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Por Revista SoHo
Publicado el 05/8/2008
 
Todos atravesamos momentos difíciles que nos llevan a considerar soluciones absurdas para resolverlos. Ahórrese tiempo y dinero, SoHo ya envió a cinco de sus firmas a crecer por dentro para que no lo tenga que hacer usted.

Edición 20

En busca de Auto ayuda - Leyendo el secreto - Método silva de control menta - Biocreación - Cienciol

Todos atravesamos momentos difíciles que nos llevan a considerar soluciones absurdas para resolverlos. Ahórrese tiempo y dinero, SoHo ya envió a cinco de sus firmas a crecer por dentro para que no lo tenga que hacer usted.

 

La dama elegante me mira con afabilidad al notar el interés con que examino la sección de autoayuda. También me había fijado en ella por el leve exceso en que incurrió al aplicarse el 212 de Carolina Herrera.

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Por Catalina Murillo

Menos mal que a don José Silva, un gringo bajo, regordete y con anteojos, no le dio por creerse un marciano abducido, un enviado del Señor, el anticristo o algo peor, si cabe.

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6:00 pm. Noche lluviosa con pronóstico de presa salvaje. A punto de tomar la autopista del mejoramiento personal por la vía oriental y milenaria, casi casi me arrepiento.

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Por Felipe Granados

Por un principio, no sé si de cinismo o de sobrevivencia, desconfío profundamente de todo aquello que pretenda salvarme o darme una vida mejor.

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“Internet es para ver pornografía”. Esta frase sentenciosa le pertenece a Jaroslaw Kaczynski, ex primer ministro de Polonia.

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Leyendo el Secreto

Por Armando Rodríguez
Fotografía: Ronald Reyes

La dama elegante me mira con afabilidad al notar el interés con que examino la sección de autoayuda. También me había fijado en ella por el leve exceso en que incurrió al aplicarse el 212 de Carolina Herrera.

–Esta es mi sección favorita– dice, enseñando una sonrisa resplandeciente.
–¿Así que le interesan los libros de autoayuda?– pregunto con curiosidad.
–Muchísimo – responde, perfumando plenamente el resto de la góndola al acercarse. Tengo la obra completa de Coelho, todo Chopra, y una amiga de Buenos Aires me envía cada tiempo lo nuevo de Bucay y de Mariscal. Mucha gente no sabe, pero la mejor autoayuda está saliendo de Argentina.

–¿Y cuál de esos autores es el que más le ha ayudado?– indago de nuevo.
–La verdad es que solo he leído El alquimista, de Pablito, y Sopa de pollo para el alma, de Canfield. Colecciono porque muchas amigas lo hacen. Nos reunimos para hacer yoga, hablar de libros y enterarnos de novedades sobre comida sana.

Abandono la librería después de adquirir El secreto de Rhonda Byrne, y de comprobar casualmente que no todas las personas que compran masivamente libros de este género lo hacen buscando ayuda. Yo mismo acabo de obtener por otras razones “el mayor best seller de los últimos tiempos”, según el cajero, quien logró convencerme de pagar además por el video.

En casa comienzo a descifrar El secreto, sabiendo de antemano que su éxito comenzó con su presentación en el programa de Oprah Winfrey. No tardo mucho en corroborar mis sospechas sobre la banalidad del tesoro, al identificar que el eje del libro es el planteamiento de la existencia de una ley universal trascendental como la de la gravedad, a la cual denominan “Ley de la atracción”. El secreto es entonces esa ley, que supuestamente puede ser activada por la mente de las personas a fin de lograr con éxito y sin mayor esfuerzo cualquier objetivo. El astuto y necesario golpe pseudocientífico con el cual el lector queda atrapado es la afirmación olímpica de que Sócrates, Platón, Leonardo, Pitágoras, Bacon, Newton, Goethe y Víctor Hugo, entre otros célebres difuntos, conocían el dichoso secreto. Con seguridad, ninguno de ellos está, hoy por hoy, con ánimo ni fuerzas para desmentir que pertenecieron al club.

