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Como ocurre a menudo con los empresarios natos, una buena cuota de insatisfacción suele ser la causante del éxito. En 1986, Thompson abandonó su último trabajo de oficina y, desde entonces, dedica todo su tiempo al negocio que lo hizo famoso y, a la postre, el que le ha permitido agar las cuentas y sacar adelante a los suyos. Saprissa, Heredia, Cartago, Barrio México, San Ramón... Incontables reductos le han abierto las puertas. La liturgia del fútbol criollo, con sus madrazos, su inoperancia, su marcado costumbrismo, no sería la misma sin Thompson en las gradas. |