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Extrañamos tanto a...
- Por Revista SoHo
- Publicado 07/9/2009
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Don Pepe era un político de vocación y tenía talento para ese oficio. Sí, oficio. Suena raro porque ya nadie piensa en la política como un oficio. |
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Tres atributos tenía don Pepe que se juntan en un ser humano una vez cada cien años. Uno: talento político. Dos: una ideología sólida. Tres: carisma. Ninguno de los candidatos actuales a la presidencia tiene ni uno solo de esos tres atributos y… mejor así: solo carisma o solo talento o solo ideología puede ser nefasto. Se imagina uno a don Pepe como candidato en estos momentos. A su lado, los candidatos cuyas caras vamos a estar viendo de aquí a febrero 2010 anuncian nueve meses de los Muppets, pero sin humor. Don Pepe era un político de vocación y tenía talento para ese oficio. Sí, oficio. Suena raro porque ya nadie piensa en la política como un oficio. Pero es como la danza o la ortodoncia: hay gente que se siente llamada a ello y gente que ni a palos. Un político es (no solo) alguien que tiene o quiere tener un puesto de poder. Siempre ha existido ese componente en los políticos de vocación: un gusto por el poder. De hecho, hay gente que declara no tener vocación política porque le huye al poder. El sarcasmo es que actualmente ese poder se entiende solo como poder choricear, poder pagar un juicio, poder cambiar la Constitución. Ya nadie aspira al poder porque –con razón o sin ella– tiene mucho que hacer y proponer a este país. En la pasada campaña electoral, equis persona estuvo merodeándome para que le diera mi apoyo a Óscar Arias. “Piénseselo, Cata, son cuatro años de bonanza”. Eso me dijo, como argumento “político”. Y ahora parece que van a ser ocho. Se apuntó bien, Equis. Un político de vocación es un filósofo que gusta de las tarimas, de los aplausos y las multitudes, pero filósofo al fin; es decir, amante de las ideas. Don Pepe era leído, don Pepe generaba pensamiento, don Pepe era estratega, era hombre de palabra y acción. Cómo no echarlo de menos. Atributo dos: la ideología sólida. Vean si está lleno de burros este país que dice uno “ideología” y la gente se imagina al Che Guevara y en el mismo póster un par de mamarrachos disfrazados de verde olivo. Ideología es, así facilito, sacado del diccionario: un conjunto de ideales e ideas. Para que a uno le guste un político hace falta: primero, que tenga ideología; segundo, que uno comulgue con ella. Ambas cosas me pasan a mí con don Pepe. Me gustan los que fueron sus ideales y sus ideas. Y hablando de comulgar, lo único que nos quedó debiendo Figueres fue el Estado laico. Es mucho pedir, lo sé; solo la abolición del ejército es para glorificar su memoria y trajo a este país no cuatro, sino unos cuarenta años de bonanza. Pero con un Estado laico tal vez (taaal vez) no estaríamos hoy aguantando tanto politiquillo beato. ¿Qué es esa moda que les ha agarrado de contar en público que oran y que van al templo? ¿Y? ¿A nosotros qué nos importa? Que yo sepa, a nadie se le quita lo idiota yendo a misa, ni tampoco lo mala gente. La familia Borgia no se saltaba nunca una misa. Es injusto, arriesgado, e inevitablemente falaz poner palabras en boca de los muertos. Pero imposible no fantasear con lo que les diría don Pepe a todos estos pretendientes del poder. Qué honesto era Figueres, y franco y directo. ¿Sería que tenía la conciencia limpia? Y tres: carisma. Cuando una persona tiene carisma logra movilizarlo a uno. Carisma es cuando un enano arrugado dice “síganme los buenos” y a uno le dan ganas de irse detrás. Carisma es cuando un negro tararea Horse with no name y varios millones de blancos cantan con él y lo ponen de presidente. El carisma de una persona hace que a las demás no solo no les importe ser parte de una manada, sino que les emocione; el carisma de una persona lo hace a uno sentirse parte de algo. Por eso es tan importante que el carisma venga respaldado por un buen fondo de alma, no vaya a ser que nos obnubile el carisma de uno con bigotillo que cree en la supremacía de la raza aria, o el de otro con bata blanca que se proclama representante directo de Dios en la tierra. Don Pepe tenía carisma. Y solo por eso marcó un hito en la historia de este país, porque con su carisma movió a la gente y echó por tierra los mitos del tico individualista, del tico pendejo, del tico apático, del tico mojigato, del tico vasallo… y no sigo porque de repente me ha parecido que ni son tan mito, ni don Pepe era tan tico. Da igual. Amaba a este país. Eso era lo que lo movía a él. Y eso se nota. Eso está detrás del carisma. Así movilizó a la gente. Ninguno de los actuales candidatos debería adjudicarse la etiqueta “figuerista”, porque ninguno la merece. Ninguno tiene espalda para echarse encima a tres millones de ticos y uno de nicas, que son los ciudadanos sobre los que deberá gobernar. A ninguno se le extrañará tanto en cincuenta años; y en cinco, estaremos deseando que desaparezcan. “Don Pepe no era perfecto”. Cierto. Pero esa frase solo se dice de los héroes. | |
