Viene de Francia, tiene el sello de Bacardí y está hecho para los amantes del buen vodka: les presentamos el Grey Goose.
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Vista: transparente muy brillante. Nariz: uno acerca la nariz y el alcohol no agrede. Los olores son muy suaves, casi neutros; me recordaron almendras de cajita blanca con la Torre Eiffel y esas mantecadas que uno se comía en el colegio. Boca: ojo con el origen de este vodka: Cognac, Francia. Esto le da un carácter y una elegancia especial, porque lo hacen los mismos que han hecho durante siglos el soberbio coñac. Lo que impresiona verdaderamente de este vodka es su suavidad. Un trago que por lo general es bastante fuerte y pasa por la garganta con ese efecto “uña de gato”, aquí logra un equilibrio y una sensación alcohólica muy ligera; en la boca, me recuerda —y que perdonen los puristas— la sensación de las zucaritas (trigo dulce). Tomado puro o en coctelería es una gran opción. |
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Por si usted es de los que cree que aguanta mucho, mídasele a uno de estos. |
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