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¡Quiero ser como Beckham!
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Por Revista SoHo
Publicado el 10/11/2009
 
Un hombre, un reto. SoHo buscó y encontró la víctima perfecta para un tratamiento que existe en solo tres países del mundo. Costa Rica es uno de ellos. Daniel Zueras se midió con máquinas de otro planeta con tal de robarle cancha a Beckham. Tres meses después, nos cuenta los resultados.

Edición 35

                 
     
   

En SoHo vieron mi figura boteresca y me propusieron un desafío contra la  báscula y la talla 36. Si conocieran la redacción de la revista sabrían que no  había otra persona que diera con el “perfil” como este redactor, pues los  titulares son poco menos que la radiografía de un silbido. Así que  externalizaron el servicio. “¿Querés adelgazar?” Me preguntaron. “Por supuesto”.

Como en la película británica del año 2002 (“Bend it like Beckham”), el  protagonista de estas líneas quiere acercarse a la figura del ¿futbolista?  ¿modelo? ¿actor? David Beckham, el metrosexual por excelencia. ¡¡¡En tus  sueños!!! Clamará el sexo femenino, y buena parte del masculino. Bueno, ya se  sabe, las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene uno y además huelen  mal.

La odisea personal comenzó a principios de junio. Aquél día entraba en  la clínica del Doctor Rivera dispuesto a no hacer el mayor de los ridículos.  Las palabras fueron alentadoras: se consigue una rápida disminución en volumen,  no así en peso.

El tratamiento no es el milagro de la Virgen de Fátima. No se trata de  entrar a   las maquinitas y que te quemen la grasa como si fuera una chicharronera,  no. Además de los infrarrojos, ultrasonidos, láseres y rayos del mega  hiperespacio, hay que realizar una estricta dieta si pretendemos que los  resultados sean los ideales. Fuerza de voluntad, me dije. Y al brete.

En la primera cita con el nutricionista se me caían las lágrimas como  puños cuando veía todos los productos que iban a ser eliminados de mi  existencia. “Menos mal que nos queda el sexo”, pensé.

El primer golpe fue muy duro, directo a la mandíbula. En términos  médicos era un hombre de 50 años y 101 kilos de peso, repartidos en mis 184  centímetros (de altura, debo aclarar).

Quería empezar de inmediato, pero unas lentejas con chorizo y morcilla  me esperaban en la casa. No pude hacer otra cosa que despedirme de ellas.  Al abrir la nevera me hicieron ojitos y me  armé con una cuchara para darles su homenaje. “Son las últimas”, me prometí.  Dicho y hecho, esa misma noche empezaría la dieta.

Al día siguiente, me metieron en una sala de la clínica que parecía un  teletransportador de partículas para viajes en el espacio y el tiempo (la  ciencia ficción de los años setenta ha hecho estragos en mi generación). Allí  me enfrenté por vez primera a la máquina de tecnología militar israelí (¡glup!)  que quema las grasas  y que me iba a  dejar joven y bello, cual efebo mesopotámico (Ultrashape). El segundo  tratamiento (Velashape) iba a compactar los pellejos caídos por las pérdidas de  peso y volumen y por último, el tercer tratamiento (Trinity) me tenía que dejar  la cara como el culito de un bebé.

Este concepto integral tan sólo se da en cuatro lugares en el mundo:  Madrid y Barcelona (España), Río de Janeiro (Brasil) y en esta clínica.

La idea de este tratamiento, además de evitar el pánico al bisturí que  tenemos buena parte de los hombres, es ofrecer la comodidad de entrar a una  sala, tumbarse en una camilla y salir una hora después como si nada dispuesto a  volver al trabajo (o no).

También, por qué no decirlo, mitigar la vergüenza que produce entre  buena parte del género masculino   reconocer que uno se ha hecho un tratamiento de belleza. “Es algo que  todavía ocurre” afirma Christian Rivera, quien me cuenta que muchos hombres ven  este tratamiento como “algo clandestino”. Sin embargo, reconoce que este  concepto tabú está entrando en crisis, porque “verse bien ya es algo  aspiracional, un reflejo del esfuerzo en la parte profesional y económica”. En  definitiva, en nuestra sociedad ya se puede ver como un sinónimo de éxito,  aunque sigue costando dar el paso al frente y decir “me he puesto guapo”, ya  sabe, como Beckham. ¿Por qué? Más que nada por el pensamiento inmediato del  interlocutor, el consabido: “Mae, qué playo”.

