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Me acuerdo |
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Me acuerdo ... Me acuerdo de mi infancia, la mejor que un niño hubiese podido tener. Me acuerdo de Barranca de Alfaro, el pueblo de San Ramón adonde crecí. Me acuerdo de las primeras mejengas en la escuela y en los equipos del barrio. Me acuerdo del Deportivo América, el equipo en que jugué antes de pasar a la Asociación Deportiva Ramonense. Era un conjunto organizado y de sus filas surgieron jugadores como Omar Arroyo, Rafael Chito Mora y Hernán Paniagua. Me acuerdo de mi debut con la Selección Nacional, en 1983. Me acuerdo que fue en un partido contra el Nacional de Ecuador y que Antonio Moyano Reina estaba al frente del combinado tricolor. Me acuerdo de lo cerrada que fue la hexagonal eliminatoria que nos llevó a Italia 90. Me acuerdo de la unión que teníamos como grupo. Me acuerdo que, antes de un partido que debíamos disputar en Trinidad y Tobago, me fracturé el dedo meñique de la mano derecha. Me acuerdo de la ingeniosa intervención que el Dr. Longino Soto le hizo a mis guantes: luego de hacer un corte lateral, unió los espacios correspondientes al dedo meñique y anular. De esa forma, con ambos dedos “amarrados” con esparadrapo, pude ajustarme los guantes y, desde luego, jugar. Me acuerdo de la llegada de la Selección a Manziana, una pequeña localidad en las fueras de Roma. Así comenzó nuestra aventura en el Mundial de Italia 90. Me acuerdo que, cuando visitamos el Vaticano, Hermidio Barrantes y yo quisimos aprovechar la oportunidad para confesarnos en la Basílica de San Pedro. Me acuerdo que buscamos, entre todos los rótulos de los confesionarios, aquel que estuviese escrito en español. Después de un rato, lo encontramos y nos ubicamos en la fila, detrás de una señora muy entrada en años. Me acuerdo que, cuando llegó el turno de confesarme, el sacerdote me preguntó: “¿De dónde eres? ¿Vienes preparado para tu confesión o solo quisiste aprovechar la oportunidad de hacerlo aquí en el Vaticano?”. No pude mentirle, le dije que así era. Su respuesta aún retumba en todo mi ser: “No te puedo confesar, no vienes preparado. La reconciliación con nuestro Padre no es un asunto de oportunidad”. Me acuerdo del partido contra la selección de Suecia. Me acuerdo cómo, luego de ir perdiendo, remontamos el marcador y logramos la clasificación. Me acuerdo de la jugada que me dejó fuera del Mundial. Fue un “balón dividido” que se originó en el centro de la defensa. Cuando salí al “achique”, un jugador sueco me metió una “plancheta” en uno de los “gemelos”, provocándome, así, una ruptura en el músculo. Me acuerdo de nuestra extraordinaria relación con Bora. Existía mucha comunicación y se respiraba fútbol las 24 horas del día. Recuerdo el momento en que intercambié camisetas con Taffarel, de Brasil, y con Leighton, de Escocia. Ambas casacas todavía las conservo. Me acuerdo de los reportajes que me declaraban el mejor portero del Mundial. Me acuerdo que mi llegada al Albacete se concretó luego de una negociación muy sencilla. Me acuerdo que, en pretemporada, entrenaba tres veces al día. Salía de mi casa a las 6 a. m. y regresaba a las 10 p. m. Me acuerdo cuando visitaba, junto a mis compañeros de equipo, la finca de Dámaso González, un famoso torero profesional y amante del fútbol. Me acuerdo —siempre me acuerdo— de dos consejeros que marcaron mi carrera: don Walter Arguedas (q. d. D. g.) y Carlos Losilla. Me acuerdo de mi paso por el Cartaginés y el Herediano, dos instituciones de las que guardo un muy grato recuerdo y en las que cultivé grandes amistades. Me acuerdo del Mundial de Corea y Japón 2002, al que asistí como parte del cuerpo técnico de la Selección. Me acuerdo de muchachos con los que trabajé desde que tenían catorce años y que hoy son grandes futbolistas. Me acuerdo de uno de los momentos más importantes en mi vida personal: el nacimiento de mis hijos, Luis Gabelo e Isaac Andrés. Me acuerdo ... Me acuerdo cómo en 1988 se formó una selección cuyo único objetivo era clasificar al Mundial de Italia 90. Me acuerdo que había muchos jugadores de experiencia y también nuevos valores. Me acuerdo de varios nombres: Evaristo Coronado, Róger Flores, Enrique Díaz, Leoni Flores, Pastor Fernández, Germán Chavarría, Marvin Obando y muchos otros... Me acuerdo que logramos la clasificación con mucha humildad, responsabilidad, orgullo, respeto y, sobre todo, amor por Costa Rica. Me acuerdo que comenzamos el proceso eliminatorio bajo el mando del uruguayo Gustavo de Simone. Me acuerdo de su carisma, compañerismo y visión del fútbol. Me acuerdo que el camino rumbo al mundial era corto, pero muy complicado. Me acuerdo que, una vez terminados nuestros partidos clasificatorios, fuimos invitados a Europa. Me acuerdo que, antes de viajar, tuvimos una serie de fracasos contra equipos de México y Estados Unidos. Me acuerdo que Bora, nuestro entrenador, decidió