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El tico que sí fue a Sudáfrica
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Por José Meléndez
Publicado el 02/15/2010
 

El costarricense que lideró la lucha internacional contra el apartheid. El sudafricano que logró derrotar la discriminación racial. Fernando Volio. Nelson Mandela. Una historia que hay que contar.

Edición 38


El tico que sí fue a Sudáfrica

El costarricense que lideró la lucha internacional contra el apartheid. El sudafricano que logró derrotar la discriminación racial. Fernando Volio. Nelson Mandela. Una historia que hay que contar.

Por José Meléndez

 

A una velocidad superior a los 150 kilómetros por hora, con las autopistas despejadas del tránsito vehicular cotidiano, bajo un riguroso protocolo diplomático y con excepcionales medidas de seguridad, el convoy de automóviles que transportaba a la delegación de Costa Rica devoraba millas con rapidez, en una febril y afinada actividad política que mantenía a Sudáfrica en el centro de una intensa negociación comercial mundial.

El acelerado viaje de más de una hora en Johannesburgo, entre el hotel que albergaba a la comitiva costarricense y un blindado centro de convenciones que era sede de una cumbre internacional de comercio y desarrollo en 1996, generó tensión e inquietud entre los representantes de Costa Rica.

Pero la emoción era más notable en una persona: Fernando Volio Jiménez, excanciller y exembajador costarricense y eterno defensor de los derechos humanos.

Por fin y tras más de 33 años de lucha, el ansiado encuentro con Nelson Mandela, símbolo de combate contra la discriminación racial, estaba próximo a registrarse. Mandela y Volio se iban a conocer.

¿Y cuál era la trascendencia del momento? ¿Qué unía a Mandela y a Volio, pese a vivir a miles de kilómetros de distancia uno del otro? ¿Por qué la vida de ambos hombres estaba plagada de sustanciales principios de coincidencia y actos de repercusión global?
Todo se remonta a 1962.

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Nacido en 1918 en el suroriental poblado de Mvezo, Nelson Rolihlahla Mandela avanzó de las catacumbas de la infamia en las cárceles sudafricanas al más alto cargo político y hoy es “el padre de la nación”. Pero el trayecto estuvo repleto de muerte, sangre, dolor y barbarie.

En un territorio conquistado durante el siglo XVII por holandeses, convertido en el siglo XIX en colonia británica y con una independencia limitada cedida por Gran Bretaña en 1910 y definitiva en 1961, las poblaciones negras de Sudáfrica fueron humilladas por décadas —y con mayor intensidad desde inicios del siglo XX— por la represión de blancos angloparlantes y “afrikáners”, los descendientes de comunidades que llegaron de Holanda hace más de 357 años.

La discriminación racial fue implacable. Los derechos de votar y de viajar por suelo sudafricano solo podían ser ejercidos por los blancos.

Fernando Volio Jiménez regresó a Costa Rica con un tesoro en su poder: la firma y la dedicatoria de Nelson Mandela en su libro "Apartheid: prototipo de discriminación racial". Mandela ofreció buenos deseos a Volio, a quien calificó de dinámico y experimentado diplomático. (Copia escaneada cortesía de la familia Volio Echeverría)

Los negros tenían que estudiar en escuelas separadas de blancos y su educación debía ser restringida. La separación entre unos y otros abarcó todo —hasta banquetas de los parques— y los negros, entre muchas humillaciones y a diferencia de los blancos, pagaban más impuestos y vivían en zonas sin agua ni electricidad y con deficientes hospitales.

Antes y durante la Segunda Guerra Mundial, los blancos sudafricanos apoyaron a la Alemania de Adolfo Hitler, al nazismo y a sus demoledoras políticas contra los judíos. Al terminar la guerra, el régimen sudafricano estableció, en 1948, el apartheid —en idioma afrikaans significa separación—, para imponer una política progresiva de marginación por el color de la piel.

Pero surgió el rechazo. De 1948 a 1956, Mandela fue pieza clave de la desobediencia civil y de la resistencia pacífica, con el ejemplo del luchador nacionalista Mahatma Ghandi, de India.

