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Un wármix de ignorancia
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Por Víctor Hurtado
Publicado el 08/13/2009
 

Usted está como siempre, mi infecto amigo: jacarandoso, decidor, guasón, sutil, florido, sandunguero y –¿cómo negárselo?– harapiento de ideas.

Edición 33


Un wármix de ignorancia

–Hola profe, enderresulta que meguenjiando cual la Tricolor en la cancha (u calle), yo cabecié la bola (u pelota) y la bola cabeció un vidrio diun vecino ques taba de espectador (el vidrio, no el vecino) y el vecino me amenizó con llevarme a los tribuznales. No me amenices!, gritele, pero ya me ha denunciao. La sana juventú ya no puede arrojarse al solax exparcimiento! Como dice Condorito, exigo unes plicacion! Su victimizado alunmo Wármix Méndez Gómez!

 –Indilecto Wármix: ¡Qué falta de imaginación sufre su vecino! Él es redundante porque usted no necesita que lo lleven a los tribunales: usted vive en ellos. Todos los días, usted viaja en “perrera” (su porteador exclusivo), y lo que más ha aprendido en la perrera es la mordida.

Usted es cliente frecuente de los diarios: en las fotos sale haciéndose carpita con un suéter para que no lo reconozcan los lectores. ¿Será que un artista como usted aún sufre miedo escénico? Más bien, yo creo que usted se oculta por exceso de modestia pues no pretende atribuirse todo el mérito de los asaltos. Al fin, es en vano: los lectores lo identifican porque solamente usted es capaz de usar un suéter azul eléctrico con rayas fucsias y patitos verdes. Si usted no se robó esas computadoras, al menos debería ir preso por tener mal gusto.

 Yo no digo que usted sea un delincuente; a diferencia de su vecino, yo no caigo en la redundancia. Solo añado que, vistos sus antecedentes fotogénico-policiales, y leída su pulguienta redacción, usted no solo está fuera de la ortografía, sino de la ley.  Además de esas perdonables lacras (¿quién no ha caído preso por cometer robos con fractura, escalamiento y nocturnidad?), usted está como siempre, mi infecto amigo: jacarandoso, decidor, guasón, sutil, florido, sandunguero y –¿cómo negárselo?– harapiento de ideas.

Usted siempre es una caja negra de sorpresas, y ahora veo que ha sufrido un trauma numerario con el prefijo ‘tri-’. El condominio donde usted reside no son los ‘tribuznales’, sino los tribunales. Curiosamente, estos son parientes de la Tricolor pues comparten la idea de ‘tres’.

 La palabra latina ‘tribunal’ proviene de ‘tribuno’ (el juez romano que administraba justicia en una tribuna o plataforma). ‘Tribuno’ deriva de ‘tribu’ (en latín, ‘tribus’). ‘Tribus’ eran las tres divisiones de la antigua Roma (latina, sabina y etrusca). ‘Tri-’ es el prefijo de ‘tres’ y está en palabras como ‘tributo’, ‘trinidad’, ‘triple’, ‘triángulo’ y ‘tricentésimo’. ‘Trivial’ equivale a ‘tres vías’ (lugar muy transitado, donde hay cosas sin importancia). Algo parecido ocurre con el elemento compositivo ‘ter’, que aparece en ‘tercero’, ‘tercio’, ‘terno’ y ‘terciopelo’ (seda que se tejía con tres hilos o pelos). A su vez, la forma ‘tre’ se halla en ‘trece’ (en latín, ‘tredecim’), ‘trescientos’ y ‘trébol’.

Sabemos que su educación presenta lagunas –navegables– y que, para usted, ‘guarismo’ es la afición al guaro; pero recuerde, contracultural Wármix, los números ordinales: primero, segundo, décimo, centésimo… Hay formas extrañas, como ‘ducentésimo’ (de 200), ‘tricentésimo’ (de 300) ‘cuadringentésimo’ (de 400), ‘quingentésimo’ (de 500), ‘sexcentésimo’ (de 600), ‘septingentésimo’ (de 700), ‘octingentésimo’ (de 800) y ‘noningentésimo’ (de 900).

 En el latín vulgar –de ahí viene usted–, ‘tripalium’ (tres palos) aludía a un cepo (un instrumento de tortura). De ‘tripalium’ se llegó a ‘trepalium’ y, por último, a ‘trabajo’. Por esto, ‘trabajo’ se asocia a ‘sufrimiento’ o ‘tortura’: “Wármix pasó muchos trabajos para entrar por el techo”. Bueno, mejor cambiemos de tema pues a usted le choca hablar de ‘trabajo’ y porque la única ley que usted obedece es la del menor esfuerzo. ¡Ah, Wármix, siempre fiel a su lema: “Si el trabajo da salud, que trabajen los enfermos”!

Sea como fuere, su debilidad por el tres cae bien en el trigésimo tercer número de SoHo. Ahora, objetivamente horrendo Wármix, solo falta evitar que lo rerretornen a los tribunales. El ignorar una ley no exime de cumplirla, pero con usted deben hacer una excepción porque usted es el cero absoluto de la ignorancia. Usted se las sabe todas, pero no entiende anda.

Pronto, su nombre bautizará una nueva medida, como el amperio, el ohm, el vatio, el newton y el voltio: el wármix de la ignorancia. Ya leeremos: “El Ministerio de Educación promete reducir en cien mil wármix el índice de ignorancia”. ¡Qué triunfo moral, séptico amigo! Usted pasará a la historia; pero, por favor, quédese allí.