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Enanología
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Por Víctor Hurtado
Publicado el 10/14/2011
 

Dilecto profesor: ¡Soy un hombre realizado! Estoy en plena realización, pero mejor será que le explique lo que acontéceme para que no parezca que yo estoy en venta. No estoy en sale, ni en for sale, ni en las aromáticas ni en cualquiera de las sales. Yo soy un hombre de principios, profesor, además, como soy pobre, ¿qué me queda?


Enanología
Ilustración: Adián González Rizo © 2011

–Dilecto profesor: ¡Soy un hombre realizado! Estoy en plena realización, pero mejor será que le explique lo que acontéceme para que no parezca que yo estoy en venta. No estoy en sale, ni en for sale, ni en las aromáticas ni en cualquiera de las sales. Yo soy un hombre de principios, profesor, además, como soy pobre, ¿qué me queda?

Bueno, como le venía diciendo, estoy realizado ya que por fin entré en la universidad, y no crea que me fue fácil. Originalmente, yo estaba en la frontera de Andorra con España esperando un barco, lo cual no es cosa de todos los días pues por allá no pasa ni uno. Me contaron que, la otra vez, le construyeron a Francia por encima, y Andorra se quedó sin mar, de manera que, como su nombre lo indica, de Andorra solo se sale andando.

En eso andaba cuando se me acabó Europa, y como, de puro digno, yo solo camino con la frente en alto, me metí en el agua y  eguí de frente. Esto de caminar por debajo del océano Atlántico parece difícil, pero uno se habitúa después de un rato si no sabe nadar; además, uno no se pierde si va pisando el cable submarino. Digno y todo, nunca pensé que caería tan bajo, profesor.

No toqué el triángulo de las Bermudas porque no sé música, pero me sentí como en mi barrio cuando apareció una enorme cantidad de pulpos delante de las pulperías. En fin, profesor, para no mojarle más esta página con el cuento, le digo: salí del agua, arribé a San José y me dirigí a la universidad. Llegué y entré: ¡al fin había ingresado en la universidad, profesor!

Lo raro era que la gente me miraba y me miraba: ¿estaría en la Ciudad de la Investigación? ara evitar la insistencia, ingresé en una conferencia que resultó sobre la enanología. No entendí nada, pero la gente seguía mirándome con persistente contumacia. Yo no soy tan bajo ni tan alto, ni tan del promedio; soy casi algo así, pero no soy como para que me miren cuando alguien habla de la enanología.

¿Cree usted que me equivoqué al ingresar en la universidad, profesor? ¿Debí quedarme silvestre de pensamiento? La incertidumbre serrucha mis ansias de culturificación. Esperando sus luminosas sentencias queda de usted Bradpit Ruipérez.

–Incurioseable amigo: Está muy bien que usted no tenga precio; además, así se evita la vergüenza de que nadie pague nada por usted. Eso de ser honrado trae sus consecuencias, oiga: lo hubiera pensado antes.

El buen camino se aburre en línea recta y, así, nunca se voltea en la esquina de la política, donde es normal confundir la tabla de valores con la lista de precios. No obstante, ¿quién sabe?: también puede ocurrir lo contrario pues, aunque usted no esté en venta, la gente insiste en comprar tonterías. Por tipos como usted inventaron la sociedad de consumo.

Claro, Bradpit, usted hace bien en procurarse más cultura: ¿qué mal puede hacerle la cultura a usted? (lo inverso ya es otra cosa). Lo que me parece excesivo es que usted haya entrado en una conferencia para la que no estaba preparado (ya en confianza, le digo que, para usted, el mundo es una conferencia). Por esto no entendió lo que se dijo.

Me parece que el disertante no aludió a la “enanología”, sino a la nanotecnología, técnica especializada en alterar moléculas para conseguir nuevos materiales o para que estos adopten otras formas. Por ejemplo, ciertos cambios en la molécula del carbón producen diamante (carbón cristalizado).

‘Nanotecnología’ se compone de ‘nano’ y ‘tecnología’. ‘Nano’ deriva del griego ‘nánnos’ (enano, anciano consumido), término que no da la idea general de pequeñez que sí aporta ‘mikrós’ (pequeño). Con esta palabra se formaron otras, como ‘microscopio’ (pequeña mirada), instrumento que es el colmo de la indiscreción.

Se discute el origen de la ‘e-’ de ‘enano’: tal vez se deba al influjo de ‘enatío’ (deforme). Así opina el etimologista español Joan Corominas.

El añadido de letras en el comienzo de una palabra se llama ‘prótesis’ (‘planchar’ > ‘aplanchar’). Curiosamente, el neologismo científico ‘nanotecnología’ ha recuperado la forma griega original, sin la ‘e-’ protética. En latín, ‘enano’ es ‘pumilius’, palabra que no ha dejado “descendencia” española.

Ahora bien, yo no creo que usted haya llamado la atención por su escasa o dilatada estatura, sino porque andaba cubierto de algas submarinas, como un monstruo de la cinta Santo contra los marcianos, clásico del surrealismo churubusco emergido del mar de los Sargazos. Vaya con tiento: usted ya está pedido por los Hombres de Negro.