Así las cosas, pensamiento y sentimientos han de combinarse para propiciar frecuencia a la “ley” y conseguir, por ensalmo, dinero, relaciones, salud e influencia sobre el mundo y sobre la vida. Llama la atención el énfasis que hacen video y el libro en lo sencillo que resultará llenarse de cheques al aplicar el secreto. Para corroborarlo con datos históricos se acude de nuevo a otros ilustres e indefensos muertos: “Abraham, Isaac, Jacob, José, Moisés y Jesús no solo eran maestros de la prosperidad, sino también millonarios, con unos estilos de vida más prósperos de lo que muchos millonarios actuales podrían concebir”. Esta perla, de seguro, tiene felices a los telepanderetas que solicitan con berridos inverosímiles y lágrimas místicas cheques de sus fieles a cambio de prosperarlos. Están por verse las reacciones de la Iglesia Católica que por siglos ha insistido en la humildad de Jesús.

Otra maravilla que regala El secreto a sus incontables lectores es la promesa de que no es necesario trabajar para ganar plata. Basta sentirse bien con respecto al dinero, crear la frecuencia mental y en poco tiempo llegarán más cheques que facturas. Imaginen leer editoriales aludiendo al desempleo porque las personas simplemente se quedan en casa visualizando dinero, sintiéndose bien con la idea de poseerlo en cantidad y esperando el mágico engorde de la cuenta bancaria.

Luego vienen las menciones de los que se curaron de cáncer por aplicar el secreto y los testimonios de quienes, conociéndolo, cambiaron un poco el mundo. Todos y cada uno de los ingredientes que conforman el éxito de libros que se venden mucho porque simplemente dicen lo que la gente quiere escuchar.

Para muchos, por dicha, no es secreto que los autores de esta inocua modalidad son seres iluminados para producir dinero a manos llenas al vender soluciones mágicas que, vistas sin pasión, no son más que estereotipos de sentido común. Libros que no hacen daño pero que cuando, hasta hoy, han intentado posar de literarios resultan verdaderamente ofensivos.

 

 

Riqueza, éxito,
triunfo, suceso:
El Secreto en sus manos

Editorial: Urano
Número de páginas: 224
Empaste: Duro

Lo consigue en la Librería Internacional en ¢14.500 En mercadolibre.co.cr está en ¢3.000

 


Cienciología

Por un principio, no sé si de cinismo o de sobrevivencia, desconfío profundamente de todo aquello que pretenda salvarme o darme una vida mejor: exnovias que me creían maravilloso y terminaron estrellándose contra el muro, amigos que me dieron la mano solo para terminar borrándome de todo. La lista es larga.

Otro asunto es la fe. Fui criado bajo la mirada atenta de un dios católico; mi casa tenía un San Gerardo del que me atemorizaba una calavera que tocaba con su mano izquierda. Más que la calavera, lo impávido del rostro del Santo, lo oscuro de los ojos ausentes en los huesos. Clases de religión, los sacramentos, el sentido del pecado, ese paquete me hizo un hombre con miedo.
Todo esto no es más que para hablar de mi última experiencia espiritual.

“Voy a iniciar una religión, ahí es donde esta el dinero”. Esta afirmación, de mediados del siglo XX, fue hecha por L.Ronald Hubbard, un pésimo escritor de ciencia ficción que se inventó un método para hacer platay no pagar impuestos. Entre la autoayuda y el psicoanálisis, entre la Guerra de las Galaxias y el Mundo Perdido, la fe no es asunto de un camello y una aguja, se mueven millones entre los libros y las conferencias. La fe es asunto del mercado y si no, póngale atención a los últimos sucesos de la Iglesia Católica en Tiquicia.

Visité la Iglesia de la Cienciología en dos ocasiones. El cartel sobre la puerta de la calle primera no da grandes pistas, así que hay que subir hasta el noveno piso del Edificio Lux. Desde allí San José tiene cara de otra ciudad, como si todo me fuera ajeno: la pecera de la que habla Pink Floyd, un tren que no debí tomar pero en el que me quedo para saber cual es su última estación.

Ese día entre semana me atendió un hombre relativamente joven, con más pinta de vendedor de autos usados que de predicador. Algo me ponía nervioso, creo que era esa sonrisa de hombre de éxito que sólo tienen los actores de los anuncios de pasta dental. Si, eso: la sonrisa del que nunca padeció un dolor de muelas.

Sobre la pared del fondo una foto en el sepia del San Gerardo de mi infancia. El Señor Hubbar poniendo su mejor cara, de hombre que ha pasado a la posteridad, cubierto con un smokin y la mano izquierda posada sobre el globo terráqueo. No hablemos de semiótica ni de culto a la personalidad: una foto sólo es una foto.