Acusado de traición, fue detenido de 1956 a 1961. En el inicio de su más prolongado y doloroso presidio político, en 1963 volvió a ser apresado y recibió una condena de cinco años de cárcel, aunque la sentencia fue modificada en 1964 a cadena perpetua.

¿Por cuál delito?: por ser negro.

Enumerado como el reo 466/64, Mandela estuvo preso 27 años, mientras el gobierno sudafricano desconoció las peticiones mundiales de liberarle y desmontar el apartheid.

Aunque el presidente sudafricano Pieter Botha le ofreció su libertad en 1984 a cambio de quedar confinado en una aldea, Mandela rechazó la propuesta. Por el contrario, desde la cárcel intensificó la batalla contra la segregación, con el apoyo de su esposa Winnie.

 

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Nacido en 1925 en la ciudad de Cartago, al este de la capital costarricense, Fernando Volio Jiménez llegó en 1962 a la Organización de Naciones Unidas en Nueva York como embajador del gobierno del presidente de Costa Rica, Francisco J. Orlich Bolmarcich,

En una época cuando dictaduras militares y gobiernos autoritarios pululaban en todos los continentes, Volio se topó con un asunto que cerraba la posibilidad de avanzar a sistemas democráticos: la constante y profunda violación de los derechos humanos con el silencio o apoyo de fuerzas cómplices de muchas esquinas del planeta.

Con un trabajo de hormiga en esferas políticas del organismo mundial, Volio impulsó el primer movimiento para que la ONU creara una comisión que investigara, denunciara y verificara la situación de los derechos humanos. Sin esconder la admiración a su padre y colega abogado, Fabián Volio Echeverría apenas atina a lanzar: “Y lo logró”.
La resolución que creó la comisión fue redactada por “mi padre” con un delegado de Estados Unidos. Por su labor previa, integró la primera misión de la ONU en derechos humanos y viajó en 1966 a observar la crisis por la guerra entre Yemen del Sur y Omán, al sudoeste de Asia, en lo que fue la primera tarea de verificación in-situ de la ONU en derechos humanos.

Danny Fonseca estrecha la mano de Nelson Mandela minutos antes de iniciar un juego amistoso contra la selección de Sudáfrica, juego que perderían los nacionales por un marcador de 2 a 1.

Volio formó parte de comitivas de Naciones Unidas que investigaron atrocidades en Vietnam, Guinea Ecuatorial y Chile, donde alguna vez visitó presos políticos para disgusto del dictador Augusto Pinochet (“Volio amigo, llévate al dictador contigo”, le gritó alguien desde un calabozo en Chile).

Pero desde sus primeros escarceos en Naciones Unidas, la grave crisis en Sudáfrica por el apartheid acaparaba gran parte de su interés. Incansable, Volio comenzaba a atar voluntades y actitudes de actores del poder mundial que convergían por aquellos años en el foro neoyorkino, con el objetivo de hacer coincidir la presión internacional en una política común de la ONU contra el régimen sudafricano.

Como presidente de un comité del apartheid, Volio diseñó lo que llegó a ser la política de Naciones Unidas para sancionar a Sudáfrica por la discriminación racial. La ONU castigó a Sudáfrica con un bloqueo comercial y la excluyó de organismos políticos, sociales, económicos,  financieros y culturales internacionales, así como de competencias deportivas, como Juegos Olímpicos y campeonatos mundiales de fútbol y de rugby, mientras una gran cantidad de países rompía relaciones diplomáticas y de todo tipo con el gobierno sudafricano.

A mediados de la década de 1970, y reconociendo sus gestiones para acorralar a los racistas sudafricanos, Volio fue designado como uno los “siete sabios” de Naciones Unidas.

Y pese al acoso global, el apartheid se mantenía invariable hasta que…

Insostenible, indefendible e inaceptable, el encarcelamiento de Mandela acabó  el 11 de febrero de 1990, cuando el presidente sudafricano Frederik De Klerk cedió a la hostilidad externa y aceptó liberar al hombre-símbolo.

Una rápida sucesión de hechos precipitó el desmontaje del pesado aparato racista. La democratización avanzó incontenible y en los comicios de 1994, con Mandela como candidato a la presidencia y De Klerk a la Vicepresidencia, hubo un golpe de timón.

