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Por Catalina Murillo |
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Allá por los años setenta, la Coca-Cola Company anunciaba la llegada de su envase “no retornable”. ¿Alguien se acuerda? Qué comodidad, ya no había que estar pagando “depósito” al pulpero, ni andar jalando botellas de un lado para otro, y si se quebraban daba igual. Eso de “no retornable” sonaba horrible, otra de esas palabrejas que inventan nuestros amigos los publicistas, pero finalmente el neologismo fue aceptado por el diccionario; y el envase, por los consumidores. Eran tiempos de consumo sin culpa. La palabra “desechable” era sinónimo de modernidad y progreso. Alguien menor de cuarenta años no podrá creer esto: alguna gente lavaba a escondidas la vajilla de plástico, para el próximo picnic. Entonces, de repente, todo cambió (como todo cambia siempre para volver a lo mismo). De hecho, no fue tan “de repente”; la ecología ha ido ganándose poco a poco su lugar bajo el sol y el agujero de la capa de ozono. Siguiendo el curso habitual de las ideologías, el rollo ecologista empezó como un discurso alternativo y terminó en manos de los políticos y de (nuestros amigos) los publicistas. Pero, ¿qué se le iba a decir a la gente?, ¿que dejara de consumir?, ¿ahora que todo el aparataje industrial y económico estaba montado sobre el tren del consumismo? Inviable. Dice un sabio refrán: “Donde hay justicia, no hay caridad”. Se entiende, ¿no? Caridad es que un rico le dé unas moneditas a un pobre. Justicia es que el pobre se las arrebate. Parafraseando ese refrán podríamos decir: “Donde hay verdadero ecologismo, no hay reciclaje”. Es decir, en lugar de atormentarnos con que debemos reciclar, ¿por qué no volvemos a los envases de vidrio, por ejemplo? En lugar de tanto anuncio y panfleto ecologista pidiendo reciclaje, ¿por qué no le vuelven a dar al consumidor la posibilidad de ir al súper con recipientes de vidrio y comprar las cosas a granel? Nos dicen con tono apocalíptico que una botella de plástico tarda millones de años en biodegradarse… ¿Sería por eso que la Coca-Cola Company prefirió que compráramos una botella cada vez? ¿Cuánto papel y tinta se gasta en mensajes ecologistas? Hay más gente viviendo del derretimiento de los polos que muriendo por ello. El aparataje ecologista le da de comer (y de beber) a muchos. Lo raro es que no haya más personas escandalizadas por esta obviedad, por el despilfarro en publicidad ecologista, por lo caricaturesco que resulta a estas alturas el prefijo “eco” usado como comodín: ecoturismo, ecovivienda, ecoenergía… El turismo ha sido la gran plaga de nuestros tiempos, sería demasiado largo enumerar aquí los desequilibrios que causan las oleadas de turistas, yendo unos meses al año a depredar las zonas “paradisíacas” (es decir, las más pobres). El legítimo ecoturismo es el que hacen miles de africanos al meterse en una lancha y cruzar el océano hacia los países ricos. Pero póngale usted la partícula “eco” por delante y venda tranquilo hasta uranio enriquecido, y dibújele por fuera una flechita que se muerde la cola. Se extinguieron los dinosaurios, se extinguen cada día miles de estrellas… El ser humano acabará por extinguirse. Y entonces se habrá salvado al fin el planeta. |
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