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Versus
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Por Revista SoHo
Publicado el 10/18/2011
 
En Costa Rica existe un solo clásico del fútbol: Saprissa vrs. la Liga. Lo demás no cuenta. SoHo quiso llevar esta rivalidad a instancias más políticas e invitó a los presidentes de ambos clubes para que, con toda parcialidad, dijeran por qué su equipo es mejor.

Versus

Mejor La Liga que Saprissa

En Costa Rica existe un solo clásico del fútbol: Saprissa vrs. la Liga. Lo demás no cuenta. SoHo quiso llevar esta rivalidad a instancias más políticas e invitó a los presidentes de ambos clubes para que, con toda parcialidad, dijeran por qué su equipo es mejor.

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Mejor Saprissa que la Liga

En Costa Rica existe un solo clásico del fútbol: Saprissa vrs. la Liga. Lo demás no cuenta. SoHo quiso llevar esta rivalidad a instancias más políticas e invitó a los presidentes de ambos clubes para que, con toda parcialidad, dijeran por qué su equipo es mejor.

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Mejor La Liga que Saprissa

Mejor La Liga que Saprissa

En Costa Rica existe un solo clásico del fútbol: Saprissa vrs. la Liga. Lo demás no cuenta. SoHo quiso llevar esta rivalidad a instancias más políticas e invitó a los presidentes de ambos clubes para que, con toda parcialidad, dijeran por qué su equipo es mejor.

Por Raúl Pinto


A la edad de diez años tuve mi primer acercamiento con un clásico. Recuerdo la impresión que sentí al estar ahí, frente a un estadio a reventar y dos aficiones que, mientras una disfruta, la otra calla. Mi padre me recogió en casa de mis abuelos, alrededor de las siete de la noche. Venía con él un amigo, el Chino Alvarado, en ese entonces administrador de la Aduana Principal. Pasamos por otro de apellido Camacho, que tenía una pastelería en el Barrio, y seguimos nuestro camino hacia el Estadio Nacional. Se jugaba la final del campeonato de 1966, y lo que más recuerdo, casi 45 años después, es nuestro sufrimiento en silencio. Saprissa estaba arriba en el marcador, pero, pocos minutos antes de terminar el juego, la Liga empata y cambia totalmente el escenario. Los que reían y disfrutaban hicieron, de pronto, un silencio de ultratumba, y nosotros rompimos en gritos, nos abrazábamos. El señor Alvarado se hincó, volvió su mirada al cielo y le agradeció efusivamente a Dios porque estábamos a punto de ser campeones. Al final se nos cumplió. Sentimos una emoción inigualable y un gran orgullo por ser liguistas; nos dispusimos a festejar. Esa fue mi primera experiencia y la marca que me quedó para toda la vida: era manudo hasta la muerte.

Años después conocí tres cosas que me fortalecieron aún más: el estadio, a don Alejandro Morera, Gobernador de Alajuela en aquella época, y el juego de Errol Daniels, mi héroe. No escuchar todos los partidos de la Liga por la radio y tener que apelar a la imaginación para recrearlos significó mucho para mí. Qué grandes veía a los jugadores, qué fuerte peleaban. Las graderías estaban pegadas al terreno de juego, a diferencia del Estadio Nacional, adonde quedábamos muy lejos debido a la presencia de la pista atlética.

Hace poco, un compañero de directiva me recordó que, para los jóvenes de los años 70, el ser liguista era sinónimo de sufrimiento, ya que nuestro rival histórico consiguió, en esa década, la seguidilla de campeonatos más larga de la historia del fútbol nacional. Después de haber soportado los embates de esa época, la Liga nos enseñó el valor más importante que un ser humano puede atesorar: la humildad. Así han sido nuestros dirigentes a lo largo de la historia. Qué lindo saber que este equipo nació como una asociación y aún permanece de la misma forma. Eso nos retrata de cuerpo entero.

Lo más importante para todos nosotros ha sido siempre la institución, el cuidado de ella, su imagen, la misma que nos llena de orgullo. Me atrevería a decir que somos el equipo del pueblo. ¿Por qué? La respuesta es fácil: nos diferenciamos de los demás equipos tradicionales, como Herediano, Cartaginés y Saprissa, en que estos se convirtieron en sociedades anónimas —por razones que no vale la pena comentar—, mientras que la Liga Deportiva Alajuelense se mantuvo como Asociación.

En 1995 me hice socio, arrendé una silla en “sombra” y ya era Socio Participante. Por reglamento, dos años después pasaría a ser Socio Activo, siempre y cuando hubiera cumplido con todas mis cuotas. El Socio Activo tiene voz y voto en las asambleas, una responsabilidad enorme.

Mi primera asamblea fue en 1997 y la recuerdo por el nerviosismo que me invadió. Me encontraba frente a los grandes dirigentes, los que tenían que tomar las decisiones más trascendentes para mi club. Lo mejor de todo aquello fue que yo podía opinar e, incluso, dar el voto a favor de lo que me parecía correcto y en contra de lo que no. Recuerdo que había alrededor de 300 personas. Ese día no hablé.

Hoy, quince años después, soy el presidente de esta gran institución. Le debo respeto a más de 3.000 socios que podrán participar en las asambleas y que me dirán si están de acuerdo o no con mis actuaciones. No hay otro equipo igual al mío. Entre esos socios se elegirá a mi sucesor; no por dinero, sino por ideas, y esta misma asamblea se encargará de la elección. Esto es lo que nos hace grandes. El aficionado que lo desee puede hacerse socio y después de varios años convertirse en dirigente.

