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De turismo en el peor pais del mundo- Curso básico de ventriloquía
- Por Revista SoHo
- Publicado 03/24/2009
- ZONA CRONICA
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La chica lo miró a los ojos y le preguntó: —¿Cómo te llamás? —Oliguerio —dijo mi muñeco—. ¿Y vos? —Gisela —dijo la chica. —Mucho gusto —dijo Oliverio. —Gracias. Igualmente —dijo Gisela. Y agregó: —¿Te llamás Oliverio por Girondo? —Homenaje —dijo Oliverio. |
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Gisela sonrió, satisfecha por su intuición, contenta por su nuevo amigo. Yo también sonreí: fue la primera vez que me sentí un auténtico ventrílocuo. Ahora sé que mi muñeco y yo vamos a llegar lejos. Ahora sé que la aventura que emprendimos juntos es posible. Mientras escribo esta crónica, Oliverio está sentado en una mesa, la espalda apoyada contra la pared de mi estudio. Mide 79 centímetros y tiene cejas estilizadas, pelo negro, parado, brillante, ojos saltones dorados bordeados de blanco (ojos de huevo frito), nariz chata, boca grande, labios rojos, tajos a los costados de la boca y en el mentón, expresión atormentada. Mi maestro le dibujó pestañas para suavizarle un poco los rasgos. Me lo dieron vestido con una camisa celeste a rayas verticales marca Quality, un jean azul con el dobladillo hacia fuera marca Fulanitos, y zapatillas beige infantiles marca Gusti, cada una con perrito en bajorrelieve de goma. Es un gran muñeco. Es mi muñeco y este año nos vamos a divertir mucho. Para conocer los secretos de la ventriloquia y de los ventrílocuos, tengo que convertirme yo mismo en un ventrílocuo. Este es el año del proyecto Oliverio: nadie dijo que fuera fácil, pero estoy seguro de que será gratificante. El 31 de diciembre, durante la fiesta de Año Nuevo, Oliverio conoció a mi madre y le dijo “Callate, vieja chota”. Había que ver cómo se reía mamá. Comprendí que tiene la virtud de caerle bien a la gente. Comprendí que puede decir lo que piensa, y lo que pienso, sin temor a represalias. Todo empezó con mi libro Buenos Aires Bizarro, una especie de guía/catálogo de lugares, personajes y situaciones bizarras de mi ciudad. Les dediqué un capítulo a los ventrílocuos —asociados en el Círculo de Ventrílocuos Argentinos (Civear), una entidad única en el mundo— y gracias a ese capítulo los invitaron a la televisión y gracias a la televisión tuvieron más trabajo durante 2008. Me invitaron, entonces, a la cena anual de los ventrílocuos, que se hizo en la planta alta del mismo bar donde se reúnen el primer lunes de cada mes. Allí estaban, cada uno con su muñeco, Miguel y Pascualito, Javier y Jaimito, Alé y Matías, Merequeté y Coco, Magó y Cholito, Marisa y Jacinto, Edu y Genaro, Karim, con Juan Bartolo y Elizabeth Jameson, Mariano y Vicente, Axel y Robertito, Brian y Kazú, Daiana y Vanina y algunos otros más cuyos nombres no recuerdo o no conozco. Estaban, también, familiares, amigos, novias. Los muñecos se sentaban o bien en la falda de sus dueños o bien sobre la mesa. Conservo algunos recuerdos vagos de aquella cena alucinante: Gorosito colocándole un sorbete en la boca a Trabuquito para que “bebiera” su 7up, el parecido sorprendente entre Axel y Robertito, la presencia de un muñeco horrible —sin duda alguna, el más feo de todos— al que los ventrílocuos veneraban porque había pertenecido a un artista muy famoso, la improvisación de las dos ventrílocuas (Marisa y Daiana, adolescente y niña), el vano intento de Jacinto por seducir a Vanina. | |
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Conservo, decía, algunos recuerdos vagos de aquella cena, porque todo lo vivido se desdibuja un poco a partir de lo que pasó al final: el momento en que dejé de ser un espectador, acaso para siempre. Fue a la hora de los postres. Alguien preguntó a quiénes les faltaban numeritos para la rifa. A mí me faltaban. No sabía que había una rifa, mucho menos qué (¿o debo decir quién?) se rifaba. Me dieron el número 30. Sortearon un muñeco de ventrílocuo. Salió el 30. Lo llamé Oliverio. Tal como supondría Gisela (ya veremos en qué circunstancias), le puse Oliverio en homenaje al poeta Oliverio Girondo. Mi otro poeta favorito es Paco Urondo, así que desde ahora seremos Paco y Oliverio, poesía y ventriloquia en una misma dupla. Cuando estaba por irme, se acercó a saludarme una señora. Era Jesús de la Cruz Rivera, la artista que creó a Oliverio. Me dijo que para ella el muñeco era como un hijo y que estaba muy emocionada porque sabía que había quedado en buenas manos.Oliverio venía en una caja de cartón forrada de amarillo, con dibujos de flores y bichitos colorados. Ya pasó de la caja a un bolso verde. En poco tiempo pasará del bolso verde a una valija de madera que ya encargué, una valija que llevará su nombre, escrito en letras de |
