CUZA
- Por Jhafis Quintero
- Publicado 11/19/2009
- Elemento 35
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Tarde o temprano esa hambre te alcanza, te doblega y empieza otra vez el infinito ciclo de: transgresión, captura, prisión, libertad. Por Jhafis Quintero
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Lo vi la otra noche, caminando en modalidad persecución —a pesar de que no venía ningún policía detrás suyo —, agitado y con los ojos puestos en otro mundo. Venía cortado y sangrando como siempre; su piel ha sido agenda y diario los últimos 35 años. En esta ocasión, según me contó, había escrito un poco más profundo de lo usual. La razón de su “a n o t ac i ó n” el desplante de una dama de la que está enamorado. Todas las cicatrices que posee han sido asignadas a una memoria específica, así que ha hecho físicos los recuerdos y los lleva a cuestas, un peso demasiado grande para cualquier otro ser humano. Cuando me vio, sentimos probablemente la misma alegría, la de ver a un camarada en una realidad diferente a la vivida en el pasado. Me lo he topado varias veces de madrugada, durmiendo en un parque rodeado de naturaleza, despertándose en la mañana por el suave rocío o por la diligencia de la policía municipal, reinventándose y viviendo al máximo la sorpresa del no saber que pasará el minuto siguiente, saboreando la libertad a cada instante, y sin embargo, siempre a punto de perderla. Cuza tiene que luchar con un apetito casi tan viejo como él mismo. La transgresión, una sed que se incrementa cada día que pasa, que te seca la boca, más allá, el esófago, en las tripas, una necesidad palpitante que le da sentido a la forma en que algunos conciben el mundo. En algún momento tarde o temprano esa hambre te alcanza, te doblega y empieza otra vez el infinito ciclo de: transgresión, captura, prisión, libertad. No ha parado desde que entró en el agujero negro del crimen influenciado por esa vocación desafortunada, sin saber que existen otras opciones para transgredir por la que, lejos de castigarte, te aplauden. Esos sustitutos efectivos del crimen que te permiten exorcizarte de cualquier demonio socialmente incómodo y vivir de acuerdo con tus afanes pero en relativa armonía con los demás. El crimen es un tema tan antiguo como el ser humano, una afinada mezcla de mala praxis social, de vocación y de modelos familiares contravencionales. Es un error el que te lleva a otro y así sucesivamente en efecto dominó hasta que un día la vejez te sorprende ejercitando la profesión equivocada viviendo el límite entre el romanticismo transgresor y el horror del castigo. Me cuenta de sus planes, más que de sus planes, de sus sueños, de empresas, carros, hermosas mujeres, deliciosos banquetes etc. Tal vez una resistencia de alguna de las partes que lo conforman y que se resisten a la filosofía orgánica en la que vive. Se marcha no sin antes pedir un poco de dinero, porque en época lluviosa alquila un cuarto en la zona roja donde los hoteles se empeñan en que sus habitaciones y pasillos parezcan la escenografía de un presidio. Cuza desaparece caminando por interminables calles flanqueadas de vitrinas, observado de cerca por maniquíes de tetas desproporcionadas y gesto inespecífico en la boca. Me confesó que esos cuartos y los vecinos lo hacen sentir en casa. |
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