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Menú del día para el apetito sexual
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Por Luz Lardone
Publicado el 02/4/2008
 
No es lo mismo tener sexo con alimentos, que incorporar en la dieta prometedores afrodisíacos.

Edición 17

Menú del día para el apetito sexual
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¡Te comería a besos! ¡Qué rica/o estás! ¡Qué dulce eres! ¡Hoy te devoro…! Casi sin darnos cuenta, decimos y escuchamos múltiples expresiones estrechamente vinculadas a lo culinario. Sin embargo, hay variantes en su uso. No es lo mismo tener sexo con alimentos, que incorporar en la dieta prometedores afrodisíacos para la potencia, o la utilización sexual de “juguetes” gastronómicos. Fantasías, mitos y no tanto, que ponen a nuestra disposición, por una parte, comidas estimulantes para el apetito sexual, y por otra, su uso juguetón en alguna relación. (Cuidado si están pensando en chocolate caliente, introducir cierto tipo de carne en una fondue no es recomendable para la libido).

Pero vayamos por partes. Hace un tiempo pregunté a un experimentado cocinero qué opinaba sobre la muy publicitada comida de Afrodita, la diosa griega del amor, la energía y la fecundidad. La respuesta fue contundente: “El mejor afrodisíaco puede ser el alcohol que te tomas para calmar el efecto de los potentes condimentos que se emplean en ella”. Desde entonces, pienso que no hay dote culinaria que logre aquello que desde lo senso-bio-psicológico no se consiga, aunque facilite algunas tareas. No obstante, es necesario decir que desde tiempos inmemoriales existen incontables recetas con promocionados comestibles “milagrosos”. Sustancias hoy avaladas por los nutricionistas que, por sus propiedades y efectos en el cuerpo humano, estimulan o potencia el placer, no solo genital.

Si hay alimentos que favorecen la tensión y el deseo, también están aquellos que, por su aparente exotismo, sugieren propuestas creativas sobre la mesa del deseo carnal. Como los dientes son capaces de lo mejor y lo peor, podemos ser víctimas además de victimarios. Peter Greenaway lo expuso grotescamente en su película The Cook, the Thief, His Wife and Her Lover (1989). En la escena final de este filme inglés, la esposa resentida ofrece, en fuente reluciente, el cuerpo cocinado, dorado y decorado de su amante, para que su marido lo devore, sin quererlo, luego de que él mismo lo matara. Cosa similar sucede en la obra literaria de García Márquez El otoño del patriarca, donde se describe un festín en el que se sirve, en bandeja, el cuerpo aderezado de un hombre del ejército.

Sobre la misma mesa del deseo, pero para otro tipo de goce, se suelen usar alimentos en el jugueteo sexual. Lamer, chupar, mordisquear o succionar miel, crema chantillí, dulce de leche, champaña o vino esparcido sobre los cuerpos en medio de un acto sexual, puede comernos, además, la cabeza. Cabe aclarar que estas opciones no son recomendadas para obsesivos del aseo, aunque si se impermeabiliza el colchón con papel plástico, probar no cuesta nada. Si no se privilegia la pulcritud por sobre el placer, hay quienes prefieren engullir o beber primero y luego el resto, o la inversa. Hacerlo simultáneamente puede resultar una buena opción para ahorrarte unos minutos cuando se anda medio apuradito, aunque se corra el riesgo de un “paro” digestivo.

En lo particular, no intento beber un buen vino de un solo trago ni masticar sin pausa. No es de buenos catadores ni degustadores. Es recomendable apreciar colores, formas, perfumes, texturas, deleitarse sorbo a sorbo y hacérselo saber al otro verbal y físicamente. ¡Qué rica/o estás! No importa si se come ajo, almejas o almendras, o se tiene sexo con una mano confitada, con mujeres caramelizadas, hombres mantecados o con un pedazo de carne saborizado (aunque esto último suela confundirse con las dos opciones anteriores). Apretar muy lentamente las sustancias entre la lengua y el paladar puede llevar a que se aprecien, en toda su plenitud, las bondades gastronómicas de un/a buen/a amante.