Mandela se convirtió en el primer presidente negro de Sudáfrica y la historia comenzó a cambiar de rumbo.

El apartheid había sido sepultado.

***
Un día a principios de 1996, el entonces presidente José María Figueres llamó por teléfono a Volio, en San José, y le dijo  que como toda su vida había combatido contra la discriminación racial, quería que le acompañara a Sudáfrica a una conferencia de comercio que Mandela iba a presidir en abril de 1996, por lo que era una oportunidad ideal para que ambos se conocieran. El gobernante recordó que Volio escribió en 1971 un libro sobre el “apartheid”.

Volio  aceptó: por fin iba a conocer al preso 466/64 por cuya libertad invirtió muchas horas.

Emocionado, alistó dos ejemplares de su libro “Apartheid: prototipo de discriminación racial”, uno para obsequiárselo a Mandela y otro para que se lo autografiara.

No obstante, el entonces canciller de Costa Rica, Fernando Naranjo Villalobos, debió involucrarse en Sudáfrica en una meticulosa negociación para lograr la “cita especial” de Mandela con Figueres y Volio, ya que muchos presidentes también querían reunirse con el combatiente sudafricano.

Aunque “costó muchísimo”, al final se alcanzó un acuerdo, pero el protocolo sudafricano pidió que fuera breve, de unos 20 minutos, y que solo una persona acompañara a Figueres. Aunque a Naranjo le correspondía, como canciller, se convino en que acudiera Volio, para que conociera y saludara a Mandela.

Tras un agotador viaje en avión de América a Europa y luego al sur de África, Figueres, Volio y el resto de la comitiva arribaron a Johannesburgo. Volio llegó enfermo y debió cuidarse para acudir a la conversación pactada para dos días después: 27 de abril de 1996.

Al cumplirse la hora fijada para asistir a la reunión, Figueres y Volio salieron del hotel y, a bordo de vehículos que viajaban a más de 150 kilómetros por hora sobre vías despejadas, fueron trasladados al centro de convenciones de Johannesburgo.

Todo parecía en orden hasta que… Volio se percató de que en el hotel había dejado olvidados los dos libros. No obstante, Figueres logró que el personal de protocolo fuera al hotel a recoger ambos ejemplares. Y cuando los dos costarricenses pasaron a una sala del centro de convenciones donde Mandela les esperaba, Volio ya tenía los libros en su poder.

Luego del saludo, Volio se presentó ante Mandela como profesor de derechos humanos que se inspiró en su causa contra la discriminación racial para escribir el libro que le obsequiaba.

“¡Ah, qué bien!”, exclamó el Premio Nobel de la Paz 1983 al recibir el regalo, según el repaso de hechos que Volio padre hizo a su hijo tras regresar a Costa Rica. Le dijo que Mandela “tuvo muchas palabras positivas”, porque tenía claro quién le obsequiaba el libro y que había sido un “encuentro con mucho calor humano”.

Un recuerdo similar conserva el excanciller Naranjo. De vuelta al hotel, Volio llegó “muy contento” por haber conocido a Mandela y porque el gobernante anfitrión le escribió una dedicatoria en el libro.

Finalizada la conferencia de comercio, la comitiva retornó a Costa Rica a finales de aquel abril de 1996.

Volio, sin embargo, siguió enfermo: la emoción del diálogo con el hombre-símbolo le había impactado en lo más profundo.

Menos de un mes después—el 21 de mayo de 1996—de cumplido el sueño de conocer a Mandela y víctima de un infarto masivo, el activista mundial de derechos humanos fallecía en su hogar en el este de la capital costarricense.

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El sábado 11 de octubre de 2003, las selecciones de fútbol de Sudáfrica y Costa Rica se enfrentaron en la ciudad sudafricana de Potchefstroom, en el suroccidente de Johannesburgo.

Atento a su añejo nexo con los costarricenses, vía Volio, Mandela acudió al partido y entró al terreno de juego para saludar sonriente a los jugadores de Costa Rica, exaltados por la visita.

En el trasfondo, sin decirlo, el “padre de la nación” evocaba de nuevo al desaparecido activista costarricense anti-apartheid y su presencia constante en Sudáfrica.