- -Que esté un poco –un poco– loco. Loco lúcido y lúdico.
- -Que no tenga miedo. Que lo haya conocido, pero que le haya quitado la máscara y lo haya visto a los ojos.
- -Que sea idealista, soñador en grande.
- -Que no sea diplomático, esa forma oficial de ser hipócrita. Que se atreva a decir las cosas que los políticos callan.
- -O sea, que no parezca tico: que sea lanzado, luchador, franco y directo. Nada del eterno “nadadito de perro”.
- -Que haya conocido la pobreza o alguna forma de marginación. Y que no tenga complejos con eso.
- -Que no sea ecologista solo a la hora de escribir artículos cursis en el periódico.
- -Que considere que un diente vale más que una perla.
- -Que con solo su modo de ser y pensar provoque una revolución.
- -Que nos devuelva la fe en el cambio, las ganas de luchar por algo.
- -Que no tenga carrazos, ni piscinas, ni avionetas. Es decir, que no tenga nada que perder.
- -Que se atreva a hacer la reforma fiscal, o como mínimo: a hacer públicas las declaraciones de impuestos de todo el mundo.
- -Ojalá tuviera un ascendiente nica.
- -Que vea a los ciudadanos como personas, con su corazoncito, no como votos más o menos, o como consumidores y mano de obra.
- -Que piense que el dinero no es lo más importante en la vida. Y que lo demuestre.
- -Que nos diga la verdad del TLC: Quién gana qué.
- -Que valore la esperanza, la alegría, la aventura de vivir.
- -Que llene plazas públicas con gente ilusionada por dar algo y no con gente que va a ver qué le prometen.
- - Que no sea tan feo que den ganas de apagar la tele cada vez que aparece en la pantalla.
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