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Los Vargas Brothers
- Por Rodolfo González
- Publicado 02/15/2010
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Como todo grupo que se respeta, Los Vargas Brothers, la banda seminal del rock tico, se reúne de nuevo. Empezaron en 1965, y entre los puntos altos de su trayectoria, estos dos: teloneros de Carlos Santana en 1967 y el aniversario 45 este 2010. Por Rodolfo González
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A Los Vargas Brothers les debo yo la extraña sensación de sentirme seguido, hasta una fotocopiadora, por un micrófono peludo, de esos que usan para los documentales, y una “cámara de guerra”, en toma subjetiva, que seguía mis pasos como si yo fuera protagonista de una historia y no el periodista que la cuenta. Acostumbrado a intimidar a las fuentes con una diminuta grabadora digital y un cuestionario, de pronto me sentí observado por el gran ojo de la lente. Entonces recordé a mi maestra de cuarto grado de la escuela cuando un día, en frente de la pizarra, nos sentenció: “Dios es un ojo que todo lo ve”. La cámara era la de un colega, productor audiovisual, que realizaba un documental sobre este legendario grupo musical, nacido en San Ramón durante los años cincuenta. Terminé de fotocopiar el cartel con las fechas de los conciertos que los hermanos Vargas darían en las próximas semanas y regresé, con el ojo en la nuca, a la sala de entrevistas. Ahí estaban sentados estos rockeros costarricenses que cumplen 45 años de existencia este año. Mientras llegaba a la mesa de la entrevista, los Vargas Brothers tomaban un café, triple tinto. Bromearon: “qué rico este café… Pero hemos tomado cosas más fuertes. A Dios gracias eso ya es asunto de otra época. Ahora solo somos adictos a la adrenalina del público”.
Doña Ileana, la conserje de la oficina, estaba en el salón y después de la entrevista se me acercó y, con un tono irónico, impresionada por los pantalones desteñidos, los comentarios y el aspecto despeinado de los hermanos del rock, me dijo: “¿Quiénes son esas estrellas?”. –“Pues esas estrellas son Los Vargas, unos rockeros clásicos de Costa Rica. Algo así como los Rolling Stones ticos”, le contesté. Me quedé corto. Los Vargas son los personajes de una película que está esperando productor, porque los guionistas son ellos mismos: sus andanzas desde niños harían parecer a Marcos Ramírez, el de Calufa, como un infante ejemplar, peinado con carrera al centro y con una candela de Primera Comunión en la mano. Álvaro, Eduardo, Eddie y Juan no habían cumplido los 12 años cuando ya andaban en prostíbulos de Puntarenas, escondiéndose de la policía para poder tocar su música en las noches. Eran 4 de 17 hermanos, nacidos en una finca cafetalera de San Ramón, amantes de la música. Nadie les enseñó a interpretar instrumentos, lo hicieron observando. Álvaro, por ejemplo, a los siete años, le ponía atención a los movimientos de los dedos de un vecino sobre el traste de su guitarra, cuando este practicaba para su trabajo de mariachi. Luego el niño corría a su casa y practicaba lo que había observado sobre una regla de madera. “Yo sin la música me muero”, sentencia el mayor de los cuatro hermanos, a quien le encanta oír los gritos del público cuando se pone la guitarra sobre la espalda y la hace sonar como un virtuoso. Con él iniciamos la tertulia. –Álvaro –le pregunto–, ¿si Costa Rica fuera un ritmo musical, cuál de ellos sería? –“Rock progresivo –me contesta–, un 6 por 8, que es el ritmo del tambito, mezclado con el rock. Eso era lo que hacía Jethro Tull. ¿Pero sabe qué? A mí me gustaría combinar el tambito con el rock y la Samba”. –Eddie –me dirijo al bajista–, ¿usted a quién nunca le dedicaría una canción? –“Diay, a lo que nos dejó en la calle… toda la mezcla de drogas que hicimos, porque le entramos a todo”, contesta Juan. Álvaro interviene: “Nosotros hemos pasado por todo. Desde dormir en cajas en la calle, hasta pasar en hoteles cinco estrellas; desde tocar en la Avenida Central, hasta ir a tocar para el presidente de la República. Nos habíamos separado un tiempo y nos volvimos a reunir no hace muchos meses. Yo venía de trabajar en Guanacaste, los fui a buscar a estos y me los encontré en la calle. Me puse a llorar. Les dije: ¿qué les pasa maes?, vamos a alquilar un equipo y nos ponemos a tocar”. Retoma Eddie, “ahí empezamos a salir de drogas, y ahora estamos tocando limpios, a pura adrenalina”.
Álvaro, atento, vuelve a la pregunta, “pero usted quiere saber a quién no le dedicaría una canción. Yo agregaría que no merece una canción mucho músico que no lleva la pasión por la música en la sangre, que no dedica horas a esto y rapidito sube a las listas de popularidad. Tampoco le dedicaría una canción al reggaetón, que es puro ritmo, nada más. Ni siquiera usan el do”. “Eso es puro sexo con ropa”, se apura a añadir Juan. Pregunto cómo definirían su estilo musical y Álvaro no da rodeos: “Tocamos de todo, desde jazz, hasta salsa, pero lo nuestro es el rock clásico. Nosotros no usamos tecnología para tocar, porque se pierde el sabor clásico. Lo más que usamos es agudos, bajos y de vez en cuando, un distorsionador y un delay, que es como un eco. Eso es todo”. Sigo, “Y ustedes que han vivido tantos años con la música, ¿cuál ha sido la anécdota más celebrada?” Esta vez contesta Juan: “Cuando fuimos los teloneros de Carlos Santana. Después de ese concierto teníamos que estar a las ocho de la noche en Puntarenas pero apenas a esa hora estábamos terminando de recoger las cosas en San José. Yo les decía: ¡No vayamos! ¡Nos van a matar! Pero al final decidimos ir y aunque llegamos dos horas tarde nos recibieron con aplausos… ¡Se había corrido la voz de que habíamos tocado con Santana!” En ese momento Eduardo, el cantante, que ha estado muy callado, interviene: “Nos ha pasado de todo, pero este es nuestro mejor momento. Con las sustancias estábamos eufóricos pero no teníamos contacto con el público, ahora tenemos las dos cosas: adrenalina y contacto”. –¿Y cuál lema –pregunto– pondría en su pecho cuando los metan en la caja de pino y se queden mirando la luz del túnel, o el ojo que todo lo ve, como dicen algunos? Se quedan pensativos. Álvaro, como siempre, se lanza a responder de primero: “Sigamos buscando”. Eduardo: “Hasta aquí llegué”. Eddie: “Hasta el final”. El ojo y el micrófono peludo se apagan. Mi grabadora también, y yo descanso en paz. |
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1 Respuesta a "Los Vargas Brothers" 
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said this on 09 Jun 2010 5:33:43 PM CDT
Me parece q es lo mejor q he escuchado de rock en c.r.,estoy sumamente feliz de encntrar un grupo q me haga vibrar ugualito q cuando oigo a Aerosmith. Es un grupo el cual esta uno "obligado" a escuchar en vivo, felicidades!!!!!
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