Manfred Bogarín
Fotografía: Jeannine Cordero © 2009

  1. -Este es “un país de paz” hasta que a usted se le ocurre decirle al chófer del bus que baje la velocidad.
  1. -O pídale a un taxista que baje la música… Al que van a bajar es a usted; y eso si todo sale bien.
  1. -Los vecinos son todos “divinas personas”, hasta que usted pide que por favor los perros no se le caguen en su jardín.
  1. -La incidencia de cáncer de hígado y estómago (segundos a escala mundial): los ticos tragan y dicen “pura vida”, pero la cólera se les pudre adentro.
  1. -El irrespeto a los espacios y el inmobiliario público es una forma de violencia y mezquindad: lo que es de todos, no es de nadie.
  1. -¿Los ticos son gente de paz? No cuando se ponen a manejar: ahí se les salen la rabia y la frustración.
  1. -La nueva manera de decirle a uno “Que Dios lo bendiga”, en sustitución de un insulto. Si no lo hubiera visto y oído, no lo hubiera creído.
  1. -El gusto por el choriceo, por sacar siempre tajada: esa sensación del tico de que él se merece más que los demás, que encima seguro hacen lo mismo.
  1. -Su forma de medir a los extranjeros, calculando rapidito sin sacar a flote el complejo de inferioridad (si es un sueco, por ejemplo) o el de superioridad (si se ve menos blanquito que él).
  1. -Aquí todo el mundo es “mi amor”, “mi rey”, “mi reina”. No es por cortesía ni mucho menos por cariño: es la vaselina para lo que viene después.
  1. -¿El tico es respetuoso, tolerante, civilizado? Diga en público que usted no cree en ningún dios. Haga la prueba y me cuenta.
  1. -La fealdad de los barrios medios y bajos es una prueba de violencia. Porque donde hay paz, hay belleza.
  1. -Lo horribles y caóticas que son todas las ciudades: quién no va a andar malhumorado capeándose carros, humo, pitazos, bolsas de basura…
  1. -El acuartelamiento de los barrios medios y altos, y las rejas en general: prueba irrefutable de un modo de ser y de pensar.
  1. -“Este es un país libre”, le responde un tico a quien usted le pide que no le eche la basura encima.
  1. La pobreza de lenguaje. Porque la incapacidad de expresarse es fuente indudable de frustración, de complejos. Invita a quedarse callado, que es peor.

  2. -La costumbre de serruchar pisos: no requiere explicación.