Niño:

Como he hecho tres mil cosas más absurdas que dirigirme a un action-figure (muñequito, en castellano), no me importa escribir esta carta. Como soy educado, primero saludo. Hola, Niño Dios. Espero que esté bien, aunque entiendo que no debe ser fácil apechugar ese problema de crecimiento, más de dos mil años con la misma mantilla no es poca cosa. Ya que estamos, aprovecho como en la radio para saludar al Chupacabras, la Llorona, el Coco, el Hombre Nuevo, la Cigüeña, Yemayá y los Pitufos. Y, claro, al miembro más nuevo de ese club de las supersticiones: la clase media.

Antes de continuar, quiero que aclaremos lo siguiente. ¿El Niño Dios, es decir, usted, es un estado adicional de la Trinidad (como el plasma es un estado de la materia que no estaba entre los que se enseñaban en la primaria hasta hace poco)? Porque, a ver, si mal no recuerdo, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, adelantados a los tiempos, son tres en uno (idea copiada después por numerosas industrias). Pero no son lo mismo ni son intercambiables. Si se es riguroso con la doctrina, no es posible el Espíritu Jesús, ni tampoco decir que Dios fue niño. En fin, el Niño Dios es un error conceptual, en mi opinión, gravísimo. Alguien tiene la culpa y ya se sabe que Dios no existe, pero castiga.

Pero no quiero desviarme mucho, volvamos a la carta. Siento que no está de más, antes de pedir a manos llenas, agradecerle por seguir manteniendo al Club Sport Cartaginés sin esperanza alguna de volver a ganar un campeonato, porque Arias es feo con ganas (por lo menos), por la conciencia del Puente de la Amistad, por el rice & beans de la soda que abrieron en la esquina de mi casa, por el más reciente disco de Dylan, por el memorándum, por el gol de Messi al GETAFE, por el queso crema como toque local en el sushi, por el arreglado especial en Chelle’s una madrugada de octubre, por Johanna Ortiz, por otro año gozoso de la sección “Sentimientos en conflicto” en la Extra.

Acto seguido, paso a mis peticiones:

1. Quiero efectivo.
2. Quiero propiedades.
3. Quiero que en los registros de mis deudas aparezca, en lugar del mío, el nombre y el apellido de, digamos, Fernando Sánchez.
4. Quiero crecer un toque, pero imperceptiblemente, y no aparecer de un día para otro más alto, como si me hubiera injertado tacones de silicón.
5. Quiero que mi vecino se vea obligado a dejar su apartamento.
6. Quiero una credencial de “motivador” y que así las empresas me den contratos millonarios para recitar estupideces y lugares comunes mientras paso filminas con cataratas, puestas de sol en la playa, campos verdes donde al fondo una yegua pasta con su potranco, la mano de un anciano sosteniendo la de un bebé.
7. Quiero que el Club Sport Herediano recupere su prestigio, aunque eso sea tan difícil como reconstruir un himen.
8. Quiero visión 20/20.
9. Quiero visión de rayos X.
10. Quiero saber qué es peor: ¿la traición o la venganza?
11. Quiero daños severos, físicos y materiales (los sicológicos vendrán por añadidura) para toda esa gente que regatea los precios en la feria del agricultor y en la tarde va a Kenneth Cole o Liz Claiborne a comprarse camisas de 60 rojos.
12. Quiero que el Club Sport Cartaginés descienda directamente a la Liga Femenina de Futbol.
13. Quiero un microondas que congele.
14. Quiero una mascota que no cague ni suelte pelos ni haga ruido.
15. Quiero efectivo.