| El verdadero ventrílocuo —dice Lembo— se entiende con su muñeco porque se está entendiendo a sí mismo. | |
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madera que yo mismo pintaré. Miguel Angel Lembo, presidente del Civear, me dijo que en marzo, cuando se reanuden las actividades del Círculo —del cual, por supuesto, me haré socio: tal vez ya lo sea para cuando este número de SoHo esté en la calle— tengo que hacerle el certificado de nacimiento a Oliverio, indicando los datos de su dueño y los de su creadora. El certificado de nacimiento se otorgará solo a muñecos que sean “pieza única”, jamás a clones o a muñecos de fabricación industrial. El Civear promueve así que cada muñeco sea único e irrepetible. Lembo dice que no se sabe adónde nos lleva la vida, adónde puede ir a parar mi muñeco, y que es importante que nunca se pierda de vista su origen. Suena lógico. Le voy a hacer caso: quiero hacer las cosas bien y quiero tener mis papeles en regla. Oliverio será el primer muñeco con certificado de nacimiento, ya que la norma entra en vigencia a partir de 2009. La certificación constará en el libro de actas del Civear, supongo que todo se hará ante la presencia de un escribano público. Lembo sabe lo que dice: por algo es el director de este, el único círculo de ventrílocuos del mundo, por algo es el autor del único tratado de ventriloquia que existe, Ventriloquia y humorismo. Técnicas para el arte de hacer reír. Lembo es mi maestro, el hombre que me está enseñando a hablar con la boca cerrada y a retener el aire en el estómago, el hombre que me está enseñando a hacer hablar a Oliverio. Es una especie de monje zen, que no solo me orienta en cuestiones prácticas, sino que además me guía al misterio profundo de su arte. No se trata solo de hablar con la boca cerrada, sino de saber para qué lo hacemos. El verdadero ventrílocuo —dice Lembo— se entiende con su muñeco porque se está entendiendo a sí mismo. El ventrílocuo es un actor que utiliza la marioneta como partenaire para entablar un diálogo con sí mismo. A través de la marioneta expresa verdades que no se animaría a decir por sí solo. La estrella es el muñeco. El que se lleva y se roba los aplausos es el muñeco, pero el ventrílocuo es el actor. Maneja los tiempos, la cadencia, el libreto. El muñeco es su cara visible. Yo trabajo con cuatro muñecos (Pascualito, tierno y pícaro; Alejandro Rey, cantor de tango; El Gaucho Aparicio, folclorista; Arturo Jié, pájaro) porque tengo cosas diferentes que decir. Algunos ventrílocuos utilizan su arte solo para hacer reír, un bombardeo de chistes, uno detrás del otro. Es válido, pero yo prefiero a los que matizan, los que expresan diferentes estados de ánimo. El maestro me indica algunas cirugías indispensables para el buen funcionamiento de Oliverio: hay que arreglarle el mecanismo de la boca, porque no la abre lo suficiente; hay que agrandarle el hueco de la espalda para que mi mano pueda moverlo con comodidad; hacerle un tajo en la camisa, para que no tenga que ponerle la mano por debajo de la ropa, para evitar que la ropa se arrugue cuando lo manejo. Dice que el ajuar de Oliverio está muy bien, que es muy simpático, que en nuestros shows yo tengo que vestirme parecido, informal, no necesariamente igual, con jean, zapatillas y camisa clara, pero que tengo que tener una vestimenta alternativa para ciertas ocasiones especiales: casamientos, cumpleaños de 15, etc. —Cuando la gente se viste de fiesta, usted y Oliverio tienen que vestirse de fiesta —explica—. Oliverio tiene que usar zapatos de charol, pantalón negro, camisa blanca, chaleco. Usted puede vestirse igual, pero de esmoquin. | |
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—La gracia está en generar la ilusión de vida con lo mínimo indispensable. En ser austeros. |
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| Oliverio departe con sus amigos, el cantor de tango Alejandro Rey, el gaucho Aparicio y Pascualito, los muñecos del maestro Lembo. | |
