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De visita a Un médium
- Por Ernesto Rivera
- Publicado 11/19/2009
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Por Ernesto Rivera |
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Buscando una ruta @que me llevase hasta las secretas profundidades del más allá, acabé en uno de los más terrenales arrabales del más acá. Un aviso en el periódico y una breve llamada telefónica me llevaron hasta El Profesor en una de esas tardes en las que el trópico húmedo se levanta de la siesta decidido a justificar su nombre y desata esa clase de tormentas que se ríen de los paraguas y humillan a los impermeables. El consultorio (así lo calificó su asistente) del profesor quedaba en una de esas lúgubres calles que se escurren por el sur de San José, en un edificio pintado de verde, con una puerta estrecha tapizada de rejas. Lo que a simple vista a mí me pareció una oficinita común y corriente, era en realidad un genuino templo ocultista. Así me lo explicó el mismísimo profesor minutos después, cuando me ilustró sobre las infinitas posibilidades de que yo, con su valiosa ayuda (y cuando digo valiosa ya verán que no exagero), pudiera confraternizar de tú a tú con un ciudadano del más allá. La asistente del profesor, una mujer que hablaba en voz muy baja, vestía jeans y tenía un pañuelo amarrado a la cabeza (un look que perfectamente le hubiera servido también para atender una soda), me indicó que antes de acceder a la entrevista necesitaba que le diera mi nombre y apellido, mi teléfono, el barrio en donde vivía y –por supuesto– que abonara cinco mil colones por la consulta. El profesor llegó diez minutos después, estilando agua de pies a cabeza, porque como dije, esa tarde llovía. Digo, llovía de arriba para abajo como todos los días pero, además, como el trópico estaba empeñado en recuperar su título de húmedo, también llovía de abajo para arriba y desde los lados, por el frente y por la retaguardia. Así que, mi primera lección sobre los poderes de quien prometía llevarme hasta los confines del más allá fue que, ser un maestro de las ciencias ocultas no te salvará nunca de pescar una pulmonía. El profesor resultó muy diferente a lo que yo esperaba de un médium: jeans gastados, camiseta negra, las manos y los brazos tatuados, tres aretes en la oreja derecha, piercing de acero en una ceja, barba de chivo y, por supuesto, el infaltable pañuelo negro ciñéndole la cabeza. “¿Usted me puede llevar hasta el más allá?”, pregunté sin mayores rodeos. “Sí” –me contestó el profesor– “pero primero me tienes que decir porqué razón quieres ir hasta la tierra de los muertos y a quién quieres ver allá. Tengo que advertirte que se trata de una experiencia tan agradable como cara y peligrosa”, remató enigmáticamente. “Pero, ¿usted está seguro que puede lograr que yo haga contacto con los muertos? ¿Alguna vez lo ha hecho antes?” “Sí,completamente seguro. Ya lo he hecho antes”, me respondió. “¿A quién quieres ver y por qué?” “Quiero hablar con don Pepe Figueres”, le dije muy fresco. “¿Y por qué con él, es pariente tuyo? ¿Lo conociste en vida?” “Tienes que saber que si no conociste en vida a la persona a la que quieres encontrar en el más allá, el trabajo es más arduo y más caro, porque debo preparar un camino y convencer a esa alma para que te acepte”, me dijo. “Me gustaría hablar con don Pepe”, insistí. Debo confesar que la cifra me dejó helado. ¡Quinientos mil colones! “Eso es mucha plata, está fuera de mi presupuesto”, dije mientras pensaba en la cara que pondría mi editora si le llegaba con una factura de medio millón de pesos por una charla de diez minutos con el alma de don Pepe. “Es mucho dinero pero también es mucho trabajo”, me replicó. “Sería más barato si buscaras un encuentro con alguien que conociste y te quiso”. Inmediatamente pensé en Gustavo, mi hermano mayor, que falleció hace años y fue un escéptico incurable durante toda su vida. No pude reprimir una sonrisa con solo pensar en su cara al verme aparecer por el más allá en plan vayámonos de copas por todos los bares del limbo. “¿Y si la conexión la hacemos con mi hermano?”. “Eso es más sencillo”, me dijo, porque existe una fuerte conexión entre ustedes. Eso te costaría unos ¢400 mil. A mí los precios de la telefonía divina me tenían en shock y lo único que atiné a decir fue: “¿no hay una forma más económica de conocer el más allá?”