Wármix: la prueba de que usted solamente puede ser bueno está en que ha puesto toda su inteligencia en hacer el mal.

Por Víctor Hurtado Oviedo
Ilustración: Adián González Rizo © 2010.

–Profe: Tuavia no selué contado porq’ aun no selué dicho pero le cuento q’ lotro dia me compré un carro! Enel barrio le dicen El Deprimido porq’ stá muy golpeado, tamién le dicen El Diez porq’es la quinta vez q’ lo venden de segunda mano, tamién le dicen Hecho Consumado porqu’ no tiene marchatrás. Yo taxipirateo y me llaman El Gratuito porq’, como mi carrito es un perol, dicen que yo trabajo en balde. Bien bromistas son en mi barrio, profe. Bueno, yo novía a mi novia hace rato yen tonces lain vité al cine y juimos enel carro oyendo mi nuevo caset de boleros pero mi novia me dijo q’eran baladís. Yo me desentornillé de risa pero luego me quedé solito con mis pensamientos. ¿Quiabrá q’rido decirme? Las dudas me asaltan. ¿Quiago? Su meditamundo dixípulo Wármix Méndez Gómez!

–Luctuoso Wármix: Si las dudas lo asaltan, acelere el auto. Ya en broma, lo felicito por la adquisición de ese automóvil: este es algo para lo que usted ha hecho méritos durante toda su vida. Es grato saber que, entre tanta injusticia, al menos alguien recibe su merecido: ya usted ve que no ha cometido tantos errores en vano. Esto es como la justicia poética, castigo que consiste en publicar a los poetas malos para que los lean.

Ya lo vislumbro, glorioso Wármix, insertado al volante de ese ovni de barrio, asustando a las masas y riéndose de quienes al verlo crean que los marcianos llegaron ya. Su auto es la única dificultad que anda sobre ruedas. También es cierto que, gracias a su troncomóvil, usted tranquilizará a la gente porque, cuando haya pasado su perolazo, los viandantes exclamarán:

–¡Lo peor ha pasado ya!

Es posible que, por el reconcomio de la envidia, alguien se burle de su ridículo automóvil, pero no haga caso. ¡Wármix: usted es un hombre bueno!; y la prueba de que usted solamente puede ser bueno está en que ha puesto toda su inteligencia en hacer el mal.

El único peligro reside en que, ahora, usted no solo cause accidentes gramaticales, sino de tránsito. Hablando de la gramática, advierto que usted libró un pugilato semántico con su novia a propósito de ‘baladí’. Me parece que usted no ha entendido, pero no se incomode; de usted, ni pagando la fianza sacamos un pensamiento. Inter nos, es una pena que, cuando se ha descubierto que existen inteligencias múltiples, a usted no le haya tocado alguna.

Su novia le dijo que aquellas canciones no eran boleros, sino baladas; por esto, no expresó que los boleros son baladíes (triviales, insignificantes). Como a usted se le ha enredado en los pies el hilo de sus pensamientos, se ha caído en la confusión.

‘Baladí’ proviene de una palabra árabe homófona (o sea, que se oye igual): ‘baladí’ (“lo propio de este país”). En la Edad Media, en España, ‘baladí’ era el nombre popular de una moneda acuñada en Castilla, similar a una que se importaba de Marruecos. La baladí se depreció porque la gente la recortaba para quitarle oro; así, ‘baladí’ terminó siendo cualquier cosa de poco valor físico o moral.

Ante su saciable sed de conocimientos, direle que no es igual trabajar “de balde” que trabajar “en balde”, aunque el diccionario de la Real Academia equipare ambas expresiones. Si usted hace taxi de balde, lo hace sin ganar dinero. Si usted trabaja en balde, lo hace sin resultados útiles. Por ejemplo, en el extremista caso de que usted fuese científico, trabajaría en balde si sus experimentos no diesen buenos resultados. Este fracaso no se relaciona con el dinero; en cambio, “de balde” siempre equivale a “trabajar gratis”. Wármix: esta gratuidad se parece a su gramática, que es un crimen, y, como todo crimen, no paga.

 ‘Balde’ es una palabra que tiene dos proveniencias. En el sentido de “recipiente”, su origen es incierto, aunque tal vez sea un término portugués. En los sentidos de “gratuito” y de “en vano”, ‘balde’ deriva del árabe ‘bátil’ (inútil, sin valor). Estos sentidos se han conservado en nuestras expresiones “de balde” y “en balde”. Su cabeza me hace recordar un balde: si no está vacía, está llena de agua.

Aunque usted no lo crea, ‘baldón’ no es un balde grandazo, sino una ofensa o un desprestigio que cae sobre una persona. ‘Baldón’ proviene de la palabra germánica ‘bann’ (tratamiento soberbio). Así pues, cuando a alguien le cae un baldón, no le cae un baldazo.

Yo no soy de su barrio, pero se me ocurre que a usted deberían apodarlo Sardina porque llega en lata. Por lo demás, no se quede a solas con sus pensamientos: allí asustan.