Harto de atestiguar la debacle y convencido de que los milagros no se obran con retórica sino con pelotas, el negro agarró los maletines y jaló para siempre. El país entero lo crucificó. En SoHo lo defendemos.
Edición 37
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Harto de atestiguar la debacle y convencido de que los milagros no se obran con retórica sino con pelotas, el negro agarró los maletines y jaló para siempre. El país entero lo crucificó. En SoHo lo defendemos. Por Danilo Jiménez |
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Froylán demostró que se gambetea mejor entre dos. El primero que probó su repertorio fue el infortunio. El Cachorro era apenas un proyecto de niño cuando lo sorteó. A contrapelo del manual, no fue una acción individual. Fue una jugada de fútbol asociado, porque el pequeño se apoyó en un par de padres adoptivos para ahuyentar el fantasma de sus orígenes. Aquello fue premonitorio. Froylán Greing Ledezma Stephens marcaba la cancha y dejaba en claro que se regiría por sus propios códigos, sin convencionalismos. El fútbol fue la única parada en su hoja de ruta. Con la pelota domesticada bajo su botín izquierdo, el negrito macizo y hábil descubrió la felicidad y recobró el orgullo. Dice el técnico argentino Ángel Cappa que eso es lo primero que la pelota les devuelve a los pobres. Como en un contraataque con destino de gol, todo ocurrió muy rápido. Apenas 19 años, el tiempo cronometrado desde su nacimiento el 2 de enero de 1978 y su venta al fútbol holandés, en 1997. El padre biológico no se lo tomó en serio, pero llevaba oro en sus genes. Se dio cuenta poco después, cuando Deportes de La Nación tituló que el muchacho se iba al mítico Ajax por US$ 5 millones. Froylán sembró de goles su paso por Alajuelense y sacó patente de ídolo. La prensa deportiva lo vio como un pichón de crack desde su irrupción en la divisa rojinegra, el 24 de setiembre de 1995. Combinaba las tres marcas de fábrica de un delantero con destino de exportación: potencia, habilidad y gol. Y entonces la maquinaria para forjar un mito rentable se echó a andar. La figura de Froylán navegó sobre ríos de tinta, monopolizó flashes, atrajo libretas y micrófonos, y atizó charlas futboleras. El joven se incomodó con la popularidad y se refugió en sí mismo. Cuando escasearon las hazañas sobre la grama, la atención se centró en su vida íntima. Quedó al desnudo su otra pasión: la noche, y se empezó a tejer una leyenda paralela. En un acto de legítima defensa, El Cachorro afiló su garra. El resultado fue la primera crisis con la prensa especializada, la piedra inaugural de una constante que tuvo su último capítulo la noche del 16 de noviembre, cuando abandonó la concentración de la Sele porque el técnico René Simoes no lo alineaba. ¿Para qué sirve Froylán si no es para jugar al fútbol? Su expediente prueba que todos los clubes que confiaron en él recibieron su paga en goles. El Cachorro estampó su trazo goleador en la red con las camisetas de Alajuelense, Saprissa, Cerro Porteño (Paraguay), The Strongest (Bolivia), Akratitos (Grecia), Rheindorf Altach, Trenkwalder y Admira (de Austria) y el Augsburg (Alemania). Lo del Ajax es otra historia. Si a usted lo llevan a jugar fútbol a Ámsterdam y el técnico lo margina porque viene de un país sin tradición balompédica, no es su culpa. ¿Qué puede hacer un muchacho de 19 años devoto de la noche y que solo sabe jugar fútbol, en una de las ciudades más liberales de Europa? No me consta, pero creo que los escaparates vivientes del Barrio Rojo tiraron más fuerte que darse un paseo por los canales o visitar los museos en busca de Rembrandt o Van Gogh. Lo que pudo dar en el Ajax será un misterio. Pero el recuerdo de la noche de Ámsterdam lo acompañará por siempre. En sus botines, habría hecho lo mismo. Por eso entiendo su bronca en Tibás, cuando calentó sin esperanza, en el primer partido del repechaje ante Uruguay el 14 de noviembre. Otra vez un técnico desconfió de él. Partió como un rayo al término del partido. Descorchó su bronca con la prensa y, como no se sentía a gusto, dos días después recogió sus cosas del hotel y se marchó. Simoes se curó en salud: “Froylán no tiene por qué reclamar. Lo que hizo no es profesional (…) No está contento porque no jugó. Es un mal profesional”. Don René se equivocó. En realidad, Ledezma reclamó una oportunidad por ser un auténtico profesional a su manera. ¿Cómo no protestar si solo sabe jugar y le cortaron las piernas? El fútbol es su vida y le arrebataron el derecho a expresarse. Simoes no estaba para teorizar sobre el profesionalismo. Tenía azotea de vidrio. ¿Qué técnico le pasa una hoja en blanco a sus futbolistas para que le formen el equipo? Ledezma lo delató y nos mostró que había algo de circo en el banquillo de la Sele. Una jugada al mejor estilo de Froylán. | |