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Consultorio Sexual
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Por Marcelo Birmajer
Publicado el 10/14/2011
 
Nuestro sexólogo Marcelo Birmajer sigue respondiendo las preguntas de los lectores que le escriben a consultoriosexual@soho.com.co. Pregunte sin pudor, que este consultorio esta para servirle. Y, lo mejor, sin que tenga que pagar un peso.

Consultorio Sexual

Por Marcelo Birmajer

I. Asalto a la ilusión
Querido profesor:
Llevábamos varios meses de conflicto sexual con mi esposa — esencialmente porque ella se negaba a mantener relaciones— cuando sufrimos un asalto que modificó radicalmente nuestra situación. Un hombre, enmascarado con una media de mujer, entró subrepticiamente en nuestro hogar, y armado con un revólver nos obligó a depositar todas nuestras propiedades de valor y el dinero que hubiera en la casa, en una bolsa de tela negra. Por supuesto, le entregamos todo con la esperanza de que no nos dañara y, yo en particular, rogando a Dios por que no le hiciera nada a Rita, mi esposa. Pero he aquí que el malhechor, siempre apuntándome con su arma, me ordenó que mantuviera relaciones con Rita. Obviamente, me negué, intuyendo que era solo una estratagema para desnudar a Rita más fácilmente. Pero el hombre insistió con que no haría nada, porque era impotente, y agregó que si Rita no comenzaba en ese mismo instante a mamármela, nos mataría a los dos. Rita obedeció antes de que yo pudiera volver a oponerme. Efectivamente, el hombre no intervino, pero tampoco quedó satisfecho. Nos obligó a mantener relaciones vaginales y anales, y también a masturbarme entre los pechos de Rita, con lo que eyaculé y dio por terminado el suplicio. El hombre se marchó entonces con nuestras pertenencias. Tanto Rita como yo hemos descubierto que nunca, desde nuestra luna de miel, gozamos de un polvo tan intenso. Rita ha incluso llegado a creer que todo fue un plan mío. Pero no solo no tuve nada que ver con el suceso, sino que no he encontrado el modo de hacerle el amor a Rita desde entonces. ¿Debo amenazarla con un arma? ¿Debo realmente concebir planes maquiavélicos? Estoy desesperado.
Rafael Obligado

Querido Rafael Obligado:
Si no es mucho inmiscuirme, yo le hubiera sugerido firmar como ‘Rafael Afortunado’. No solo no tocaron a su esposa, sino que la obligaron a realizar todos sus deberes conyugales, sin que se lo pueda tachar a usted en nada. Por su testimonio, venimos a descubrir que a ella no le disgustó. Sin embargo, mucho me temo que mi consejo es la separación. Me parece intuir que ustedes no tienen hijos. Márchese de esa casa antes de que, por otra relación intempestiva, ella quede embarazada. Esa mujer nunca se le entregará a usted en términos normales. Considérese como un ganador en el casino: por un golpe de suerte, sin que usted moviera un dedo, su ficha cayó en el número indicado y ganó un pleno. Váyase antes de que la suerte se invierta.

II. Desconsolado
Querido profesor:
Recientemente mi esposa adquirió un consolador y vibrador. Es un artilugio de goma, apenas más grande que aquel de carne del que la naturaleza me dotó. Primero lo tomé como un signo de renovación conyugal. Una mujer que se excita a sí misma, junto al marido, en la cama casera, es un tesoro inusual. Pero después de un par de buenos encuentros sexuales, cierta tarde, al volver del trabajo, me la encontré encerrada en el baño, del que provenía el ya familiar zumbido del pene artificial. Otro día la sorprendí en el living, en las mismas circunstancias. Y una madrugada, asombrado por no hallarla junto a mí en la cama, la descubrí en la cocina, aplicándose alternativamente el consolador adelante y atrás. Realmente, profesor, aunque resulte bizarro, estoy celoso del consolador. ¿Qué puedo hacer?

Querido desconsolado:
Permítame una repregunta desaprensiva: ¿Cuál es el problema? No hay una disyuntiva “El consolador o yo”, sino una propuesta sincrética: el consolador y yo. El problema aparecería si ella se negara a permitirle participar. Pero, mientras no haya otro hombre, usted debe acompañarla cada vez que ella quiera meterse lo que quiera donde quiera. Incluso si quiere invitar a una amiguita. La naturaleza, que no solo no es sabia sino cruel, en lo que evidentemente es un descuido en su permanente lucha contra el hombre, ha dotado a la mujer de diversos puntos de satisfacción, tanto para ella misma como para su compañero. La mujer es infinita, y el hombre debe recibir lo que pueda. Ahora, si ella se negara a acreditar su participación de usted, entonces vuelva a escribirme, que prometo ponerlo como cabecera del correo.