El jardín de las delicias
- Por Revista SoHo
- Publicado 02/14/2010
- El Sitio
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En el Bar Lubnan la vida fluye con una caligrafía invertida y todo despierta solo después de las 6 p. m: música electrónica, menú libanés, narguiles y, de vez en cuando, alguna intérprete de bellydance. Un microclima cultural que nunca ve la luz del sol. Y qué. Fotografía: Marlon Villar © 2010 |
Más que un bar, el Lubnan parece la escenografía de uno, la diferencia es que aquí nadie finge: el hommus es hommus, el falafel, falafel. Quizá la facilidad con que este lugar recrea el sabor de Líbano se deba a la autenticidad de sus ingredientes autóctonos y, por supuesto, a la colaboración de algunas sustancias universales. El secreto consiste en entrar por la cocina, porque eso es exactamente lo que hay que hacer: el bar no solo comparte el menú de su ‘nave nodriza’ (el restaurante Lubnan) sino que su entrada está en la parte de atrás. Lo demás se refiere a ese decorado que no deja lugar a dudas: una iluminación embriagadora, sedas que caen desde lo alto, palmeras mediterráneas, algunas mesas, dos bungalows, una pequeña barra y, los miércoles, la personalidad electrónica de DJ Sweet Bo. Este paisaje, generalmente inabarcable debido al gentío, se adereza con las aromáticas espirales de humo que despiden las pipas o narguiles. Los que necesiten más pruebas de fidelidad también pueden acercarse los jueves, que es cuando el bellydance hace su aparición. Compruébelo cuando guste. La sinceridad corre por cuenta de la casa. Bar Lubnan |
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