Una vez que ya nos estamos relamiendo los bigotes por haber conseguido un polvo, la imaginación es el límite para además asegurarse uno que de verdad haya valido la pena. Pero, para llegar a ese estado, si estamos en esto del arte de la seducción hay mínimos esfuerzos que nos ponen en un lugar de ventaja competitiva. Eso sí, aunque cualquier otro esfuerzo es válido, hay que evitar caer en eso de “pulsearla demasiado”.
1. Mirar a los ojos
Los hombres esquivos, a menos de que sean actores de Hollywood en papel de vampiros nunca me han llamado la atención. Ojos negros, cafés, miel, verdes o azules que saben fijar la mirada en mis ojos y parpadean a un ritmo pausado siempre van a lograr que los vuelva a ver. De ese gesto a una sonrisa que invita al saludo y a la presentación hay solo un buen nivel de firmeza y convicción. Si la mirada se mantiene por más de un minuto, se me empieza a suavizar el paladar, se me abre el apetito y aunque luego solo converse sobre mis playas favoritas o mis cantantes preferidos, en realidad únicamente voy a estar deseando que se me acerque a susurrarme algo al oído y que mínimo me roce los pezones.
2. Habilidades en la pista de baile
¿Acaso alguien duda del poder de un “dirty dancing” bien llevado ya sea en una discoteca, atrincherado en el pasillo de un bar o en medio concierto de heavy metal?
Así las cosas, tampoco es que sean necesarias unas lecciones de baile. Pero, saber llevar un buen compás al ritmo de la música mientras sujetamos a alguien por la cintura siempre (y en esto no hay supuestos) abre puertas y calzones.
3. Tener un destino real
Si uno sale pensando en coger, debe tener un lugar dónde ir a coger. Si no, es como entrar a un casino sin dinero en efectivo. Lo espontáneo es decidir con quién y cuándo… pero el dónde y los condones siempre tienen que estar.
4. No menospreciar la caballerosidad
Nunca confundir actos deliberadamente machistas con actos masculinos que son considerados con el género femenino. Por esto debe entenderse: dar la mano, ayudar a subirse a un vehículo, pagar el último trago, abrir la puerta, desabrochar el sujetador, acompañar a tomar un taxi y tantos otros insignificantes detalles que hacen la diferencia.
5. Estar en control de los olores
Dicen que todo entra por lo ojos, pero habría que darle un poco más de mérito a la nariz. Sobre todo hay que considerarla porque la pobre, por sí misma, no se puede cerrar. Más allá de encausar hacia la compra masiva de colonias varoniles, hay que darle un lugar invaluable a tres cosas. Primero: bañarse. Segundo: lavarse los dientes, utilizar enjuague bucal y andar gomas de mascar. Tercero: los gases gástricos no vienen al caso en una relación de solamente un polvo.
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