dio la orden de volver al bote, mientras el cielo oscurecía. “Una última buena  ola”, pensé mientras veía a Robert buscando hacia el horizonte. De pronto, unas líneas oscuras se dejan ver en la oscuridad. ¡Una de las series más grandes y perfectas del día! Sin pensarlo dos veces, nos las turnamos. “¡Ahora sí!” le dije a Trujillo que con  una sonrisa de oreja a oreja me contestó en español “¡Estoy listo!”. Poco después, el bote navegaba de vuelta hacia la marina. Abriendo unas cervezas, Kirk, emocionado, exclamó: “Top ten man! Definitely!”.