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Fotografía Ana Lucía Rodríguez – 2011
En honor a la verdad, el referente absoluto de El Regreso, en términos de actuación, es el personaje de César, un “secundario” que terminó llevándose las palmas y calando en la audiencia por su combinación, algo contradictoria, de volubilidad, frenesí y carisma. Para lograrlo, Hernán Jiménez, director y guionista del filme, se valió de una máxima sagrada a la hora de elaborar situaciones y personajes: “Más vale partir de clichés que llegar a ellos”. Apostarle a un metalero simpático parecía una fórmula ganadora; de la mano de Daniel Ross, se convirtió en un guiño memorable. El éxito del rol no es fruto del azar. Daniel es un tipo curtido en el arte de los audiovisuales. Junto a un grupo de amigos, fundó Perro Pavlov, una banda que fusionaba el performance musical con el escénico. También actuó en cortometrajes, nueve de ellos realizados en Cuba, su primer escuela de cine. Actualmente, trabaja en un documental —Locura, comida, locura—, como el hombre detrás del lente y del libreto. Aunque está en etapa de preproducción, si figura Daniel en los créditos, le auguramos un éxito rotundo.
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