Vaselina / ¡Que los cumplás feliz!
- Por Luz Lardone
- Publicado 08/31/2007
- Vaselina
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Fotografía: Rónal Pérez |
¿Por qué, cuando derrapamos en la primera curva de la juventud, nos dejan de hacer la preguntita de rigor sobre qué queremos ser cuando seamos grandes? Es difícil determinar en qué momento sucede, pero se cumple. Según dicen quienes entienden del tema, la vida de los seres humanos –y también la de las revistas–, se desenvuelve a través de sucesivas etapas que tienen características especiales. Sin embargo, no hay un acuerdo unánime para determinar cuántas y cuáles son. Mientras se vive, no nos percatamos de que cada una de ellas se funde gradualmente en la etapa siguiente, y no podemos decir exactamente cuándo comienzan o terminan. “Nene, nene, qué vas a ser cuando seás grande”, repetía hasta el hartazgo la letra pegadiza de una canción de Miguel Mateos, allá por los años 80. No cabe duda de que en la niñez, ese periodo designado entre el nacimiento y la pubertad, no existe niño, niña o publicación que no se someta a la interpelación sobre el asunto. Tampoco hay titubeo en que la consulta invita a fantasear. Soñar despiertos y dormidos con un futuro incierto frente a lo efímero del presente y al mutante pasado, ese que definimos siempre desde lo que en el presente creemos que fue. (¡Ah!, si no entendiste la última oración no te preocupés, cuando seás grande lo vas a lograr). Si se preservan posteriormente, esas quimeras preparatorias pueden plasmarse, a todo color, en un cuerpo de carne y hueso o de papel. Evidentemente hay ilusiones posibles y otras no tanto. Lo cierto es que mi caso no fue diferente al de muchos. En algún lugar del mundo, específicamente ninguno, anhelaba la utopía de poder teletransportarme en el tiempo y en el espacio; o ser invisible y entregarme al voyeurismo para ver sin ser vista y entrometerme en vidas ajenas. Más cercano a lo realizable, también quise ser azafata, actriz y tantas otras. Mientras tanto, algunos querían ser como sus papás, superhéroes, como Diego Maradona, bomberos, médicos, presidentes de sus países, astronautas, policías o monjas. Pasa el tiempo y se crece. La juventud nos atrapa y entonces se habla de la espontaneidad; del placer por los retos; de las apuestas a lo diferente; del cumplimiento de normas, pero también de su desafío; de los conflictos con aquello que nos “viste” e influye en la imagen; de la presión de los pares, etc. Para mí, fue el tiempo en que quise ser, como dijo Sabina, “una chica Almodóvar”. Pero, por más que lo intenté, aún no lo consigo. Claro que, a veces, la pregunta inicial venía acompañada por el ¿como quién te gustaría ser? Entonces hacíamos malabares imaginarios con variados modelos, como si nos tratáramos de figuras para armar. Lo que no nos peguntaban era qué mundo conjeturábamos o queríamos construir para entonces. Tal vez en aquel momento ya todos éramos grandes, pero ¿qué es ser grandes? No hay una definición de manual. Sin embargo, de forma equivalente solemos usar varios sinónimos para aclarar un poco la cosa. Si hablamos de personas, podemos referirnos a los “grandes” como adultos o mayores de edad. Utilizamos también las no menos frecuentes frases como entrados en años y de edad avanzada, entre muchas otras. El límite parece ser la ancianidad, esa que el diccionario define como la “última etapa de la vida”. Hoy que soy grande, poco o nada queda de aquel curioseo infantil hacia mi persona. Me han reemplazado la pregunta por otra, tal vez apelando a un simple cambio de forma gramatical. Entonces tengo que soportar el inefable ¿a qué te dedicás?, donde la exigencia del hacer reemplaza al ser. Siempre se puede crecer, cumplir años, pero no dejar de aventurarse en las múltiples e insospechadas posibilidades del ser y del hacer. Nunca somos definitivamente grandes. ¡Quiero, exijo que me formulen la “vieja” pregunta! Porque, aunque ya no soy niña, desearía –como dice una canción de Evanescence– “volver a creer en todo y no saber nada”. Me gustaría ensayar qué voy a ser cuando sea vieja, de la tercera edad o adulta mayor, si es que llego. Supongo que, para entonces, estaré con la boca cerrada, los dedos artríticos y sin opinar en SoHo. En el último de los casos, gozaría al poder decir que quiero ser una muerta inexpugnable. Una indultada post mórtem por aquello que no pude ser, aunque quise. Porque, y valga para todo, en la grandeza de existir, no es lo mismo resistir que transformar. |
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3 Respuestas de "Vaselina / ¡Que los cumplás feliz!" 
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said this on 02 Sep 2007 12:05:44 AM CST
Excelente comentario, gracias por gente nueva en la revista.
Saludos |
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said this on 03 Sep 2007 12:50:09 PM CST
Excelente la vision de una realidad que nos toco y nos toca a todos los mayores de 30 años. Gracias SOHO !
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said this on 07 Sep 2007 11:11:32 AM CST
Felicitaciones, muy interesante la nota.
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