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La niña dios
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Por Julio Román
Publicado el 02/14/2010
 

La reciente visita a las poblaciones indígenas de Talamanca de Monseñor Gaenswein, conocido como la mano derecha del Papa Benedicto XVI, ha pasado sin pena ni gloria en nuestro país y esto es, como mínimo, raro.

Edición 38


La niña dios

Por Julio Román
Ilustración: Adián González Rizo © 2010

 

La reciente visita a las poblaciones indígenas de Talamanca de Monseñor Gaenswein, conocido como la mano derecha del Papa Benedicto XVI, ha pasado sin pena ni gloria en nuestro país y esto es, como mínimo, raro. En una nación de carácter eminentemente católico como la nuestra (pese a muchos), el silencio mediático alrededor de un acontecimiento de tal envergadura abre muchas sospechas y perfila respuestas –quizás– inconfesables.

Georg Gaenswein no es una figura polémica dentro del Vaticano ni fuera de él; un maligno chismorreo creció hace unos años a su alrededor por una característica física suya: la belleza. Es que Monseñor Gaenswein es pasmosamente guapo. Busque el curioso imágenes suyas en Internet. Se rumora que ha recibido ofertas de modelaje en las pasarelas de Milán. Ciertos o no, los rumores no buscaban sino mermar a un hombre porque ha decidido no compartir carnalmente esa belleza que Dios le ha dado.

 Monseñor se personó el pasado mes en nuestro país bajo la más absoluta discreción mediática, cosa sorprendente, porque semejantes visitas de las altas esferas eclesiásticas suelen hacerse con un claro interés de difusión de la fe católica. Por otro lado, es proverbial el interés económico que suscitan estos eventos en los medios de comunicación, que entran en encarnizadas pujas por adquirir los derechos de grabación y difusión, y hasta los de los souvenirs (ilustrativo lo sucedido en la última manifestación antiabortista en Madrid, donde las dos organizaciones encargadas del evento terminaron en los tribunales por el dinero de los gorros, las camisetas y los pines).

De este modo, no hace falta una mente retorcida para ver que la visita de Monseñor ha sido manejada con secretismo. Tuvimos noticia de ella por pequeñas notas en periódicos modestos ¡todas provenientes de cables internacionales! Para cualquier periodista inquieto, la pregunta salta a la vista: ¿qué ha motivado la visita de Monseñor a Talamanca, específicamente a Tucurrurí, donde estuvo albergado cuatro días con los indígenas de la zona?

Cuestionadas las autoridades eclesiásticas nacionales, se obtuvo un abanico de respuestas en cosa de 48 horas. La visita pasó de ser un viaje privado de sanación de Monseñor, a una misión religiosa en el rango de una Cruzada. A pesar de ser ambas versiones bastante peregrinas, nos inclinamos por la segunda por hallarse una pista en el caso de los polémicos pesebres de Tucurrurí.

Es improbable que el lector recuerde lo sucedido, pues saltó a la palestra mediática el 10 de setiembre de 2001. Las poblaciones indígenas de Talamanca se empeñaron en diseñar belenes que, en lugar del sempiterno Niño Dios, tendrían una Niña Diosa. Como es comprensible, esto es una peligrosa rebelión contra la religión cristiana. Lo que no es tan comprensible es cómo el Vaticano dio tanta importancia a una manifestación artística acaecida y limitada a unas poblaciones paupérrimas y casi en la edad del taparrabos. Neil Chomsky, primo de Noam Chomsky, arrojó una luz en su impactante artículo Una medida desmesurada, publicado en la Transatanic Review. ¿Qué inquietó al Vaticano al punto de enviar a uno de sus mejores hombres a la sierra talamanqueña? Contesta Chomsky: uno, que los indígenas de Tucurrurí no lo hacían con ánimo humorístico. Si esto de fabricar belenes con Niña Dios fuera idea de un grupo modernete de Barcelona, sería otra catalanada herética, y punto. Dos: que la fabricación de belenes dio paso a la de crucifijos y el icono obtenido fue una mujer de tez blanca depilada, larga melena morena, atada de pies y manos con los pródigos pechos al aire… Una imagen provocativa, en todas las acepciones de la palabra.

Este artículo no da respuesta al misterio, pero intenta señalar con la pluma. Como declaró Perro Mojado, gurú de la tribu de Tucurrurí: “Algo muy grande teníamos entre manos y nos lo han arrebatado”. La tesis que explica el derribo de las Torres Gemelas como un ardid para desviar la atención de los pesebres es un delirio paranoico, sí, “pero ya han pasado ochenta patas y el animalito sigue pasando”, concluye enigmático Perro Mojado y vuelve a alejarse en su piragua.