Edad: 38 años. Lugar de nacimiento: Alajuela. Rasgos físicos: no muy alta, no muy delgada, nada rubia, no muy guapa ni siquiera especialmente atractiva. Estado civil: soltera. Sin hijos. Nivel educativo: muy bajo (no terminó el colegio). Nivel económico: muy alto. Domicilio: un apartamentazo de lujo en Santa Ana. Oficio: puta.
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Edad: 38 años. Lugar de nacimiento: Alajuela. Rasgos físicos: no muy alta, no muy delgada, nada rubia, no muy guapa ni siquiera especialmente atractiva. Estado civil: soltera. Sin hijos. Nivel educativo: muy bajo (no terminó el colegio). Nivel económico: muy alto. Domicilio: un apartamentazo de lujo en Santa Ana. Oficio: puta. Conseguí uno de sus teléfonos y la llamé para que me concediera una entrevista. Accedió, nos pusimos de acuerdo, y me dijo: “Menos fotos, yo le voy a decir sí a todo lo que usted me pida”. Cuando colgamos, me sorprendí de verme excitado como un quinceañero. Me recibió en jeans y camiseta, el pelo amarrado en una cola, y descalza, lo que acrecentó mi fascinación. Uno espera encontrarse una rubia teñida, pintarrajeada, en tacones, y envuelta en una bata de seda, ya saben: una mujer en venta; sin embargo, de repente se sienta como frente a esa vecina sencilla que lo enloquecía y empieza a sonreír nervioso pensando “no hay dinero que —Ya desde muy jovencita me di cuenta de dos cosas fundamentales para mi oficio: 1) que usted a un hombre lo puede esclavizar por el sexo (a una mujer no) y 2) que no depende de la belleza — e dice mientras me sirve un café, le echa azúcar y le da vuelta ella misma, en un gesto maternal. Nunca se enamoró, ni siquiera de chiquilla, nunca pintó corazones en sus cuadernos, nunca estuvo pendiente de si un chiquillo la llamaba o no. Tuvo algunos novietes, pero muy pronto sintió: “A mí no me gusta uno, me gustan todos… un poco”. Por ninguno perdía la cabeza ni un fin de semana completo. Era como si desde siempre hubiera sido la dulce hermana mayor de sus compañeritos y amigos. —Pero ese papel de hermana mayor o mejor amiga lo suelen tener las gorditas feas a las que nadie quiere llevarse a la cama… —le digo extrañado. —Cierto, pero yo he sido siempre una gran coqueta. Yo nunca he querido que un hombre me quiera “por como soy por dentro”. Yo siempre he querido que me deseen y eso es lo que de verdad excita a los hombres. Siempre se dice que a las mujeres hay que seducirlas por el oído… ¡A los hombres también! No quiero ser rajona, pero yo puedo poner a un hombre bien caliente con solo hablarle —me dice, y yo trago saliva. No me lo tiene que jurar. Siento que se me revienta el pantalón. A los diecinueve años entendió que ella iba a vivir de los hombres. Un abogado de 40, bastante atractivo y adinerado, se “encoñó” de ella. “Por suerte era casado”, dice y explica que de ese modo él no podía pretender nada oficial ni excluyente con ella. Este hombre le regaló un carro, además de viajes a muchas partes del mundo y hasta dinero en efectivo, ue le daba a menudo, con cualquier pretexto. —Él sabía que yo estaba encantada por su dinero y sus regalos carísimos, y eso lo motivaba más. Un hombre que ha dedicado toda su vida a hacer dinero no busca a una mujer que le diga “no te quiero por tu dinero”. Poco a poco fue ganando experiencia y madurez, y hoy, a sus 38 años, este es el saldo: el apartamento se lo paga uno de sus clientes, tiene una buena cuenta de ahorros, dos casas propias en alquiler, un carro y unos cinco clientes fijos. Algunos datan ya de diez años, a dos incluso les llama “amantes”: un gordo dueño de una cadena de supermercados y un gerente de banco, ambos millonarios que empezaron babeando por ella y ahora la visitan como a una especie de exesposa, un par de tardes a la semana, muchas veces ni sexo tienen, pero ella los mima, los escucha, les hace un masajito en los pies, y ellos le depositan puntualmente dinero en su cuenta. Uno le regaló una pareja de gatos sphynx, cuyas crías vendió a 500 dólares cada una el mes pasado. —No son ellos los que me escogen a mí, soy yo la que se da el lujo de escoger a mis clientes. ¡Por eso soy puta de lujo! —bromea. Cuando me disponía a marcharme, Susy tuvo un arranque de modestia y confesó: “Yo nunca he sido muy guapa, así que tuve que aprender a volver loco a un hombre en la cama. Y supongo que lo logré… Siempre me dicen que doy unas mamadas de loba sedienta. Un día se me desmayó uno de tanto placer…”. Dijo ella eso y a mí un relámpago me recorrió toda la espina dorsal. Con mucha cautela sugerí que quizás yo debería experimentarlo para completar mi reportaje. Ella accedió. Con lo que me cobró por esos quince minutos, me habría podido comprar medio gato de los suyos. Qué mujer. Esa tarde lluviosa aprendí que lo que hace falta para ser una prostituta de lujo es una inteligencia feroz. Ministro Castro y El Calumnista El ministro de Ambiente y Energía, René Castro, se presentó a nuestra sala de redacción para expresar que la sección El Calumnista, publicada en la edición de SoHo número 55, lo ofende en lo personal. Esta columna trata temas y situaciones ficticias, enfocadas principalmente al humor. La idea original es que el periodista, bajo el seudónimo de Julio Román, crea una noticia falsa, con base en calumnias, y que por lo tanto no se sustenta en hechos verídicos ni comprobables. El ministro Castro, sin embargo, se sintió molesto por la referencia a la fecha en que se dio un diálogo contenido en la columna. Además, expresó su disposición a aclarar cualquier información sobre la que los periodistas o los ciudadanos tuvieran dudas en cuanto al decreto No. 26750, referido a la explotación de hidrocarburos en Costa Rica. Asimismo, reseñó que en dos artículos publicados en La Nación (20 de julio y 10 de agosto del presente año) aclaró los alcances de ese decreto que a su juicio, aumentó efectivamente el grado de control y protección ambiental en el país. SoHo reitera que esta columna se basa en situaciones ficticias y que en ningún momento se quiso ofender al señor ministro. | |