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Lembo corrige posturas, me ayuda. Hago lo que puedo, y por ahora puedo poco. La actitud corporal del muñeco es mucho más difícil de lo que parece. De todas maneras, lo más difícil, la clave de la eficacia del ventrílocuo, es la respiración. Si el ventrílocuo sabe respirar, puede hablar con la boca semicerrada. Si no, se va a ahogar en el intento. Lembo me marca tres ejercicios. Tengo que dedicarle una semana al primero, tres días al segundo, tres días al tercero. Cada uno es más difícil que el anterior: el último incluye vocalizaciones. Una vez que haya terminado con los tres ejercicios, puedo llamarlo para tomar una segunda clase. Me despido de Lembo al cabo de cinco horas en su casa. Debo procesar todo lo aprendido, que es mucho. Gente grande que juega con muñecos: eso somos, dice el maestro. Acaba de servirle una copa con jugo de manzana a mi Oliverio y una copa a Pascualito, su muñeco. El jugo de manzana parece sidra, nuestros muñecos parecen humanos, la ocasión amerita un brindis y unas fotos. Pascualito y Oliverio “brindan”, Lembo y yo nos tomamos la “sidra”, mientras Alicia, la esposa de Lembo, nos retrata. Después guardo a Oliverio en su provisorio bolso verde y me voy. | |
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Al día siguiente, visito a la señora Jesús en su taller. Jesús tiene un altar con tres imágenes que guían su mano de artista. La foto de Chasman y Chirolita (mítico ventrílocuo, mítico muñeco: Chasman murió hace diez años y Chirolita descansa hasta hoy en la bóveda de un banco); la estatua de Jesús (el de Nazareth), con su Sagrado Corazón; la estatua del Ángel de la Guarda. Jesús es la madre de dos ventrílocuos. Alé tiene 37 años, trabaja a veces con Matías, el muñeco flogger, y a veces con Venancio, un abuelo sordo y sobreprotector. Sair tiene 7 años, es el más precoz de los ventrílocuos y tiene una técnica asombrosa para su edad. Su muñeco se llama Luchito, se jacta de tener 12 novias y una vez le dijo: “¡Qué lindo culito!” a una vecina del barrio. Matías, Venancio y Luchito fueron creados por Jesús para sus hijos. Encantado con el resultado de Matías, Alé convenció a su madre para que se dedicara a la fabricación de manera profesional. La verdad es que Jesús tiene talento y se adapta a lo que le piden: puede hacer una marcianita verde, una Betty Boop tetona, un gordo con aspecto de banquero... Lo que sea. Todos sus muñecos son distintos entre sí, pero a la vez tienen una especie de “sello de autor”. Oliverio es su muñeco número nueve. La artista tomó sus rasgos de un personaje de la telenovela brasileña La esclava, que apenas vio una vez en una tanda publicitaria y luego reprodujo merced a su sorprendente memoria visual. El hombre cuya figura inspiró a Oliverio es negro, pero Jesús quiso hacer un muñeco mulato. Oliverio es un signo de los tiempos, el muñeco de la era Obama. |
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Mientras en mi casa empiezo a practicar los ejercicios, en su taller Jesús repara a Oliverio, de acuerdo con las indicaciones que me había hecho Lembo. Días después, lo paso a buscar: Oliverio ya está listo para brindar un espectáculo de primer nivel. El problema es que yo todavía no estoy listo. Alé me confiesa que el mecanismo de gatillo y poleas que les permite mover la boca a los muñecos de su madre lo bajaron de internet. Jesús se niega amablemente a decirme cuál es el material sobre el cual trabaja sus muñecos, el plástico irrompible cuya fórmula solo ella y Alé conocen. Dice que trabaja los tonos, los brillos, con pintura para tela, que antes de decidirse por la fórmula secreta hizo pruebas sobre papel maché, pero que no le gustó la textura que obtenía. —El papel maché es áspero, rústico, se mancha, se pica… Cuando pasa el tiempo, se deteriora. Es más barato que mi material, pero todo lo barato sale caro. La noche de la cena, ahora lo sé, Jesús me estuvo espiando un buen rato antes de venir a saludarme. —Lo estaba mirando desde la otra punta de la mesa, lo espiaba. Pensé: capaz que lo deja ahí a un costado al pobre muñeco, pero no, vi que lo sentó en sus faldas, que le acariciaba el pelito, me dio una emoción... Por eso al final no soporté más y lo fui a saludar. A fines de febrero, la revista argentina Mu preparó una producción periodístico-fotográfica sobre la revista satírica Barcelona, cuyo staff integro, y las actividades paralelas de quienes la hacemos, todo lo que sería desde la perspectiva de Mu “el universo Barcelona”. Tomaron una foto multitudinaria en la que posaron los músicos de la banda de tango de uno de los directores de la revista, los actores de una obra de teatro escrita por tres de los periodistas, los