Titulé esta columna: “Diez pasos para convertirse en un amante inolvidable”. Sin embargo, medio minuto después de escribirlo, concluí que las recetas, si bien ayudan, no son, en materia sexual, la mejor solución.
Así que nada de diez pasos. Salto ya mismo al grano: no se vengan de primeros. Esta es la regla de oro y la única que importa; una mujer no olvida a un hombre que se tomó el tiempo para complacerla.
Después, antes y en el medio, se la tienen que jugar como los grandes. Cómo hacer para ser, más que recordado, inolvidable y solicitado de nuevo: siga leyendo, que yo hablo por muchas, con la ventaja de que solo digo lo necesario. Y ojo, no es para que de esto se haga una mesa redonda o un seminario, es para que vayan a ponerlo en práctica.
Como estaba diciendo, hay que ponernos atención. Desconozco cuántos centímetros cuadrados habrá en el cuerpo de una mujer, pero puedo asegurar que todos y cada uno de ellos agradece ser repasado con una mirada, una caricia, una chupadita e incluso un roce fugaz. Háganse expertos en anatomía femenina, combinada con un curso intensivo de masajes erotizantes. No es tan complicado como suena, es más un incentivo. Hay terminaciones nerviosas que dan más que cosquillas. Lo que den, lo van a recibir de vuelta con creces.
No hay una mujer que subestime el placer derivado del roce de un pene en la cavidad vaginal. Hay diferentes ritmos y, sobre todo, posiciones que lo hacen, más que interesante, entretenido. Pero el error de muchos es meter-sacar-acabar y pensar que ya cogieron.
Puedo asegurar que, si bien es delicioso sentirse penetrada, lo es más si le ponen a uno las manos en las nalgas y lo dirigen. O si al mismo tiempo de que se está en eso, también le están chupando los pezones. Pero lo que se olvida es que, si solo ha habido penetración, el nivel de excitación de un hombre va corriendo a 90 km/h, mientras que el de una mujer va como a 40 km/h.
Entonces, si el hombre de repente mete cuarta, pasa a quinta y le da rueda al asunto… Lo deja a uno viendo para el ciprés, sin entender en qué momento se matriculó en los 100 metros planos, y muy enojada porque ni siquiera se terminó de amarrar las tenis cuando el otro ya lleva la medalla de oro en el pecho.
Antes de penetrarnos, lubríquennos. Se consigue con unos dedos que delicadamente nos estimula el clítoris, y, si de verdad están interesados en ser inolvidables, aprendan a chupar coños. Aquí, además, se siguen valiendo las caricias aprendidas en el intensivo de masajes eróticos, y con el doctorado en anatomía femenina van a saber cómo llegar a cada punto importante.
Repito: no se vengan de primeros. Y esto tiene otra razón de peso. Los hombres quedan fuera de uso después de un orgasmo; la mayoría no quiere ni que le den un beso en la mejilla si ya acabaron. Entonces, mala nota dejarlo a uno alborotado, sin calzones, y además pedirnos que no hablemos por los siguientes 40 minutos…
Así pues, nos pueden llevar a altos niveles de excitación, penetrarnos una vez que estamos bien lubricadas y, minutos después, encontrar una posición en la que puedan seguir penetrándonos, pero que les permita seguir estimulando el clítoris. Nos hacen venir… si pueden más de una vez. Y ahora sí, cierren los ojos y disfruten porque van a ser cogidos y llevados al éxtasis.
No sé por qué no les había dicho esto antes. Nosotras pensamos que es tan lógico y tan obvio que no es necesario decirlo. Pero bueno, por si queda duda, aquí va resumido: si quieren ser inolvidables, dennos la oportunidad de pasar por el orgasmo de primeras y van a ser muy bien retribuidos. Polvos así, no se olvidan |