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AMOR TRAS LA PERSIANA
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Por Víctor Hurtado
Publicado el 10/11/2009
 
No dé tanta importancia a sus problemas: sus angustias son de una incalculable insignificancia. Confíe en mí: yo le doy consejos desinteresados porque sus problemas no me interesan.

Edición 35

No dé tanta importancia a sus problemas: sus angustias son de una incalculable insignificancia. Confíe en mí: yo le doy consejos desinteresados porque sus problemas no me interesan.

Por Víctor Hurtado
Fotografía: Ronald Pérez

-Profesor: Todos mis problemas comenzaron cuando me enseñaron a escribir. Antes, yo era feliz tirando piedras y dedicado a otros juegos de la infancia; pero ahora, desde hace 30 años, ya sé escribir y me puse a escribir por Internet para conseguir novia. En una página en inglés, he obtenido una novia, pero es persiana. ¿Cree usted que me conviene una novia-aparato contra el Sol? ¿Qué diría de mí la gente? No sé, no sé...: ¡estoy fuera de mí! Suyo, Onomato Peyo Rativo.

–Dilecto Peyo: Noto que vive muy pendiente del “qué dirán”, como si alguien se ocupase de usted; como si no existiera la Sele y, por tanto, como si la gente no tuviera otra forma de perder el tiempo. Aplique este refrán: “A palabras sordas, oídos necios”. Además, ¿qué le importa que los otros lo censuren si, después de todo, lo que digan siempre será verdad? Tampoco piense que las personas lo odian a usted; claro está, no lo odian porque lo amen; las personas no lo odian porque suelen ser poco exigentes. 
 
No dé tanta importancia a sus problemas: si los mira bien, verá que sus angustias son de una incalculable insignificancia. Confíe en mí: yo le doy consejos desinteresados porque sus problemas no me interesan.

Le recomendaría seguir cursos de superación, pero lo veo tan merecidamente disminuido que, si usted se matriculara en un curso de liderazgo, sería el último de la clase. ¿Libros de autoayuda? Mejor no; algunos son tan inútiles que una vez me dije: “Si así son todos los libros de autoayuda, prefiero quedarme como estoy”. Entonces, deprimente Onomato, la palabra más animosa y entusiasta que usted podría recibir de mí, su amigo, es esta: ¡Resignación! Felizmente, usted ya está cerca de superar sus horribles dudas: sus problemas no tienen arreglo, ni siquiera floral.

Ahora bien, examinando su ridícula aunque humana consulta, me parece extraño que su novia sea una persiana (aunque a usted podría ocurrirle cualquier cosa, ja, ja, ja.). Sospecho que usted ha incurrido en una traducción acelerada: en inglés, el adjetivo ‘persian’ se usa con las personas; así, ‘persian writer’ equivale a ‘escritor persa’. En cambio, el español usa el término ‘persa’ para designar personas, y ‘persiana’ para una esterilla enrollable que cubre una ventana o para un aparato mecánico de bandas horizontales que desempeña esa función.
 
Sin embargo, paroxístico Onomato, ‘persiano’ también es un adjetivo personal, pero está en desuso; con las personas decimos ‘persa’ (‘escritor persa’); ‘pérsico’ es un árbol y un golfo marítimo. Persia es el nombre antiguo del actual Irán.

Lo que ocurre es que usted ha chocado con un doblete: dos palabras parecidas entre sí y que significan lo mismo. ‘Persiano’ y ‘persa’ forman un doblete, como ‘violonchelista’ y ‘violoncelista’; ‘ciempiés’ y ‘cientopiés’; ‘escogimiento’ y ‘escogencia’ (centroamericanismo); ‘liderato’ y ‘liderazgo’; ‘concienciar’ (en España) y ‘concientizar’ (en América); ‘gozo’ y ‘goce’; ‘sudamericano’ y ‘suramericano’; ‘terrorífico’ y ‘terrífico’ (en desuso, pero de origen latino), etcétera.

Los dobletes nacen de un término común (étimo); así, del latín ‘octo’ (‘ocho’) surgieron ‘ochentón’ y ‘octogenario’ (cultismo). También hay dobletes superlativos populares y cultos: ‘buenísimo’ y ‘bonísimo’; ‘simplísimo’ y ‘simplicísimo’; ‘friísimo’ y ‘frigidísimo’; ‘pobrísimo’ y ‘paupérrimo’ (latín ‘pauper’); ‘asperísimo’ y ‘aspérrimo’ (latín ‘asper’); ‘negrísimo’ y ‘nigérrimo’ (latín ‘niger’); ‘integrísimo’ e ‘integérrimo’ (latín ‘integer’), etcétera.

Algunos dobletes desarrollaron significados distintos; así ocurrió con ‘abertura’ (física) y ‘apertura’ (abstracta); ‘motriz’ (fuerza) y ‘motora’ (barca); ‘superproducción’ (cine) y ‘sobreproducción’ (economía);  ‘competición’ (deportiva) y ‘competencia’ (‘habilidad laboral’), etcétera. El étimo latino medieval ‘aegyptanus’ derivó en ‘egipcio’ y en ‘gitano’. El étimo griego ‘kithára’ originó ‘guitarra’ y ‘cítara’, palabras distintas para instrumentos hoy diferentes.

En fin, infravalorable amigo, ya ve que usted no está solo en su confusión: hasta la etimología lo acompaña. En cuanto a su novia, la próxima vez, coquetee en español. Entre tanto, métase en usted mismo pues, si continúa fuera de sí, podría resfriarse.