Con la ayuda de un grupo de publicistas, idearon el lema del “Divino Clóset”, pues en definitiva lo que se le pide al gay es que no salga del clóset
Edición 39|
Con la ayuda de un grupo de publicistas, idearon el lema del “Divino Clóset”, pues en definitiva lo que se le pide al gay es que no salga del clóset Por Julio Román
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La cosa tenía que reventar por algún lado. Y lo hizo. No es extraño lo sucedido el mes pasado en el barrio Santa Yorleny, de Aguas Charcas de Cartago. Los vecinos, a pesar de ser cartagineses de cepa, se pusieron en pie de guerra cuando la policía intentó vacunar a una joven embarazada contra la gripe A, por la fuerza. Repasemos algunos locuaces antecedentes. A finales de enero se decretó que la vacunación contra la gripe A sería obligatoria en Costa Rica. Al mismo tiempo que en Europa se increpaba a la OMS por alarmista y por su posible contubernio con las farmacéuticas para vender vacunas como salchichas, aquí se da a la población este dudoso beneficio: la vacunación obligatoria. Además, gratis, aunque conviene detenerse a analizar en qué sentido “gratis”, ya que las doscientas mil dosis que llegaron a la Caja hubo que pagarlas con las arcas del Estado. Así que visto con malos ojos o quizás solo con ojos de quien ya ha visto mucho, el asunto huele mal. C.M.V., de 28 años, vecina de Aguas Charcas, tenía todos los requisitos para estar de primera en la lista: es diabética, asmática y a la sazón embarazada de diecisiete semanas. La cartaga, que tiene Internet en casa, accedió a información de periódicos extranjeros y descubrió datos que la pusieron en guardia. El más importante: tres portuguesas habían sufrido abortos “espontáneos” tras ser vacunadas; también llamó su atención el mercurio usado como excipiente que hay en la vacuna y del que nadie habla nunca. A las dudosas bondades del medicamento añadamos las millonarias ganancias de las farmacéuticas por su venta, la campaña del miedo a la pandemia y al final tendremos que suspirar y decir como nos dijo ella: “Diay, mi amor, eso olía a chorizo”. También apuntó que no cree que Óscar Arias tuviera la gripe del cerdo (como se le llamó al inicio, a la gripe), sino que esa falsa noticia formaba parte de una campaña para hacer creer a los ticos en la vacuna. “A Arias deben haberle embarrado bien la pezuña”, añadió jocosa y reiteró la necesidad de ser identificada solo por sus siglas. C.M.V. se negó a ser vacunada, por lo que las autoridades se personaron en su residencia con una orden judicial para inyectarla por la fuerza. Lo que no podían sospechar ni remotamente los agentes es que los habitualmente pasmados habitantes de Santa Yorleny esta vez decidirían pelear. Armados con cuchillos de cocina y tapas de ollas, los vecinos formaron un escudo humano alrededor de la humilde vivienda de la futura madre. Pues bien, desde 1910 no tenía la muy noble y leal ciudad de Cartago un día tan movido. Quiso el destino que esa misma tarde los cartagineses, que no se manifiestan nunca, tuvieran convocada una Marcha contra la homosexualidad. Poco se ha hablado de ella. Según los organizadores, no se niega el derecho a la vida de los homosexuales, pero sí se les pide que no manifiesten ni reivindiquen ni mucho menos ejerzan sus inclinaciones. Si la Madre Naturaleza le ha hecho homosexual, usted no debe sentirse orgulloso de ello, ni mucho menos tener relaciones sexuales. Por esto, con la ayuda de un grupo de publicistas, idearon el lema del “Divino Clóset”, pues en definitiva lo que se le pide al gay es que no salga del clóset. Se puede ser homosexual (qué remedio), pero en secreto y castidad. ¿Se les permite casarse? “Claro que sí” –afirma Jiménez, uno de los organizadores, y añade con la brillante ironía que caracteriza a esta provincia–: “Siempre y cuando no se casen entre ellos”. Así las cosas, estaban los vecinos de Aguas Charcas acordonando la casa de la asmática, diabética y embarazada C.M.V., cuando vieron aparecer a los adalides del Divino Clóset, con pancartas y banderas gays (que se disponían a quemar). Los agentes del orden, en su mayoría nicaragüenses con papeles, creyeron estar en una emboscada y arremetieron contra los manifestantes, al igual que los vecinos, que tomaron a los pacíficos manifestantes por refuerzos de la Guardia Civil. C.M.V. se dio a la fuga, sin vacunar, y la jornada se saldó con ochenta heridos y un muerto, el único gay que había en Cartago, con lo que ha quedado erradicada la homosexualidad de esta provincia. |
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