Pero bueno, eso es algo ante lo que habrá que lidiar. Ahora, tras haber  bajado varias tallas de pantalón y tras decirme mi “doña” que por fin me nota  las caderas (no sé si fue una maldad o un elogio envenenado), toca renovar el  vestuario, bien varonil, eso sí, para contrarrestar las maledicencias de tías,  cuñadas y amistades sobre mi orientación sexual. A gastarse el aguinaldo,  vamos, que la tarjeta va a sufrir un proceso de adelgazamiento más severo que  el mío y más rápido si cabe.

En efecto, tres meses después  mis  ropas me quedan grandes y no queda otra solución que pasar por caja. La  reducción en medidas se dejó notar.  Bajé  de 101 a  87,4 kg,  el porcentaje de grasa disminuyó del 25,8 al 18,9% (la masa muscular también,  de 71,3 a  67,4) perdí 19 centímetros de cintura por encima del ombligo y 12 por debajo  del mismo, la pérdida en cadera se cifró en 7,5 centímetros, y en busto  pectoral fue de 7 centímetros. Ah, si el 9 de junio de 2009 mi edad estaba cifrada  en 50 años  (mi edad real es de 35), el  18 de setiembre había bajado a 30 años, y restando. Ya puedo volver por los  lunes de Cuartel sin dar pena ajena…

DESPIECE

Ultrashape

Perder volumen sin que le abran a uno en canal, eso es lo que oferta el  novedoso tratamiento disponible en la clínica del doctor Rivera. El primer paso  queda en manos del Ultrashape, un procedimiento no invasivo que elimina grasa  sobrante. Por sí solo es casi tan exclusivo como el tratamineto completo: en  Centroamérica tan sólo lo oferta otra clínica en Panamá y ni si quiera lo hay  en los Estados Unidos.

Una de sus grandes ventajas es que uno entra y sale como si tal cosa,  sin anestesias ni nada que se le parezca. Uno se tumba y sale silbando de ahí  en menos de una hora dispuesto a retomar la rutina sin que nadie sepa que se  está haciendo un tratamiento de “carrocería”.

La cantidad de pulsos va en consonancia con el volumen del paciente. En  mi caso fueron 563 en la primera sesión, que abarcó todo el abdomen. Cada pulso  duraba 3 segundos (que se redujo a un segundo con el nuevo cabezal instalado  hace escasas fechas). La reducción mínima por sesión está en torno a los dos  centímetros de circunferencia.

El tratamiento  Velashape sirve  para tensar la piel. El Trinity rejuvenece la cara.

Esta tecnología consiste en “remodelar el cuerpo  mediante ondas ultrasónicas que destruyen  selectivamente las células de grasa sin afectar los tejidos adyacentes”, según  explica el doctor Rivera. El ultrasonido, mediante vibración, destruye las  células de grasa, que luego son metabolizadas por el hígado.

Una advertencia, duele un poquito, ya que al fin y al cabo lo que hace  es calentar las células de grasa. O sea, quema como un demonio cuando se  aplica, pero cuando uno se levanta de la camilla, lo hace como si nada.

En total, fueron 3 sesiones, una por mes, lo recomendado para este tipo  de tratamiento. El costo por pulso es de un dólar, así que dependerá de la  cantidad que uno necesite para el desembolso económico final. Calculando una  media de 500 pulsos por sesión, el costo aproximado estaría en US$1.500.
Mi trabajo se concentró en el abdomen que desde hace años me ha  sobresalido de manera considerable, pero también se puede atacar la grasa  sobrante en caderas, flancos y muslos.

Velashape

El velashape combina tres tecnologías: radiofrecuencia bipolar para  compactación cutánea, infrarrojo y succión, que lo que hacen es tratar  celulitis, reducir las medidas de la circunferencia, tensar la piel y trabajar  con su calidad. Una de las partes del león es la del tensado, ya que el ultra  al realizar la pérdida de volumen, tiende a dejar la piel fláccida.