El tipo me explica los procedimientos básicos, es decir: cuales son los principios de la Fe. Me habla de Dianética. Diré a su favor que en ningún momento me sentí presionado a comprar nada, de hecho yo preguntaba por los precios y el trataba de esquivar el asunto.
La atmósfera de todo el piso me recordaba más a un call center que a una Iglesia. Logré que me invitaran a una de sus reuniones; el sábado a las cinco de la tarde, ahí mismo, no sin antes llenarme de brochures acercade las preguntas capitales del hombre: ¿Quiénes somos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Por qué estamos aquí? Sólo les faltó la última de las preguntas esenciales: Who let the dogs out?

El sábado siguiente me disfracé lo mejor que pude: ¿cómo podría parecer un cienciólogo? A mí no me va el Armani de TomCruise, pero me puse un saco que me hacía ver parecido a uno de esos predicadores callejeros que se paran frente al edificio de Correos. Faltando diez minutos para las 5:00 p.m. me recibió otra persona, con la misma sonrisa del tipo del día anterior: más fotos de Hubbar, esta vez con un sombrero de cazador. Pienso que, como en casi todos los anuncios de TELEVENTAS, tampoco soy el público meta de este sitio.
A las 5:00 p.m. ingresamos. Somos un grupo pequeño, casi diez personas; más mujeres que hombres. Sillas del tipo “niña Pochita vs. estudiantes poco atentos” frente a una mesa grande con “sanguchitos” y un termo, presumo que es café o ¿serán como los mormones? Delante de ella, otra mesa más pequeña con un libro gigante. Un libro como esas Biblias que tienen en algunas casas, llenas de matices dorados y una cruz en la tapa.

Apenas todos tomamos asiento, un hombre abre el libro, comienza a leer y me doy cuenta de que no se parece a ninguno de los evangelistas. El texto es de Hubbard y este capítulo es acerca de cómo educar a los hijos. La lectura no dura mucho y entiendo poco, usan frases como factor de realidad en un contexto que no me permite entender muy bien; lo que saco en limpio es que lo mejor con los niños es darles razones y no decir: “Yo soy el adulto, por tanto, hágame caso”.

Después el guía sugirió que lo tomáramos a él como un espejo; que visualizáramos y repitiéramos todos los movimientos que él haría. Comenzó a mover las manos, a veces aplaudiendo, otras en esa especie de ejercicio en que uno se toca la panza en círculos y la cabeza a golpes. Lo hicimos como veinte minutos y me equivoqué en 3 ocasiones; de nada sirvió el disfraz: quien no conoce el rito, se vende miserablemente.

Para terminar debimos tocar alternativamente a un hombre y a una mujer. Nada sexual, algo así como cuando de niño jugabas a Quedó o La anda. Yo cada vez entendía menos, todo duro alrededor de 40 minutos. Salí, todavía crucé unas palabras con el tipo que me había recibido; me dio más propaganda y un DVD con abundante información de sus creencias; un test para arreglar mi vida y la última de las sonrisas de las que hablé antes. Todo esto gratis.

Esa noche en casa, después de revisar el credo de lo cienciología, donde “el hombre es básicamente bueno”, recordé este poema de Juan Bonilla:

CORDURA DE DIOS QUE QUITAS EL
PECADO DEL MUNDO

Padre nuestro que estás en paradero
desconocido, líbranos de Ti.

No nos llenes el tiempo con tu ausencia.

Tú utilizaste el fuego del infierno
para encender el sol de nuestra infancia.

No nos des certidumbre de tus ojos
después de que los nuestros ya no puedan
mirar la rosa negra de la vida.

Oh cordura de Dios que catas
el pecado del mundo,
dispendia tu bondad con los cobardes,
los que te encuentran en cualquier fenómeno
de meteorología, los que imponen
tu Nombre en leyes y oraciones.
Confórmate con ser un huésped
de nuestra infancia rota en mil pedazos.
Vacíanos de Ti,
regresa a tus orígenes
a aquella inmensa noche de tormenta
en la que el miedo de unos monos te inventara.

Acá estoy yo de nuevo, viendo como empieza la tormenta, deseando ser uno de esos monos, para tener miedo otra vez y reinventarte.

 


Iluminación extreterrestre

La Iglesia de Scientology misión Costa Rica está ubicada en la avenida central y calle primera, edificio Lux, noveno piso, San José. Abierto en jornada continua de 9 am a 8 pm todos los días.

Puede llamar al 2248-2552 o escribir a ciencologia@racsa.co.cr