Aventurero extremo

Con esta joya ceñida a su muñeca, el deporte y la aventura alcanzarán otra dimensión.

Un vasto conjunto de funciones le sirve de carta de presentación a este cronógrafo, hijo de la más acrisolada  ecnología: barómetro con tendencia meteorológica, altímetro y desnivelómetro con medida en metros y pies, brújula, calendario perpetuo, retroiluminación... ¿Nada mal, eh? Los amantes de la escalada, el alpinismo y, en general, cualquier deporte de aventura que se libre en condiciones hostiles han encontrado a su nuevo compañero inseparable: un reloj que, además de las ya mencionadas prestaciones, se une a la ola de dispositivos táctiles que marcan tendencia en la actualidad. El cristal de zafiro no solo sorprende por ser sensible al tacto, sino que está diseñado a prueba de arañazos y permite una óptima visualización mediante su sistema antirreflejos. Si bien es considerado por muchos como un accesorio de la gama deportiva, su versatilidad de uso, precisión y belleza lo convierten en ideal para todo tipo de usuarios, incluso los más... cobardes. Hágase el desentendido: sabemos que usted no se cuenta entre ellos.

 

Si fuera una película, el texto publicitario diría: “Del creador de…”. Porque este reloj de homenaje a Space Invaders, el famoso videojuego que causó furor en los ochenta —llegó a provocar que en Japón escasearan las monedas de 100 yenes—, es obra de Romain Jerome, “el creador de” los ultraexclusivos relojes hechos con restos del Titanic, con polvo lunar y hasta con coprolitos, que no son otra cosa que esferitas de caca de dinosaurio petrificada.

Los muñequitos que decoran la esfera del Space Invaders miden 3,5 milímetros cada uno y son igualitos a los que concibieron el diseñador Toshihiro Nishikado y la corporación Taito. La caja es de acero inoxidable, en ese negro que recuerda la pantalla y el entorno de las máquinas de videojuegos de los ochenta. Es una edición limitada de 78 piezas, por el año en el que nació el juego, y el costo oscila entre los 10.000 y los 14.300 dólares.