1. El amor en los tiempos del cólera (2007), de Mike Newell. Basada en  la novela de Gabriel García Márquez. Una inmortal historia de amor en lengua  española reducida, porque sí, a un romance entre dos actores internacionales  mal maquillados como un par de viejos, encerrados en un inglés con acento  latino que se nota impuesto y rodeados de personajes secundarios que parecen  venir de otra película.

2. Daredevil  (2003), de Mark Steven Johnson. Basada en el cómic  creado por Stan Lee y Bill Everett. Sí, Daredevil, el superhéroe ciego, es tan  absurdo como Acuaman, el superhéroe que resuelve los problemas del océano, pero  no por ello tenía que correr tan mala suerte en la pantalla: pocas películas  basadas en historietas de Marvel degradan tanto, como esta, a su personaje  principal.

3. Cazador de sueños (2003), de Lawrence Kasdan. Basada en la novela de  Stephen King. Ya lo sabemos, la historia del cine está llena de buenas  películas basadas en best sellers escritos por King, pero esta, escrita y  dirigida por el gran cineasta que se inventó Reencuentro, Silverado y El  turista accidental, entre muchas otras, es una deprimente oportunidad perdida.

4. El túnel (1987), de Antonio Drove. Basada en la novela de Ernesto  Sabato. ¿Robocop como Juan Pablo Castel? ¿La dama del oeste como María  Iribarne? ¿Todos hablando en inglés de gaucho? Pocas novelas latinoamericanas  han llegado, sanas y salvas, a la pantalla. Pero esta, que es, por supuesto,  una gran novela, ha llegado convertida en un melodrama de una mediocridad  incuestionable.

5. La hoguera de las vanidades (1990), de Brian de Palma. Basada en la  novela de Tom Wolfe. Es demasiado graciosa. Es demasiado satírica. Se pierde en  la caricatura, en la hipérbole, en los ángulos expresionistas hasta lograr lo  más triste que puede lograr una película: que muy pocos espectadores se sientan  identificados con sus personajes. No queda ni una huella de su gran director,  De Palma, en ninguna de sus aparatosas secuencias.

6. Even  Cowgirls Get the Blues (1993), de Gus Van Sant. Basada  en la novela de Tom Robbins. Gus Van Sant suele hacer películas memorables:  pensemos en Elephant, en Paranoid Park y en Milk para no pensar más allá de las  más recientes. Esta es, sin embargo, una aburridísima producción de carretera  que no consigue armar un solo personaje que valga la pena.

7. La casa de los espíritus (1993), de Bille August. Basada en la novela  de Isabel Allende. Tiene un elenco memorable: Meryl Streep, Glenn Close,  Antonio Banderas, Jeremy Irons, Winona Ryder, Vincent Gallo, Teri Polo, Vanessa  Redgrave. Y ya: no tiene más. Los pobres deambulan por ahí, diciendo sentencias  memorables, actuando lo poco que les dejan, como si fueran lo que sabemos:  espíritus.

8. La mancha humana (2003), de Robert Benton. Basada en la novela de  Philip Roth. Hay una razón fundamental por la que es muy mala, pero contarla le  arruinaría el final a los que no puedan creer que sea floja una película  protagonizada por Nicole Kidman y Anthony Hopkins y dirigida por el mismo  hombre que hizo Kramer versus Kramer y Reencuentro con la vida.

9. Crónica de una muerte anunciada (1987), de Francesco Rosi. Basada en  la novela de Gabriel García Márquez. No, definitivamente no: ¿nos vamos a creer  que en el mundo de García Márquez, ese mundo tan preciso, tan acalorado, tan  triste, van a hablar todos con un español neutro venido de la nada?, ¿nos vamos  a aguantar a un elenco que parece una reunión de las Naciones Unidas?

10. Tarzán (1999), de Chris Buck y Kevin Lima. Basada en el libro Tarzán  de los monos, de Edgar Rice Burroughs. Desde que Walt Disney murió, los  estudios que fundó han producido películas de primera: qué tal El rey león, qué  tal La bella y la bestia, qué tal Mulan. Sin embargo, ha dejado, también, un  rastro de obras intrascendentes: esta, teniendo en cuenta las valientes  adaptaciones que se han hecho de la historia del “rey de los monos”, es la más  triste de todas.