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¡Menudo Problema!
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Por Víctor Hurtado
Publicado el 06/10/2009
 

¡Arriba ese subterráneo ánimo! Cómo pone usted arriba ese ánimo, ya es su problema: a mí ni me pregunte.

Edición 31


¡Menudo Problema!

¡Arriba ese subterráneo ánimo! Cómo pone usted arriba ese ánimo, ya es su problema: a mí ni me pregunte.

–Profesorcillo Solecismín: Aquí, donde no me ve (porque ya está difícil verme), estoy metidilla en un gran problemita. Bueno, la verdacitica es que el problema no es grandecicico, sino que yo me he vuelto chiquitirriticuela. No sé qué me pasa, profesorín. Desde hace un tiempo, la ropa me queda grandecitilla; para subir al bus, debo saltar, pero corriendo antes media cuadra, y, cuando uso un cuchillo en el almuerzo, parece que macheteara los frijoles. Todito estocitico me tiene preocupadicitiquitilla. ¿Qué me aconsejitica, profesorete? Suyilla, Martica Miniván.

–Pequeña pero significativa amiga: Parece que usted sufre una fuerte depresión, aunque por todas partes. Quizá por esto la noto preocupada, pero también la imagino altiva (note el sarcasmo). La felicito por la grandeza con la que usted sobrelleva su pequeñez. No cambie, Martica; mantenga la frente en alto por dignidad y porque –francamente– ¿qué le queda? Peor sería que ande cabeceando las patas de las mesas.

Consuélese pensando que la vida es larga, a veces. Nunca pierda la esperanza de encontrar una solución a su irremediable problema. ¿Por qué no? En sus respectivas tragedias, otras personas mantuvieron el optimismo hasta el pronto final. Bueno, sí, eso de nada les sirvió, pero hubiese visto qué lindo espectáculo dieron: de decencia, de pundonor, de esfuerzo, de bizarría, y, en el fondo, de pérdida de tiempo.

Yo no sé por qué usted piensa, con razón, que sufre un problema: lo suyo solamente es una condición similar al anonimato, pero muchísimo peor. Así pues, ¡arriba ese subterráneo ánimo! Cómo pone usted arriba ese ánimo, ya es su problema: a mí ni me pregunte. Ahora bien, por favor, no me malentienda: yo tomo en serio su problema; ante su menguante situación, yo sería incapaz de encogerme de hombros pues quien se encoge de hombros ya es usted. Nadie podría ganarle ese minicampeonato.

Casos reduccionantes como el suyo son raros; existen, pero la verdad es que yo nunca he oído hablar de uno. Así pues, aproveche esta gran oportunidad que le brinda la desgracia para ser la primera en algo. Yo he conocido muchas personas bajas (en todos los sentidos), colapsante Martica, y le aseguro que ninguna está a la altura de su pequeñez. ¿No le gustaría que, dentro de poco, la gente se acuerde póstumamente de usted y exclame: “¡Qué caballerosidad la de Martica!”?

Antes de que usted se me desaparezca del todo, podríamos arriesgar una explicación a su mermante drama. Sospecho que su problema se debe a su manía de meter diminutivos en lo que dice pues hablando se entiende y se encoge la gente. Ese antojo de repartir ‘-ico’, ‘-ito’, ‘-ete’ siempre acaba mal, oiga.

Los sufijos diminutivos son letras que se añaden al final de ciertas palabras para expresar pequeñez, pero también simpatía. “¡Hijito!”, exclama una señora a mozallón de dos metros a lo alto y a lo ancho. ‘Diminutivo’ proviene del término latino ‘minus’ (origen de ‘menos’). Su campo semántico incluye ‘disminuir’, ‘mínimo’, ‘minúsculo’, ‘minuto’ (> menudo), ‘miniatura’, ‘ministro’, ‘administrar’, ‘minoría’, ‘minucioso’, ‘menor’, ‘menester’, etc.

En Costa Rica es frecuente usar los sufijos ‘-ico’ e ‘-ica’ en palabras que terminan en ‘t’ si les quitamos las últimas vocales: ‘rat-ico’, ‘mat-ica’. También funcionan con un diminutivo previo que acabe en ‘t’: ‘chiquit-ico’. Por este empleo, al costarricense se lo llama ‘tico’. Empero, tales sufijos se usan también en países del Caribe. Recordemos al cantante cubano Vicentico Valdés, intérprete de esa maravilla titulada Conversación en tiempo de bolero.

El castellano posee una gran cantidad de otros sufijos: aumentativos (‘mujerona’), despectivos (‘poetastro’), colectivos (‘comunidad’), nacionales (‘cartaginés’), abstractos (‘esperanza’), etc. Algunas palabras diminutivas españolas han pasado al inglés: ‘camarilla’, guerrilla’, ‘mosquito’, etc.

Como yo sí que nada pierdo con ser positivo en su atormentado caso, Martica, le envío mi consejo póstumo. Usted debería sacar partido de su cortedad. Por ejemplo, puede ahorrar en alquiler de casa si se va a vivir a un cuarto menguante. Además, si se dedicara a la política, la gente la querría porque sus discursos siempre serían breves. Bueno, pensándolo bien, entrar en política no sería muy adecuado para usted pues nuestros problemas le quedarían grandes, y, para esto, ya tenemos muchos especialistas: demasiada competencia.