Para atreverme a escribir partiendo de que Police es el trío más popular en la historia del rock, es necesario, absolutamente necesario, que mencione a otros tres tríos anteriores. De lo contrario y voluntariamente me subscribiría en los anales de la infamia, en donde tengo la impresión de que, para algunos, ya debo estar haciendo fila. Además, me atrevo a afirmar que para los integrantes de Police estos tres tríos, que de seguido menciono, tienen que haber significado mucho en su bagaje musical: Cream, Jimmy Hendrix Experience y Emerson, Lake & Palmer.

Por Alberto Zúñiga

 

Cream fue el primer “power trío” en la historia del rock; Hendrix fue un pionero en la liberación del blues y la guitarra eléctrica con su proyecto; finalmente, ELP elevó el rock a las cumbres de lo sinfónico. En ellos se concentran, en gran medida, los elementos musicales que configuraron y diseñaron las avenidas del mejor rock del futuro. Ellos fueron el futuro.

Pensando en Police, mucho antes de aceptarlos como el trío de rock más popular, mi más remoto recuerdo proviene de un videoclip en MTV. Entraron en mi vida a través de imágenes y no del sonido exclusivamente. Pertenezco a esa inmensa manada de gente que en el mundo adoptó de inmediato, como forma de baile, los saltos espasmódicos que los tres integrantes de Police pegaban en el video de “Don’t stand so close to me”. A esas alturas, ellos ya tenían dos discos en su lista y salí a buscarlos. Me sucedió lo que a la mayoría: fui hechizado por esa mezcla de new wave y reggae ejecutada con impecable precisión rítmica y sugerentes unidades armónicas que me hicieron sospechar que esos tipos eran buenos músicos y no productillos ocasionales del mercado.

De su primer disco, no más de entrada, me encantó el título y una de sus canciones, de la cual he recopilado varias versiones, todas ellas magníficas, incluyendo la de la película Moulin Rouge. El disco era Outlandos D’Amour (1978) y la canción “Roxane”, la balada más sangrante que he escuchado fuera de los terrenos del blues.

 En la segunda producción de Police, Regatta de Blanc (1979), resultaba fácilmente predecible que “Message in a bottle” y “Walking on the moon” serían las principales y más queridas canciones, y de hecho lo fueron en las listas de popularidad del mundo entero, especialmente la primera. Sin embargo, todo el disco tiene ese mood encantador de los primeros años y una canción tan sencilla como “No time this time” aún me hace sentir cosquillas en las plantas de los pies. La voz de Sting resulta agudamente impresionante.

 Los títulos de sus tres primeros discos me gustaron. Había en ellos un exótico misterio literario muy distante a la generación punk que los vio crecer. Cuando en 1980 aparece Zenyattá Mondatta, el trío se adueña del mundo de su época y de ahí surgen los saltos de baile que mencioné al principio. No obstante, esta producción se encuentra llena de argumentos musicales que me hicieron considerar a cada uno de ellos como un verdadero supreme musician, un término que a muy pocos en el mundo del pop/rock les dejo caer como el piano de las fábulas. Eso me costó tres pianos.

En este disco hay tres temas instrumentales. Uno de ellos, “Behind my Camel”, compuesto por Andy Summers, ganó el premio Grammy en esa categoría. En cierto modo, es la producción donde el guitarrista sobresale como el gran compositor e instrumentista que años después terminé disfrutando en los terrenos del jazz. Cuando Andy nos visitó invitado al Festival Internacional de Guitarra (2006), se divirtió firmando fotografías de 20 años atrás. Ni lerdo ni perezoso le dije: “Venga más a menudo y verá cómo actualizamos su material fotográfico”. Su firma me quedó en el disco Peggy’s blues skylight donde, por cierto, la cantante de Blondie, Deborah Harry, dejó impresa una de sus mejores vocalizaciones en términos blues. Resabios del new wave y ¿quizás un romance recuperado? Una sonrisa maliciosa fue la única respuesta del señor Summers.

 El siguiente disco, Ghost in the machine (1981), les genera más éxitos de venta y así entran en la élite de los músicos más influyentes de la década. En los abismos de mis recuerdos ochentosos sigue resonando el estribillo de “Spirits in the material world”, que en aquel entonces me advertían del incomprensible mundo que estaba por manifestarse una vez caídos los muros, todos los muros. Otra canción, “Every little thing she does is magic”, siempre me recordará a mi ex y única esposa, Alexandra; cuyo hermano Klauz, por cierto, tenía un airecillo de semejanza con Sting, aunque su ego siempre se alimentó de cosas más trascendentes, por dicha. Con esto quiero decir que el grupo Police ya se me había metido hasta en lo familiar.

Finalmente, llega su último disco considerado por la crítica especializada como una de las mejores obras musicales de los años 80, Synchronicity (1983), de donde surgió la canción himno de la banda “Every breath you take”. El grupo se deshizo después de un concierto en Australia (1984) y vinieron las obras de cada uno por separado. Un par de años más tarde, siendo el director de programación y producción de la emisora Stero Azul, conocí al primer gran amante de la música de Police y de cualquier cosa que a Sting se le ocurriera hacer. Con Orlando Gamboa pudimos disfrutar y programar, casi en un nivel enfermizo, los maravillosos y exquisitos discos que Sting produjo a la par de otros genios parecidos a él y que venían del jazz, mi género favorito. Fue así como conocí al saxofonista Brandford Marsalis durante el concierto “Derechos Humanos Ya”. Recuerdo el gesto de incredulidad en Orlando cuando le conté que preferí hablar con Brandford en lugar de Sting. ¡Qué puedo decir sino “cada loco con su tema”!

Aquí termino, reconociendo que los tres integrantes de Police, a pesar de convertirse en mega estrellas del mundo pop, siempre se manejaron con inteligencia y discreción. Como lo hacen los grandes músicos, aquellos que se dedican a lo suyo, a crear más y mejores sonidos en mundo donde la bulla se adueña inexorablemente de las almas y las calles y no existe un solo policía que la detenga.