Los expertos aseguran que se bajan de 2 a 8 centímetros al final de  las siete sesiones del paquete (que tiene un costo de US$1.600), más tres de  compactación tras cada sesión de ultra (incluidas en el anterior paquete).

Así, fueron un total de 10 sesiones, una por semana. Las primeras cuatro  sesiones de vela trabajamos en la reducción de volumen, y el resto en  compactación. Duele (más en reducción que en compactación), la verdad es que  hay que ir preparado para entrar en una cámara de la Inquisición (la  venganza hebrea a la represión católica de la Edad Media), pero el  resultado combinado merece la pena.

Trinity

Como dice un buen amigo, para ponerse guapo hay que tatuarse la cara de  Brad Pitt. Bien, como me parece una solución un tanto extrema, cuando me  comentaron que me aplicarían el Trinity me pareció una buena medida. Se trata  de una combinación de tres tratamientos en un programa, con cinco sesiones y un  costo de US$2.000.

El Trinity rejuvenece la piel, la tensa y reduce las arrugas de la cara.  No duele, excepto cuando aplican el láser para las arrugas. Pero como no tengo  arrugas (de algo debía servir mi alimentación basada a lo largo de muchos años  en chorizo, jamón serrano, cocidos y un largo etcétera de grasas), me evité el  suplicio tras comprobar en carne propia no más en la primera sesión que no  valgo para tanto sufrimiento.

Adiós a las grasas

1.800. Así puesto no dice nada, pero si detrás le añadimos la coletilla  “calorías” tenemos la cifra con la que he estado lidiando día tras día durante  tres meses en mis comidas diarias. La importancia de una dieta balanceada es  crucial para que todo el tratamiento tenga el éxito que deseamos. El triángulo  perfecto se consigue sumándole además el ejercicio físico.

Comer cinco veces al día se antoja fundamental para conseguirlo. No  pasar hambre es básico para ello, así hay que tomar un buen desayuno (esto NO  quiere decir meterse un gallo pinto todas las mañanas entre pecho y espalda,  que hay gente con conceptos un tanto sui géneris al respecto), merendar ligero  a media mañana, almorzar sano (verduras y alimentos bajos en grasas,  preferiblemente a la plancha o en guisos, evitando frituras), otra merienda  ligerita a media tarde y una cena similar al almuerzo.

Una cervecita, un vino, una copa de vez en cuando están permitidas, es  más, son hasta saludables para no acabar aburrido de la dieta, pero no pueden  convertirse en compañeras habituales de viaje, y menos aún las bebidas azucaradas.

Los primeros días sí que debo decir que pasé hambre, pero una vez  superadas esas jornadas iniciales, todo fue mucho más fácil. A mitad de camino  hubo una crisis, pero no por tener hambre, si no por aburrimiento de la dieta.  Con los alimentos propuestos no hay por qué aburrirse, simplemente hubo que  confeccionar nuevos menús y crisis superada.

Ahora he aprendido a comer mucho más sano. “Hay un principio básico”  asegura el doctor Francisco Herrera, “uno no se ha curado nunca”. Así que ahora  toca seguir en esta misma línea, con la misma dieta pero aumentando el consumo  de calorías hasta las 2.200.
¿Y la actividad física? Ahora toca tonificarse. Mi vagancia supina me ha  impedido poner un pie en el gimnasio. Pero a Dios pongo por testigo –que diría  Scarlett O'Hara- que nunca más volveré a pasar hambre, y que ya es hora de  ponerse a hacer ejercicio. Pero eso será otra historia…

Comparativa Beckham /  Zueras

1- Físico: gana Beckham
2- Estilismo: gana Beckham
3- Gusto musical: gana Zueras (Beckham pierde 1000 puntos motivo Spice  Girls)
4- Ligue: gana Beckham
5- Esposa: gana Zueras
6- Contar chistes: empate, somos los dos
7- Aguante alcohólico: gana Zueras (David, te reto cuando quieras)
8- Dinero: no hace falta ni decirlo
9- Haber jugado en el A.C. Milan: gana Beckham
10- No haber jugado en el Real Madrid: gana Zueras

Resultado final: David Beckham, ganador por estrecho margen.