Por Luis Fernando Gómez

 

El miedo al ridículo puede ser en primera instancia la razón por la cual usted o yo evitemos dar una opinión sobre algo que medianamente sabemos. Pero cuando se aspira al poder, nadie sabe. Decir en campaña política que ir adelante en las encuestas te exime de asistir a los debates, es solo un ejemplo. Y que no pase nada, lo que indefectiblemente nos caracteriza como país. Y que a él le pase todo, algo que posiblemente nos merecíamos.

La falta de debate hace que las tesis declinen rápidamente en eslóganes y frases siliconadas: Paz con la naturaleza, Paz en las carreteras, Recuperemos la Paz. La Paz del dial, Vivan siempre el trabajo y la Paz. Desde el útero la venimos pidiendo. 

Semejante labia es de tan fácil digestión en esta comarca que cualquier intento de motín es un pedillo. Y un pedo comunista y ateo.

La disensión no viene en el kit básico del tico. ¡Dios guarde! Calladito más bonito. Hasta en verso sale. Religión, política y fútbol, en menor grado son temas que se evitan en pos de la concordia: La Paz. Pero, ¿por qué llegar a los turcazos? La familia costarricense tiene la respuesta. Educada o mal educada primero en una catequesis que impone y legitima el monopolio divino donde cada uno es templo –ni siquiera rancho o pesebre–, siente el llamado a filas de su gendarme interior toda vez que el ácido pagano lo salpica. Se ve en la urgencia entonces de acordonarle, defenderle,  y honrarle: no con ideas. ¿Cuáles? ¿De dónde?

Ya más creciditos, con las orejas más anchas llega la vacuna de refuerzo en forma de  Educación Cívica, y aunque usted no tenga un pupitre decente donde apuntar lo que le están diciendo y las tildes las ponga una gotera, se la cree: De pronto respira en democracia. Un pulgar era todo lo que se ocupaba. ¿Será por eso que nos lo seguimos chupando?

El tico promedio, es decir el dañino, puede privarse de algunos honores salvo de no ser patriota. Sin tenerlo todo, firma cheques en blanco cada cuatro años y no esconde la mano, al contrario, la empina contra el límpido azul de tu cielo. (Un poster de Will Smith al final de la batalla sería pura coincidencia). No hacerlo es invocar las fuerzas Chavistas e Indigenistas que nadie quiere; como quien dice, delegar en la Ouija el futuro de la nación. Por eso la defiende. 

Pero lo que nadie le ha explicado al boca tapada este es cómo defenderse de los guachimanes. Resultado de gobiernos que no dan resultado, emergió esta clase de enfermatozoide, de cuyo caldo de cultivo es la totalidad del mapa. No importa que usted venga o salga, le caerá como un superhéroe. Y en los huevos. Solo por variar, otra privatización de la que nadie rinde cuentas.

Es raro toparse una urbe en la que el mal de todos sea tan consuelo de tontos como aquí. Sin distingo de gajo, chuzo o número de llantas –más democracia, imposible– el tico se alista every fucking day al que será su asalto vespertino. Y aquel rasgo que más lo emparentaba con el mono se rompe: Habla. O sea saluda y da gracias.  El calladito cede al bonito, que ante los ojos del verdugo es el mismo perdedor que lo sostiene y patrocina. Y ¡ay de usted que no eche! (¿qué pasa, a ver?).  Síndrome de Estocolmo Reloaded es lo que diría un extraterrestre que ande merodeando la tierra en busca de especies para un casting inframundano. Vida y milagros en el edén –eledén por el culo–.

Y ya que hablamos de echar: Hágase la Teletón. ¿Por qué depositar en el pueblo una obra que claramente le atañe al Estado? Es que si no pueden con esto –quiero decir, lo básico en la salud de los más desvalidos–, no pueden con nada. Si no legislan para esto, mejor no legislen. Si no dictan sentencia por esto, mejor no juzguen. Total, nada que  tres meses de peaje por Multiplaza no puedan resolver. O un mes de aterrizajes en el aeropuerto más grande del mundo. O quince días por atracar en el Pacífico. Ya lo dijo anabólicamente 50 Cent: Get Rich or Die Tryin.   

Pero el tico, en algún cuadrante de su silencio, sabe que la cagó. Por eso, cada año necesita que un desfile de subnormales le recuerde (le grite) que está a la venta un portal donde puede redimirse. Club activo 20-30: Paraíso para lavar conciencias. Pronto, sino es que ya, el moralómetro costarricense se dividirá entre los que ayudan a la Teletón y los que no.

Según Freud, uno es dueño de su silencio y esclavo de lo que dice. El tico es la excepción a la regla, pues es aún más esclavo de lo que calla.