. “Por ¢200 mil te puedo llevar hasta los umbrales del más allá, no podrías hablar con nadie pero lo verías y volverías con la experiencia nítida de haber estado ahí…”. “Profesor –dije interrumpiéndolo– sigue siendo mucho dinero, quiero hacer la experiencia pero esas cifras están fuera de mi presupuesto…”. “Cincuenta mil –dije– eso es lo máximo que puedo pagar”. “Está bien –me contestó– por ese dinero puedo prepararte para que conozcas el más allá a través de Morpheo, el Dios de los Sueños. Yo te abriré un camino y alinearé la energía de tus chacras para que puedas llegar”. “Solo que, además de los cincuenta mil, necesito otros diez mil para iluminar tu nombre y tu fecha de nacimiento. Los diez mil los necesito ahora y los cincuenta mil mañana a más tardar. La preparación para tu encuentro con el Dios de los Sueños será el próximo viernes”. El hada de los sueños Contra mis peores pronósticos, ataviado con su clásico pañuelo negro en la cabeza y puntual, como cólico de inglés, el profesor me recibió a la hora convenida. El templo era pequeño y estaba decorado con pañuelos, un altar con crucifijos, una virgen, un rosario cuatro velas rojas, un manojo de inciensos encendidos y mi Hada de los Sueños. El profesor me dijo que, para mi viaje al más allá, tenía que aprenderme una rutina y que debía ejercitarla todas las noches antes de dormir. “Lo primero que tienes que tomar es una cucharada de esta miel que preparé especialmente para ti”, dijo. La idea de tragarme un menjunge elaborado con vaya a saber uno qué porquerías, me sobresaltó. “¿Qué ingredientes tiene esta miel? ¿qué le puso?”, pregunté pensando en que podía terminar la mañana en el más allá pero, a causa de la ingesta de algún alucinógeno o psicotrópico incorporado en el brebaje.
Después de tragarme, a regañadientes, una cucharada de “Econo-Miel” cruzando los dedos para que no tuviera nada más que oraciones y yo no terminara el día internado en un psiquiátrico con la mirada igualita a Marilin Manson, comencé la rutina de que me alinearan los chacras que, de acuerdo con lo que había leído en internet, son los siete centros por donde fluye la energía espiritual del cuerpo. Entonces el profesor me indicó que debía leer dos oraciones a la Santa Cruz y rezar un Padrenuestro. “Pero antes –me advirtió– debes saber que al rezar las oraciones estás pidiendo que se te anuncie la muerte…, quiero decir que con este ruego lograrás que, tres días antes del día de tu muerte, ésta te sea anunciada”. Después del rezo encendí las velas, cada una con el fuego de un fósforo diferente a la anterior, mientras le pedía a mi Hada de los Sueños, que me ayudara a viajar al más allá y a recordarlo. “Cada noche, antes de dormir, debes prender incienso de maderas, tomar la miel que te preparé y rezarle las oraciones al Hada y al Dios Morpheo. En un período de entre 10 a 21 días, vas a viajar hasta el más allá en tus sueños y al regresar lo recordarás. Luego debes llamarme para que cierre el camino que abrí esta semana, porque si se deja abierto corres el peligro de perderte una noche y no regresar”. Antes de abandonar el templo, el profesor me contó que provenía de un linaje de brujos, que su abuelo y su padre lo eran y que su madre era una gitana dotada con el don de la clarividencia. Y ahora –remató henchido de orgullo– mi esposa está embarazada de un varón y voy a engendrar a mi primer brujo.
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1 Respuesta a "De visita a Un médium" 
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said this on 01 Jun 2010 3:14:54 PM CST
UHYYY, QUE MAL PLAN, YO ENTRE A GOOGLE A VER SI PUEDO COMUNICARME CON UN MEDIUM, ENCONTRE ESTA PAGINA QUE PARECIO INTERESANTE Y LEI TU ARTICULO, PERO ENSERIO, QUE MALA ONDA QUE HAYA TAN TOS CHARLATANES COMO ESTOS TIPOS, DEVERIAS DE IR A RECLAMAR! Y ESO QUE NO TE SACARON EL MEDIO MILLON DE PESOS, QUE BARBARIDAD! ESPERO QUE NO CAIGAS OTRA VEZ TAN FACIL!
DE HECHO YO BUSCO A UN MEDIUM YA QUE CREO QUE YO LO SOY TAMBIEN,, SOLO NECESITO SABER SI SE SIENTEN COMO YO ME HE SENTIDO, PERO CON ESO DE QUE TE QUIEREN COBRAR HASTA CON TU CASA YA NI SE, BUENO CIO |







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