- Inicio
- ESPECIALES
- Porque nuestra dieta nos anestesia
Porque nuestra dieta nos anestesia
- Por Maria Montero
- Publicado 02/16/2010
- ESPECIALES
|
|
Por María Montero
|
|
Lo Primero que llamó mi atención fue la intrascendencia de la noticia, descubierta hace muchos años mientras realizaba un accidentado e interminable viaje desde los Cárpatos meridionales hacia el Mar Negro. Impreso en una esquina del que quizá fuera el periódico de menor tirada de Rumanía, Gazeta de Transilvania, el titular decía claramente: “Comunidad científica alerta: dieta costarricense provocaría daños irreversibles a la salud humana”. Quise decir 'claramente' para cualquiera que hablara rumano, lo cual no era mi caso. Esa noche yo ojeaba el periódico en un acto mecánico y autista, adormilada por el movimiento del tren, mucho más lento e hipnótico en la oscuridad de las llanuras de Oltenia. Por la ventanilla se colaba el aroma saturado de los bosques de hayas y encinas, y la agitación nocturna de los animales salvajes dejaba el espíritu anegado en extrañas regiones, incompatibles con desvelos, digamos, de origen étnico. No le hubiera dado mayor importancia al asunto de no haber sido porque la mujer con la cual compartía el desolado vagón, una dama de elegante tristeza que más tarde se presentó como la doctora Elena Vacarescu, se ofreció amablemente a traducirme la noticia. Quizá yo daba un espectáculo lamentable, con mis seiscientas bufandas de crochet (era como tratar de calentarse el cuello con un puñado de cordones de zapato), mi diminuto sombrero de fieltro, mis viejos botines y mi bronquitis cercana a la tos ferina. Sencillamente parecía una poeta de posguerra: extraviada, enferma y con las mangas del pesado abrigo llenas de mocos. Aunque una torre de diccionarios español-rumano descansaba a mi lado, lo que sin duda desató la solidaridad de mi compañera fue un gastado tomo de las obras del gran poeta rumano Nicolae Orescu quien –ya se sabe– vivió, deambuló y escribió versitos iridiscentes en tierras centroamericanas. Elena era doctora, pero en literatura, hablaba un español perfecto y tenía entre 40 y 65 años. No tardamos en trabar una amistad igualmente flexible. Ella estaba alarmada con la noticia e insistió en traducírmela. Yo no entendía por qué un periodicucho rural de Rumanía se molestaba con aquello (supongo que los periodicuchos rurales de cualquier lugar le dan sentido a su irrelevancia reproduciendo todo lo que les parece lejano y fútil), pero tampoco pregunté. Elena leyó con voz entrecomillada: “Investigadores relacionan gastronomía costarricense con trastornos como la Misoginia hiperclásica, la Psicosis posparto prolongada y la Negligencia hemisférica recurrente. Afirman que, de extenderse hacia otras regiones, causaría una inminente crisis sanitaria. La salud mental de la población local presenta daños a nivel celular”. Recuerdo que Elena me miró aterrada y que yo, sacudida por el hallazgo, me soné la nariz con el sombrero. Elena continuó leyendo, musitando expresiones místicas en rumano que supuse significaban ¡Oh! ¡Dios mío! “Un equipo interdisciplinario de la Pricesmart University, con sede en Ginebra, dio a conocer los resultados de una investigación que demuestra las graves consecuencias para la salud humana de la ingesta regular de alimentos como gallopinto, chifrijo, casado, café y helado de natilla. Este último mereció un capítulo aparte, elaborado con la ayuda de alarmados expertos de Le Cordon Blue. Los investigadores analizaron datos sobre un centenar de alimentos, bebidas y platillos regionales de los cuales solo la sección de gallos y empanadas ocupó más de la mitad de la lista, lo cual derivó en otra investigación. El equipo encontró que un aumento en las enfermedades mentales severas y otros desórdenes emocionales y cognitivos está directamente relacionado con las prácticas culinarias vernáculas. El estudio dedica varios de sus innumerables capítulos a otros alimentos curiosamente nocivos (tanto por su etimología como por su composición) como los barbudos, el guaro y la fanta colita. Los científicos remataron con un adendum titulado “Leche en chupón o efectos a largo plazo de la lactancia artificial en varones cuando esta se toma tibia y se acompaña del apelativo papito”. Al finalizar la investigación de campo, el 80% de los científicos sufrió diferentes síntomas como violencia doméstica, furor electoral, xenofobia repentina y mal gusto deportivo. Al menos nueve especialistas ya solicitaron asilo en la Universidad de Costa Rica y cuatro en la Selección Nacional. Y siguen llegando”. Esa fue la primera vez que tuve noticia de este fenómeno. Aún conservo el ejemplar de marras, ligeramente embarrado de sustancias corporales. Desde entonces, me he dedicado a recoger las informaciones que, esporádicamente, aparecen en los periódicos (Elena y yo seguimos en contacto), y siempre me ha sorprendido el silencio de la comunidad científica internacional, silencio que nuestras autoridades sanitarias han convertido en tabú. Pero ese es tema de otra patología que, con toda seguridad, se aborda en páginas vecinas. | |
Envía este artículo
1 Respuesta a "Porque nuestra dieta nos anestesia" 
|
said this on 20 Feb 2010 6:11:41 PM CDT
genial como siempre maría
|

Autor)