¡Gracias, Dios, por hacerme liguista!


Mejor Saprissa que la Liga

Mejor Saprissa que la Liga

En Costa Rica existe un solo clásico del fútbol: Saprissa vrs. la Liga. Lo demás no cuenta. SoHo quiso llevar esta rivalidad a instancias más políticas e invitó a los presidentes de ambos clubes para que, con toda parcialidad, dijeran por qué su equipo es mejor.

Por Juan Carlos Rojas

 

Debió de ser en algún partido de 1978 cuando entré por primera vez a la Cueva del Monstruo, el majestuoso estadio Ricardo Saprissa Aymá. Mi vida cambió. Con tan solo seis años, quedé hipnotizado por aquel escenario y el equipo que, un año antes, se había inmortalizado con la consecución de su sexto campeonato —¡de los largos!— al hilo. Aquello era algo imponente. A esa edad, no entendía mucho el significado de esos logros —con costos podía pronunciar la palabra hexacampeonato—, pero con sentir la mística de ese templo deportivo, ver las caras de los miles de aficionados en aquel soleado domingo, sabía que estaba frente a algo verdaderamente especial. Sabía que tenía que ser parte de eso…

Empecemos con la siguiente afirmación: el Saprissa está solo. Cuando me pidieron que escribiera este artículo sobre el porqué Saprissa es mejor que la Liga, equipo que respeto mucho, me puse a pensar en qué es lo que hace al glorioso Deportivo Saprissa grande, gigantesco.

Me parece que el argumento cae por su propio peso. Para empezar: 1) más títulos nacionales (tres más que la Liga, pese a que ellos jugaron su primer torneo de Primera División 28 años antes que nosotros); 2) más títulos de Concacaf; y 3) mejor desempeño “cara a cara”: de 271 enfrentamientos, Saprissa cuenta con 104 triunfos y 83 derrotas. En suma, el equipo ha conseguido más cetros nacionales e internacionales, y más victorias en clásicos. ¿Acaso se necesita un argumento más para dejar cerrado este debate? Saprissa, desde su incorporación a la Primera Categoría, en 1949, ha alzado la copa en 29 ocasiones. En promedio, hemos sido campeones cada 2 años. Además, en los últimos 60 años, solo un club a nivel mundial ha ganado más torneos locales que nosotros. Entonces, si pudiésemos resumir todo a una sola característica irrefutable, esa sería que el Saprissa es un equipo ganador. Un ganador de proporciones épicas, algo que ninguna otra escuadra podría siquiera soñar.

Sin embargo, Saprissa es mucho más que números y mucho más que títulos. Saprissa trasciende. Saprissa innova y abre camino para que la Liga y los demás nos sigan. Saprissa es un sentimiento que corre por las venas de la mitad de nuestro país; su nombre es sinónimo de pasión y de orgullo. Más que un nombre, es el apellido de un hombre que se atrevió a soñar y lo arriesgó todo por un ideal. Arriesgó y ganó. Por eso debemos estar eternamente agradecidos con el gran caballero que le dio el nombre a esta institución y que enalteció el fútbol nacional con valores como el honor y el sacrificio.

El club morado rompió barreras, cambió esquemas. Demostró que el fútbol alegre, ofensivo y de toque podía también ser efectivo. Desde un inicio jugó sin complejos y luego le enseñó a un país pequeño a pensar en grande. Se atrevió a darle la vuelta al mundo (25 países en 74 días), ante miles de aficionados que querían ver aquel fenómeno del fútbol majestuoso, proveniente de un país que ni siquiera sabían ubicar en el mapa. Medio siglo después, Saprissa recorrió de nuevo el orbe para visitar Japón y traerse el tercer lugar en un Mundial de Clubes.

Todo esto lo hace posible un elemento que es probablemente el más particular y especial, algo que nos diferencia de cualquier otro club: la gran afición morada. Hoy en día, medio país es morado, no por arraigo geográfico o provincial, sino porque en los años 40 y 50 los aficionados de exitosos clubes como Orión, La Libertad, Gimnástica, entre otros, descubrieron que había un equipo de jóvenes al que le gustaba jugar bien, que daba espectáculo, que era tenaz y tenía un sentimiento ganador. Decenas de miles y luego cientos de miles de costarricenses vieron en ese equipo algo que los cautivó y los flechó para siempre. La escuadra morada les dio esperanza de que las cosas podían hacerse mejor, que en este país se puede soñar en grande. Nuestra enorme afición no tiene igual y viene a representar el factor determinante del porqué Saprissa es el mejor y más grande equipo de nuestro país.

Hoy tengo la dicha de ir casi todos los días a la majestuosa Cueva. Cada vez que llego, tengo que caminar hasta la rampa y mirar la cancha y las graderías en donde casi un país entero ha soñado y compartido victorias deportivas y emociones inolvidables. Me imagino los momentos de gloria que se han vivido ahí y los muchos que vendrán. Doy gracias nuevamente a mi padre por haberme llevado a este estadio cuando tenía seis años; doy gracias por ser seguidor del Deportivo Saprissa, el club que la FIFA denominó “equipo del siglo XX” en Concacaf. La Liga ni ningún otro equipo de Costa Rica, Centroamérica, Norteamérica o el Caribe puede decir eso.