Revista SOHO - http://www.revistasoho.co.cr/contenido
Bonus track-¿Quién le teme a Yasuri Yamileth?
http://www.revistasoho.co.cr/contenido/articles/154/1/Bonus-track-Quien-le-teme-a-Yasuri-Yamileth/Paacuteginas1.html
Por Revista SoHo
Publicado el 12/17/2007
 
Cuando el mundo supo que Yasuri Yamileth no era Yasuri Yamileth, la panameña Katherine Severino se vio forzada a salir del anonimato. He aquí el itinerario no autorizado de una artista anónima, creadora de un éxito inexplicable.

Edición 16

Bonus track-¿Quién le teme a Yasuri Yamileth?

Ciudad de Panamá, Hotel Marriott Courtyard. Una chica despampanante corre sobre sus tacones mientras carga en sus brazos un animal diminuto. Ya de cerca, el parecido es innegable. La chica y el perro –que en realidad es perra– visten corsé fucsia y minifalda de jeans. No es una broma: es Yasuri Yamileth con su perra Mushú. Miento: es lo que nos queda de un mito y su perra Mushú. Rectifico: son Katherine Severino y su mascota llegando tres horas tarde a una sesión de fotos.

Yasuri Yamileth no existe más, al menos no como la conocimos allá por el 2005, rodeada de malandros y ropa tendida en un oscuro callejón de barrio. En ese entonces no lo podíamos creer –hoy tampoco–, pero con el video de su canción circulando por Youtube y bloqueando nuestras direcciones electrónicas, supimos que la estética trash finalmente lograba dimensiones sublimes e insuperables (http://es.youtube.com/watch?v=UtMx8Ll5DO4). El reconocimiento a esta bizarra oligofrenia estética estaba a punto de explotar, y realmente creímos en lo que vimos. Había nacido un nuevo himno del reggaetón.

El tema y su video demostraron cuán cierto resulta el nuevo paradigma de la información, que reza que el mejor medio de comunicación es el propio ser humano. La verdadera noticia viaja a pie, o casi. Gillette, debut musical de una tal Yasuri Yamileth, se propagaba como un virus por el ciberespacio con su mensaje disuatorio. Mi nombre es Yasuri, Yasuri Yamileth / te metes conmigo, te saco la gillette / Te dejo una ye, que no es de yeyé / sino de Yasuri, Yasuri Yamileth.

No hubo amigo que no quisiera ponerte al tanto. Más bien, cualquier amigo corría el riesgo de dejar de serlo si decidía guardarse semejante prodigio. Así, de “puerta en puerta”, Yasuri Yamileth obró un milagro solo concebible en la era de la internet. Sin una banda, sin un disco, sin un sello discográfico, sin imagen artística y sin siquiera la certeza de que aquello fuera realmente una canción, Yasuri Yamileth y su Gillette salieron de Panamá, llegaron a Costa Rica, saltaron a Venezuela, tocaron Colombia y fueron recibidas, incluso, en Paraguay. La canción (tres acordes y dos neuronas) escaló como si nada las listas de popularidad de estos países y conquistó el gusto, no menos vulnerable, de audiencias en Perú, Argentina, Chile y el sur de Florida.

Dos años después, podemos asegurar que el daño está hecho. Sin embargo, una parte del guion no ha sido lo suficientemente aclarada: Yasuri Yamileth nunca existió. En su lugar, siempre actuaron la cara de una desconocida (la anónima intérprete del video, perdida en algún lugar de El Chorrillo, el mentado barrio panameño) y la voz rugosa de Katherine Severino, al menos hasta que la presión social obligó a esta última a unificar lo que había sido disociado por vía tecnológica.

Nada más que la verdad

De Yasuri Yamileth nos queda Katherine Severino, una abundante panameña de 22 años, exlocutora radial, exmodelo, diseñadora de interiores y apostadora reciente en el mundo de los bienes raíces. Además, Katherine quizá también pase a la historia como la única artista de la canción cuyo repertorio se compuso de… una única canción. “Soy multifacética porque me gusta hacer de todo y me gusta estar en todo”, asegura ella, al otro lado de la línea, pero a muchos kilómetros de distancia, más allá de la frontera sur costarricense.

A primera vista, Katherine es lo más parecido a una miss venezolana. Al menos, algo así fue lo que le dijeron en Venezuela cuando la vieron llegar, y después de que la dejaron hablar. “Goza de una belleza que recuerda a la Miss Universo 2005, Natalie Glevoba: ojos claros, suave piel blanca y largo cabello oscuro”, escribió un periodista de El Universal, que agregó bajo su foto: “Katherine produce un shock visual cuando se presenta públicamente: no es tan morena ni rapea como la Yasuri del video”.

Fue por una invitación que le hicieron desde Venezuela, un año después de que la canción sonara en Panamá como el pan nuestro de cada día, que la exlocutora tuvo que dar la cara y explicar lo sucedido.
“Yasuri Yamileth es un personaje inventado”, cuenta ahora, y contó entonces. “Yo trabajaba en la radio como locutora y mis compañeros me decían yeyé, que aquí en Panamá quiere decir superricachona. Un día me dejaron grabando sola en el estudio y decidí cantar la canción, a capella, para molestar a mi productor. Empecé a inventar de mi cabeza: todo salió de mi cabeza. Cuando me fui, los chicos de la radio editaron mi voz, hicieron un coro y armaron la canción. Al sábado siguiente me dieron la sorpresa y pusieron la canción durante mi programa en vivo. ¿Qué hace esa canción ahí?, pensé, y comencé a reírme. Como fue un relajo, no pensé que fuera a pegar tanto ni que la gente la fuera a pedir”.

El cuento del video es otra historia, una que ni siquiera Katherine sabe realmente cómo sucedió. Según cuenta, sus colegas de la radio –los mismos de la broma inicial– le pidieron permiso para grabarlo, pero con otra protagonista. “Si yo salía en ese video le iba a quitar el estilo a la Yasuri, como de barrio, y no iba a tener gracia”, dice ella. El equipo se trasladó a las inmediaciones de El Chorrillo, un populoso y conflictivo barrio panameño, donde interceptaron a la primera Yasuri que pasó por la calle. Una vez hecho el favor, la identidad de la joven simuladora se perdió en la oscuridad de los tiempos, donde suelen perderse este tipo de favores.

Katherine tuvo que dar estas y otras explicaciones antes y después de irse a Venezuela donde, por primera vez, actuó en vivo como cantante, aunque su repertorio fuera un tanto exiguo. Incluso así, la amaron. Incluso así, cantó, participó en programas de radio y televisión y concedió entrevistas. Después de eso, tras un lapso prudente, viajó a Paraguay, donde se presentó en vivo junto a otros artistas del género. Esa fue la segunda presentación en vivo de su meteórica “carrera”. Eso fue este año.

“A mí me dicen Yasuri en la calle. Me ven y me dicen: ¡Yasuri!”, confiesa Katherine. “No la voy a dejar morir porque fue ella la que me dio el éxito. No la voy a dejar ir pero sí voy a hacer otras cosas… tal vez lambada. El personaje va a estar, aunque capaz y no en todas las canciones que haga”, agrega la chica, que después de todo no ha terminado de decidir si quiere vivir un rato más de las secuelas de Yasuri, abrazar una carrera como cantante, o dejarlo todo y dedicarse a sus otros negocios.

Por lo pronto, con el perro en brazos y una sesión de fotos en el Casco Antiguo, algo es seguro: la broma continúa.