CRÓNICAS JUDICIALES

A la hora de rendirle cuentas a la ley, es mejor estar del lado de los buenos, aunque a veces no sea tan fácil. Alejandro Arley estuvo en un allanamiento recopilando hasta el mínimo detalle, Mauricio Azofeifa se metió todo un día a los juzgados y Álvaro Murillo  registró la escena del levantamiento de un cuerpo. Conozca en tres historias la tenue línea que separa al bien del mal.

Morir en un pueblo es morir con recargo, más aún si tardan seis horas en empacarle el cadáver. Es demasiado el tiempo para los recuerdos colectivos y las historias armadas a poquitos entre los vecinos y familiares, si no son la misma cosa.

Por Álvaro Murillo / Fotografía: Roger Benavides

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Avenida 10, San José. Faltan cinco minutos para las seis de la tarde, el aguacero se arrepintió de caer y todo parece tranquilo.

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“La justicia es ciega”. La ya muy trillada frase  es regularmente ilustrada por la diosa romana Iustitia, quien sostiene una balanza y el cuerno de la abundancia. Usted seguramente la ha visto en las tarjetas de los bufetes de abogados que se hacen en casa.

Por Mauricio Azofeifa / Fotografía: Jorge Navarro

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