Con sus botas Doc Martens y su camiseta zapatista, con sus copias piratas de The Clash, con su medalla de la Seño y su tatuaje de no future, Aníbal sube al metro, como todos los sábados, baja en Guerrero y camina un par de cuadras.

Ahí lo esperan sus amigos, “la banda”, lo espera la posibilidad de ser verdaderamente libre, al menos por unas horas, lo espera el rock y lo under.

Ahí lo espera el Chopo.

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