1. El padrino (1972), de Francis Ford Coppola. Basada en la novela de  Mario Puzo. Lo más impresionante de este caso es que se trata de una película  insuperable (elegida por los críticos, en las votaciones de los últimos  tiempos, como la mejor película de la historia) que le hace justicia a una gran  novela, de esas que ponen en evidencia en qué clase de mundo estamos viviendo.

2. La ventana indiscreta (1954), de Alfred Hitchcock. Basada en el  relato It Had to Be Murder, de Cornell Woolrich. En  esta obra maestra, que responde a la pregunta “¿qué es el cine?”, Hitchcock  trasformó a un compositor accidentado que se defiende con un busto de Beethoven  en un fotógrafo con la pierna partida que se enfrenta, con su cámara, a un  supuesto asesino.

3. El resplandor (1980), de Stanley Kubrick. Basada en la novela de  Stephen King. Es verdad que King, autor de cientos de volúmenes que se han  convertido en brillantes largometrajes de Hollywood (entre estos Misery, Cuenta  conmigo y Sueños de libertad), odió, cuando fue estrenada, la versión  cinematográfica que Kubrick hizo de su libro de horror, pero también lo es que  estaba muy equivocado.

4. Pinocchio (1940), de Hamilton Luske y Ben Sharpsteen. Basada en la  novela de Carlo Collodi. Walt Disney se inventó un mundo dentro del mundo. Y  tradujo, a una extraña sensibilidad que cruzaba lo infantil con lo adulto, una  cantidad de relatos clásicos que los padres les narraban a sus hijos. Esta es,  probablemente, la mejor de sus adaptaciones. Es tan triste, tan reveladora, tan  emocionante como el cuento original. Y tiene, de paso, sentido del humor.

5. Apocalypse  Now (1979), de Francis Ford Coppola. Basada en la  novela El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Y cuando Coppola parecía  “el hombre que alguna vez hizo El Padrino”, nada más, nada menos que ese, se  empeñó en convertir el viaje a los infiernos creado por Conrad en un recuento  de los horrores que se vivieron en las selvas de Vietnam. Y el empeño, toda una  locura, terminó saliéndole de la mejor manera posible.

6. Short Cuts  (1993), de Robert Altman. Basada en un grupo de  cuentos de Raymond Carver. Altman leyó en un avión, por recomendación de su  asistente, un volumen de cuentos de Carver. Y, como le pasó lo que les pasa a  todos los lectores, que se volvió un seguidor del escritor norteamericano,  decidió convertir nueve relatos en una de esas películas corales que lo  hicieron famoso. El resultado es una genialidad, mitad Carver, mitad Altman,  que deja a todos sin palabras.

7. JFK (1991), de Oliver Stone. Basada en la investigación de Jim  Garrison. Podría haber sido un documental revelador y ya, y hubiera sido un  trabajo interesante. Y sí, lo es, algo tiene de documental escandaloso, pero  también es mucho más que eso: es, para no ir demasiado lejos, una proeza: no  debe ser nada fácil trasformar un proceso judicial en una ficción que usa todos  los recursos del cine

8. Las horas (2002), de Stephen Daldry. Basada en la novela de Michael  Cunningham. ¿Quién iba a pensar que era posible volver la delicada obra de  Cunningham, tres relatos en uno sobre un día en la vida de tres mujeres al  borde de un silencioso ataque de nervios, en un relato cinematográfico de  semejante sensibilidad, de semejante ritmo, de semejante belleza?

9. Todo lo que quiso saber sobre sexo* (*pero nunca se atrevió a  preguntar) (1972), de Woody Allen. Basada en el libro del doctor David Reuben.  Parte del best seller de un valiente sexólogo dispuesto a desafiar todos los  tabúes, pero decir “parte”, nada más “parte”, es decir lo correcto, porque usa  los títulos de los capítulos del texto para inventarse pequeñas parodias del  cine de terror, de la ciencia ficción o de la estética de Antonioni. Y para  decir, de paso, que no sabremos nunca mucho del amor.

10. American Splendor (2003), de Shari Springer Berman y Robert Pulcini. Basada en los cómics autobiográficos de Harvey  Pekar. Pocas producciones consiguen trasladar a la pantalla el complejo mundo  de un cómic, pero esta, que es mucho más triste de lo que uno cree, cruza los  dos lenguajes de tal manera que no nos cabe la menor duda de que el  protagonista ha nacido en el planeta equivocado.