No alcanza con ser un seguidor de la ranchera y amar el tequila sobre  todas las cosas para ser un maestro tequilero como Benjamín Ibarra, que acá nos  revela secretos del célebre trago mexicano. Brindemos por eso.

 

Primero un diplomado de técnico, luego una maestría y después sí, el  diploma que dice “Maestro Tequilero”. Benjamín Ibarra, de la marca Corralejo,  ostenta con orgullo este título, y comparte algunos datos con los aficionados a  este licor mexicano, que no son pocos.

» En un       principio, el tequila era una bebida que solo tomaban las clases       bajas,  pero al darle denominación       de origen —es decir, que solo se puede producir tequila en una región       determinada de México—  se le subió       el estatus y empezó a tomarlo todo el mundo.

» Como la       mayoría de los vinos, el tequila también se deja madurar en barricas de       madera. De ahí que en el mercado exista el blanco, que no tiene       maduración; el reposado, que tiene al menos dos meses, y el añejo, que       tiene un año o más.

» Esa       costumbre de tomar el tequila con limón y sal no es bien vista por los       especialistas. Un buen tequila debe tomarse solo (y sin hacer caras).

» La       sangrita con la que a veces se toma el tequila es una costumbre gringa. A       alguien se le ocurrió tomar ambos al tiempo, le gustó la mezcla y siguió       haciéndola hasta que se esparció por el mundo.

» Si       quiere catar un tequila no lo sirva en copas altas. Los expertos dicen que       las ideales son las copas de coñac, y se debe tomar como si fuera un vino,       degustándolo lentamente y a temperatura ambiente.