que no regresaríamos a Costa Rica, sino que emprenderíamos nuestro viaje directo al Viejo Continente. Me acuerdo que partimos sin saber que habíamos clasificado, pues todavía faltaban otras selecciones por jugar. Me acuerdo que, ya en Italia, un domingo recibimos un comunicado en el cual se nos informaba que teníamos seguro un lugar en el mundial. Me acuerdo que, a partir de ese momento, comenzamos una nueva etapa de preparación, de lucha personal, para poder ser elegidos en el grupo que representaría al país en el torneo. Me acuerdo que la alegría de mi familia fue doble, ya que en la lista figuraban el nombre de mi hermano Giovanni y el mío. Me acuerdo que para mí fue todo un reto luchar por ese puesto, en vista de que había otros cuatro compañeros con más posibilidades de jugar. Me acuerdo que la mayor motivación fue saber que mi madre, Miriam Granados Solano, estaría en el Mundial. Me acuerdo de la vez que el equipo se reunió en el hotel y ahí, como verdaderos hermanos, hablamos con el corazón en la mano y prometimos que iríamos a dejar nuestras vidas en esas canchas. Me acuerdo que pocos creían en nosotros. Me acuerdo que el sacrificio de nuestras familias y el de cada uno de los jugadores hizo posible una hazaña que costará que otra selección tica supere. Me acuerdo ... Me acuerdo que nací en San José y me crié en el Porvenir de Desamparados. Me acuerdo que, desde niño, ya pateaba de todo. Me acuerdo del primer balón que me compró mi madre, a los siete años. Me acuerdo que mis amigos Frank y Randall me invitaron a jugar mi primer partido con la escuela de fútbol de Desamparados. Me acuerdo que ese partido se jugó en el colegio La Salle y que el director técnico de ese equipo era mi amigo Chatillo Piedra. Me acuerdo del primer entrenador que me dirigió, don Mario Castillo (q. d. D. g.). Me acuerdo que comencé a jugar profesionalmente a los trece años, con Barrio México. Me acuerdo que, al cumplir dieciséis, abandoné ese plantel. Me acuerdo que, durante esa época, tuve la oportunidad de ser llamado a la Selección Infantil. Me acuerdo que, jugando con ese combinado, fui al Mundial de China, en 1985. Me acuerdo que ese mundial fue el primero en que una selección tica, de cualquier categoría, tuvo presencia. Me acuerdo que marqué el primer gol del equipo en esa competición. Me acuerdo que debuté en Primera División con Sagrada Familia. Me acuerdo que después fui comprado por el Deportivo Saprissa, institución en la que logré enormes éxitos. Me acuerdo que fui elegido para integrar la selección que representó a Costa Rica en el Mundial de Italia 90. Me acuerdo del gol que marqué frente a Suecia y que a la postre nos dio la histórica clasificación a la siguiente ronda. Me acuerdo que, en ese momento, cruzaron muchos pensamientos por mi mente: cómo acabar la jugada, si tirar a marco o esquivar al portero, qué pasaría si fallaba... Me acuerdo que ese Mundial me abrió las puertas al fútbol europeo, adonde tuve la oportunidad de enrolarme en conjuntos de Austria, Yugoslavia, Italia y España. Me acuerdo que a todas las ciudades que visité en esa época — adrid, Zagreb, Viena, Foggia— les saqué provecho culturalmente; degusté su comida y conocí muchos amigos. Me acuerdo del frío del continente, quizá el único inconveniente durante mi estadía. Me acuerdo cuando el Pachuca retiró la camiseta número 17, en reconocimiento a mi trayectoria en el club. Me acuerdo que jugué la mejor eliminatoria del fútbol tico, rumbo a la Copa del Mundo de Corea y Japón. Me acuerdo de un penal que anoté en los minutos finales de un encuentro contra los Estados Unidos y que al final fue decisivo para lograr el pase a la hexagonal final. Me acuerdo del encuentro que ganamos, de visita, ante México: el famoso Aztecazo. Me acuerdo que anoté el tanto de la victoria. Me acuerdo de la polémica que se desató días antes de ese partido, porque a la prensa mexicana le disgustó que yo dijera que su selección ya no era la más grande del área. Me acuerdo que, después de todo, terminaron dándome la razón. Me acuerdo que, en el 2003, tuve la dicha de iniciar mi carrera como entrenador en el Deportivo Saprissa. Me acuerdo que logré dos títulos nacionales, uno centroamericano y uno de Concacaf. Me acuerdo del histórico tercer lugar que obtuvimos en el Mundial de Clubes. Me acuerdo que, por mis logros, en 2006 la FIFA me reconoció como el 18.° entrenador a nivel mundial, tercero de América y primero de Concacaf. Me acuerdo que, en 2007, fui nombrado entrenador de la Selección Nacional. Me acuerdo que mi gran error, como timonel de la Sele, fue el estar en constante discusión con un sector de la prensa. Me acuerdo que ese fue el motivo de mi despido. Me acuerdo un día de 2008 en que sostuve una reunión con el presidente Óscar Arias, mi amigo el arquitecto Tony Quesada y mi casi hermana Paola Reid. Me acuerdo que le aconsejamos al Presidente que solicitara la donación del nuevo Estadio Nacional. | |