alumnos del taller de dibujo de uno de los directores. Yo asistí a la producción con Oliverio. Mis amigos de Barcelona me insistieron para que lo hiciera hablar y yo me negué varias veces. No es que me falten ganas: me falta preparación y, tal vez por eso mismo, todavía me inhibe un poco la mirada de los demás. Me fastidió un poco tanta insistencia, acaso porque me hubiera gustado estar en condiciones de complacer a mis amigos. Sin embargo, una hora después, una alumna del taller de dibujo que no había presenciado la escena, directamente se dirigió a Oliverio. —¿Cómo te llamás? —dijo la chica. —Oliguerio —dijo Oliverio (los muñecos de ventrílocuo reemplazan el sonido “ve” por “gue”)—. ¿Y vos? Gisela hizo de cuenta que yo no existía y desató la magia. Oliverio quiere hablar y me lo hizo saber: ahora ya no puedo volver atrás. Un muñeco que tiene nombre de poeta no puede quedarse callado. Tal vez mi próxima crónica la escriba él, quién sabe. Yo sé cómo empezó este viaje, pero no tengo idea de cómo termina, ni siquiera sé si termina. Llegará el día del debut oficial de Paco y Oliverio: tomará varios meses, pero llegará. Como dice Lembo, no se trata de hablar con la boca cerrada sino de saber para qué lo hacemos. | |
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10 Respuestas de "De turismo en el peor pais del mundo- Curso básico de ventriloquía" 
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said this on 28 Mar 2009 5:00:28 PM CST
Felicitaciones CAPO. y bienvenido. De paso te queria agradecer lo del parecido con Axel.
- Robertito - |
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said this on 28 Mar 2009 5:54:24 PM CST
Hola soy mister mager : muy bueno lo leido,es un gusto figurar siendo parte del civear en esto ,y tener un compañero como el periodista de buenos aires bizarro,espero se le pegue esta locura y bienvenido ,en este inisio un abrazo , a todos
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said this on 02 Apr 2009 1:20:31 PM CST
No soy el mejor, tan solo un artista más que ama lo que hace y le dedica parte de su vida. Daniel tiene mucho talento y en él se despertó el interés por este hermoso arte como me ocurrió a mí recién a los 40 años de edad. Solo anhelo que mis humildes consejos y enseñanzas le sirvan para alcanzar las metas que se propone, y una gran alegría para mí que tan solo estoy colaborando para que su sueño se haga realidad, el talento es todo suyo, soy solo un medio, y por encima de todo el título que más me agrada, ser un Amigo. Gracias por tantas e inmerecidas lindas palabras.
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said this on 02 Apr 2009 1:37:50 PM CST
Felicitaciones Daniel, esto me toca muy de cerca por ser la esposa de Miguel Angel, me encantó toda esta nota. Yo le dí dos muñecos también, una hace 30 años y otro hace 24 pero hablan solos, él no pudo ser menos y me dio también hijos a mi, Pascualito, Alejandro, Aparicio y Arturito, somos una familia que vive en la ventriloquia más que "de la ventriloquia", solo espero que usted logre su ideal, y por lo que he visto hasta ahora lo está haciendo con mucha fuerza y verdadero talento. Fuerza amigo, le dejo un cariño grande para usted y Oliverio. Alicia.
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said this on 06 May 2009 5:43:21 PM CST
Donde puedo tomar clases? estoy muy interesado. Mi nombre es jorge Rohdenburg y mi celular es 1567185192 ó 48992412. Mi mail es jrohdenburg@gmail.com
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said this on 18 Aug 2009 8:25:34 AM CST
hola deseo realizar el curso si por favor me envias un correo a jorgerivara@hotmail.com nos ponemos de acuerdo
muchas gracias |
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said this on 14 Oct 2009 6:37:24 AM CST
hola soy Mauro de Cordoba de cuanto es el curso, es muy dificil, hay que precenciarlo si os i? dese ya muchas gracias mi mail es el siguiente, mauro51@live.com.ar, DESDE YA MUCHAS GRACIAS Y MUY BUENOS LOS COMENTARIOS
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said this on 01 Oct 2010 4:56:45 PM CST
Apreciado Sr. Deseo aprender el arte de la ventriloquia, por lo que deseo informaciòn. Gracias.
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said this on 30 Apr 2011 11:58:53 AM CST
WOW A MI ME DAN TERROR ESOS MONOS :(
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said this on 03 Oct 2011 1:46:20 PM CST
muy buena las cronicas de esta grata profesion
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