No sé cómo sean sus orejas, pero, por lo que me cuenta, son únicas aunque sean dos. Bueno, en usted ya solo sorprende lo normal.

PROFESOR: Como yo soy pobre, solamente puedo adquirir malas costumbres, en lo que me va bien. Qué dicha ser pobre porque me regalaron un radio, y yo todo el día lo escuchaba con pseudónimos en los oídos hasta que me quedé sordo de las orejas; pero, desde que escucho radio solo para oír los goles de la Sele , he recuperado el oído. ¡Es un mi-la-gro, profesor! ¿Cómo me desenreda usted ese portento, profe? Suyo, Auditorio Otocisto.

–Creyencero Audi: Me asombra profundamente, hasta los mantos acuíferos del alma, la supermaravilla que usted me cuenta. Lo que le ha ocurrido es realmente increíble (quiero decirle que es realmente increíble). A usted podrían venderle el Estado Nacional por Internet. Usted es un poquito iluso y credulón; pero, tranquilo: hay gente para todo. A usted deberían decirle “el Matemático” porque es sin par y, como ciertos números, un primo.

Imagino que usted pasó meses oyendo las pavadas infrasonoras de Gloria Estafan y Alejandro Fernández, y que por esto perdió el oído; es decir, se quedó miope de las orejas.

¿Qué esperaba? El cuerpo tiene derecho a defenderse de voces privilegiadas para la desentonación. Ahora sí, entrando ya en las nebulosas fincas de lo sobrenatural, le formularé una simple explicación, que le agradará porque usted no es sencillo, sino un simple.

Me parece, Otocisto, que, en efecto, sus oídos estaban con la mufla en el suelo de tanto oír los discos de Estafan y Fernández, indesasnables berreadores que ni vocalizan ni bocalizan. Empero, cuando usted decidió usar el radio para escuchar solamente los goles de nuestra Selección de Futbolito y nunca jamás recibió los dulces alaridos de “¡Gol! ¡Gol! ¡Gol!”, obrose el prodigio: sus oídos se relajaron como diputados en Miami y mejoraron a una velocidad de platillo volador. ¿Fue milagro, taumaturgia del empíreo o tremendo batazo de los ángeles? Nada de eso: solo fue una cura de silencio para sus mártires orejas.

Lo que sí fue un milagro es que usted haya oído radio con pseudónimos en los oídos. No sé cómo sean sus orejas, pero, por lo que me cuenta, son únicas UN MILAGRO DE LA SELE FOTOGRAFÍA: RÓNALD PÉREZ aunque sean dos. Bueno, en usted ya solo sorprende lo normal. Aun así, siempre existe la posibilidad de que usted no haya usado pseudónimos, sino audífonos. Me parece que usted se equivocó de palabra, y yo no pretendo ser severo con usted (¿ya para qué?), pero me gustaría contarle que 'pseudónimo' tiene una familia muy antigua.

'Pseudónimo' se divide en dos palabras de origen griego: 'pseudo' (falso) y 'ónyma' (nombre). 'Onomástico' es el día de un santo cuyo nombre se dio a una persona (de 'san Juan', 'Juan'). 'Anónimo' es “sin n o mb r e”, e 'ignominia' es la privación del buen nombre.

'Patronímico' es el apellido basado en el nombre del padre (de 'Fernando', 'Fernández'; de 'Muño', 'Muñoz', etc.). En otros idiomas, el patronímico se crea de formas distintas: 'Harrison' (en inglés, 'hijo de Harry'), 'MacDonald' (en gaélico, 'hijo de Donald'), 'Mortensen' (en sueco, 'hijo de Morten'), 'Petróvich' (en ruso, 'hijo de Piotr'), etcétera.

'Antropónimo' es el nombre de una persona ('María', 'Carlos'); 'topónimo', el nombre de un lugar ('España'), y 'exónimo' es el nombre de un lugar en un idioma que no es el de ese lugar ('Espagne', 'Spain').

'Antropoidónimo' sería el “nombre de un antropoide”, pero, felizmente para usted, esa palabra no existe todavía.

Un caso curioso es el de 'hiperónimo'. 'Hiper' viene del griego 'hyper' y significa 'sobre' o 'superior'. Por ejemplo, 'felino' es un “nombre superior” ( hiperónimo) que incluye al gato, al tigre, al león, etc. Comparadas con su hiperónimo, esas palabras ('gato', etc.) son hipónimos ('hypo' es 'bajo' o 'inferior').

En realidad, 'ónyma' proviene de un idioma más antiguo, el indoeuropeo (ya desaparecido), en el que 'nombre' se decía 'onomn' o 'nomn'. De esta palabra indoeuropea también surgió el término latino 'nomen', que dio origen a 'nombre'. Este mismo origen latino tienen palabras como 'nomenclatura', 'nómina', 'denominar', etc. Así pues, términos como 'sinónimo' y 'renombre' son primos lejanos, pero conversan poco pues uno deriva del griego, y el otro del latín.

Ahora bien, para que usted no se desinfle de orejas otra vez, debe evitar todo contacto con los mugidos de Estafan y Fernández. A fin de eludirlos, los diarios deberían publicar un mapa útil para ir a sus “conciertos”, y otro mapa para no llegar nunca. Use este último.