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Luz, cámara y acción
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Por Revista SoHo
Publicado el 11/19/2009
 
Pasa en las películas, pasa en la vida real...

Edición 36

Pasa en las películas, pasa en la vida real...

Fotografía: Archivo SoHo © 2009

Escena 1
Entro al apartamento. Iluminación cálida y tenue baña las paredes, vista ciento ochenta grados del Valle Central y sonrisas que seducen tan lentamente como cada trago de vino encuentra su camino por el torrente sanguíneo.
Es una buena manera de empezar, él mismo la llama “escena relax”. Hay una clara intención en el ambiente, tan clara que fluye bien.

Escena 2
Hora del tour por el apartamento. Dejamos atrás la oscuridad del Valle adornada por millones de puntos de luz y caminamos por un pasillo intencionadamente atenuado por la misma mano que se posa en mi hombro y me guía mientras me va contando las mil peripecias que lograron los acabados que nos rodean. Me muestra el dormitorio principal y me digo: ¡bien, ya estoy aquí!

Escena 3
Ya estoy con los calzones mojados desde que me muestra cómo puede cambiar la iluminación a otro tipo de “escena relax”. Mi sistema nervioso dejó la tensión en el felpudo de la entrada, porque siento las puntas de los dedos más sensibles y una salivación distinta conforme pasan los segundos. “Quedémonos en el balcón de mi cuarto”, sugiere él y lo veo salir en busca de la botella de vino.

Escena 4
Con la copa en la mano y de espaldas a la maravillosa vista, lo espero recostada a la baranda del balcón. Me veo bien por supuesto, pero aprovecho para acomodarme el pelo. En mi mente, sus nalgas se sienten suaves, pero apretadas y sus besos son exploradores de mi cuerpo. Además calculo cuánto me tardará ponerme su verga entre las manos desde el segundo que logre tenerlo en mis brazos y sentírsela dura hasta el segundo en que le baje los pantalones. Me doy diez minutos.

Escena 5
No solo compruebo que tiene las nalgas apretadas, me sorprenden sus bíceps y me enloquezco con el sabor de su verga. Aprovechamos su cama en sentido horizontal, vertical y transversal para acomodar nuestros cuerpos, el placer y la curiosidad. Afuera, la ciudad es un cuadro quieto, adentro somos un hombre y una mujer desnudos que buscan calma en la respiración. Una botella vacía, un cuarto a media luz, cosquilleo en el coño, pezones duros que buscan rozarse contra algo y una mirada que invita a la opción de repetir la escena relax favorita.