Lo que parece un country club es el patio trasero de una propiedad en los cerros de Escazú.
Edición 31
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Lo que parece un country club es el patio trasero de una propiedad en los cerros de Escazú. Por Luis Chaves |
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1. Las Ricas son más ricas. Este axioma lo puede comprobar cualquiera que se baje de un bus de Guachipelín o Santa Ana, a las 9:30 a.m., en cualquier parada del tramo San Rafael-La Paco. Las ricas salen a trotar, algunas acompañadas por sus novios o primos, vaya usted a saber, de los pies a la cabeza enfundadas en la misma marca, bronceadas, las menos jóvenes con polímeros en el lugar donde antes había tetas, enchufadas todas a sus iPod, tarareando canciones de Coldplay, Juanes, Lady Gaga, Tokio Hotel. Ahí van, son las reinas del jogging, guapísimas, bien producidas, vitaminizadas y mineralizadas, dueñas del sol, del bienestar, de unos bonos del Tesoro de Estados Unidos. 2. El llamado con cariño Estado Separatista de Escazú es un cantón superior. A las atletas matutinas nadie les pita, ningún mae saca medio cuerpo por la ventana para estrellarles un ¡chupotoa! en la cara. En Zapote no durarían ni media cuadra. A sus acompañantes, dos pasos atrás y sin camisa, nadie los detiene, no les piden documentos, nadie les dispara preventivamente. Correr topless en, digamos, Hatillo no sería una decisión conveniente. 3. Carlos Monge Alfaro, uno de los fundadores del Centro para Estudios de los Problemas Nacionales, proponía que los ticos no tienen conciencia de clase. Si esa hipótesis es cierta, se entiende en las dos direcciones. La de los ricos, que lo primero que dicen es que todos somos iguales. Y la de aquellos que, debajo de los ricos, creen que basta con ir a las mismas tiendas, tener carros sucedáneos y comer en algunos de sus restaurantes para contagiarse un poco de aquellos. Lo anterior se señala con esta finalidad: como sucede en muchos otros lugares, en este Escazú hay dos clases claramente distintas de acaudalados; de hecho, antagónicas. La de herederos de fortunas con apellido, las “familias bien”, y la de capitales amasados más recientemente, sin apellido, los nuevos ricos. La diferencia, como en toda generalización de este tipo, es notoria. Mencionemos una, los ricos de la aristocracia/oligarquía tica añoran la Escazú de sus abuelos, sin rejas, con aquellos valores, con empleados de toda la vida. Los nuevos ricos, por su parte, se mudan a Escazú porque cada vez se parece más a Miami. 4. Es evidente que se está convirtiendo en una especie de Miami, pero en una Miami del tercer mundo. Los edificios en los que, por ejemplo, los departamentos de tres habitaciones y dos baños pueden llegar a costar US$200 mil (¢114 millones al tipo de cambio de hoy), tienen calles intransitables enfrente. Ni hablar de aceras. Las mismas calles dinamitadas sin aceras son las que se encuentran frente a las propiedades con residencias que ascienden a los US$2 millones (¢1.140 millones). 5. En Escazú rica, como en el resto del planeta, los nuevos ricos son más visibles y ruidosos que los ricos de alta ralea. Son ostentosos y, conciente o inconcientemente, tienen buenas razones para serlo. Más que historias de éxito económico, las de los nuevos ricos parecen crónicas de venganza: ahora que tengo dinero voy a exigir (y exhibir) lo que me fue negado desde mis ancestros. “La herencia de todas las generaciones muertas acosa la mente de los vivos como una pesadilla”, decía el aguafiestas de Marx, autor no muy bien ponderado en los cerros escazuceños. 6. A propósito, un caso hegeliano: en uno de los semáforos de la circunvalación que lleva a Escazú, el hombre en su Audi para en la luz roja y es abordado por un desclasado. El hombre del Audi se apura, nooombre, compadre, ni me pida, no ve que tengo como cuatro meses sin trabajo, estoy fatal. El desclasado responde, no me venga con esa que en este país el que no trabaja es porque no quiere. 7. La diferencia entre Escazú rica y el resto del país se puede medir en días. ¿Cuántos días tardaron en rehacer la Próspero Fernández desde el gimnasio hasta la entrada y alrededores de Escazú? ¿Cuántos en recarpetear el trayecto, todavía inconcluso, a la entrada de San Francisco de dos Ríos? 8. Escazú rica no termina en los límites trazados por los ríos Virilla, Tiribí y Agres, tiene sus extensiones en sitios como Flamingo, Tamarindo, en playas privadas como Faro Escondido o en Miami, el original. 9. Obvio, hay intelectuales en la Escazú rica, son parte de lo que mundial e históricamente se denomina la derecha. Sus intereses y preferencias, lo mismo que los de sus rivales ideológicos, son de receta, de catálogo. Resentidos sociales le llaman ellos a quienes, desde el otro lado, les dicen pequeño-burgueses. 10. Una lista, aleatoria, de los lugares donde va la Escazú rica para ver y ser vistos. Restaurantes como Mi Sala, Di Bartolo, Saga, Esencia, Il Panino, Café Torino, Lemon Grass, Inka Grill, Le Monastère; bares como Utopia, Chichi’s, Five, Hooters; gimnasios como el World Gym; tiendas como Menta, Solemar (donde, entre otros, hay vestidos de baño de US$400, ¢228 mil). No se confunda si usted es de los que cada tanto puede ir a los mismos lugares; bien lo señaló una asistente de esta investigación de campo: no es sentarse en las mesas de los mismos restaurantes o bares, es con quién se sienta uno en esos sitios. 11. Sigamos con las generalizaciones, ese nombre lateral que le damos a los prejuicios: los descendientes de la población de la Escazú rica estudian en instituciones como el Blue Valley, el colegio Lincoln, la Pan American School o el Country Day (mensualidades que van de US$350 a 700, en tico: ¢199.500 a ¢399 mil). Las familias más tradicionales, que valoran la excelencia académica tanto como la propiedad privada, matriculan a los suyos en un conocido centro de preparación para universidades extranjeras en donde se paga US$50 por hora (¢28.500). Generalmente, esos jóvenes van luego a las universidades más prestigiosas de Estados Unidos en las que, si bien sin dinero no se entra, a nadie le venden el título. Los hijos de los ricos de abolengo van a instituciones como Stanford, Cornell, Princeton. Los de los nuevos ricos a la Pricesmart University. 12. Pero volvamos al lugar donde empezamos, ahora son las 10:30 a.m., el sol todavía no es un enemigo, pasan las deportistas, solas y acompañadas, nadie las insulta, a sus novios o entrenadores personales topless nadie los requisa, al otro lado de la calle, detrás de la malla metálica, se ve la extensa y ondulante alfombra verde de las canchas de golf del Costa Rica Country Club (las pocas acciones a la venta rondan los US$70 mil, casi ¢40 millones). El golf es menos un deporte que un síntoma de prosperidad. Embocar, desde largas distancias, una pelota tan pequeña en un hueco tan diminuto remite automáticamente a la parábola del camello y el ojo de la aguja. 13. Un día de investigación de campo en la Escazú rica es poco, pero suficiente para darse cuenta de que el cuerpo y la mente se acostumbran velozmente a la comodidad. Dice el escritor Germán Compiano que hay dos extremos casi perfectos, el pobre sin ambición y el aristócrata sin orgullo. |
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