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Por Diego Delfino | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Un amigo pastor nos dijo que en Costa Rica cierran más iglesias por contaminación sónica que bares. Nosotros le creímos, y sin explicarle cuál es la verdadera religión del tico, decidimos montar nuestra propia investigación para averiguar el nivel de ruido emitido por algunos reconocidos bares capitalinos. Buscamos acompañarnos de alguno de los dos expertos recomendados, uno del Ministerio de Salud y otro de la Municipalidad de San José, pero marzo es un mes popular para tomar vacaciones. Supimos, eso sí, que interpuesta una denuncia, se obtiene una respuesta en 30 días. Obtener mayores detalles vía telefónica o visitando los sitios oficiales resultó una cruzada más difícil que la que decidimos emprender con manos propias. El medidor nos lo confió el profesor Haymo Henry Heyder, célebre sonidista alemán que prefirió no incorporarse a la aventura. No lo culpamos, la casa no invita cuando uno llega apuntando con un sonómetro a la entrada. Bien lo sabe nuestro fotógrafo, que defendió el honor de SoHo aludiendo al oportuno “Estamos en vía pública, señor”. Yo consideré utilizar el popular “Permítanos hacer nuestro trabajo”, pero cuando se trata del típico coctel gorila + arma de fuego, mi primer instinto es siempre el de supervivencia. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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89dB | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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