Un grupo de costarricenses cultos, con estudios, sensibilidad y sentido común ha logrado poner en jaque al Vaticano, esa institución enormemente poderosa y rica, hasta ahora intocable. Todo empezó la mañana del 3 de agosto. Por medio de mensajes de teléfono celular y redes sociales tipo facebook, la gente indignada contra el Papa cobró conciencia de ser un colectivo importante; los cibernautas entraron en contacto unos con otros, se organizaron y finalmente han dado un paso sin precedentes en la historia mundial.
La indignación surgió a raíz de la homilía del 2 de agosto en Cartago. El cardenal mexicano Francisco Robles Ortega, en nombre del papa Benedicto XVI, mandó el siguiente mensaje a las mujeres costarricenses: les pidió que no fueran como los hombres, que no imitaran a los varones en su comportamiento y costumbres (hasta aquí estamos perfectamente de acuerdo), pero después, según se extendió en su prédica, resultó que tal idea significaba (al menos para el obispo mexicano) que las mujeres debían llevar falda larga y no salir mucho de casa… En síntesis y más clarito, que las mujeres ticas deberían renunciar a los derechos que tanto les ha costado ganar en el último siglo; que las mujeres no debían imitar a los hombres en sus libertades y derechos (como el derecho a no reducir su realización en la vida a la crianza de los hijos).
En un país subdesarrollado, machista, empobrecido y donde las cifras de mujeres agredidas por hombres aumenta cada día, el discursito del Obispo fue como echar un fósforo en un charco de gasolina. En efecto, la cosa ardió, y la bola de fuego creció en cuestión de horas. En teléfonos celulares y muros de facebook proliferaron los mensajes. Si son tan viles —los hombres— como para pedirles a las mujeres que no los imiten, ¿por qué no dirigió la Iglesia su discurso a ellos? ¿Por qué no les dijo a los hombres que dejaran de ser como son? ¿Era mucho pedirle a un mexicano machista, por más obispo que fuera?
Al mediodía del 3 de agosto ya se había conformado una Plataforma de Ciudadan@s Indignad@s del 3 de agosto, con facebook propio y hasta una dirección electrónica para manifestar apoyo. De repente, como la guinda del pastel, una voz anónima sugirió en la red: “¡Demandemos al Vaticano!”. Se hizo un silencio profundo, la calma previa a la tormenta. La idea era demasiado hermosa y demasiado ambiciosa a la vez. Al cabo de una hora, la emoción le ganó a la impotencia y reventó como una bomba. Todo el mundo empezó a lanzar argumentos: sí, se podía demandar al Vaticano, como institución social, por mandar un mensaje irresponsable a una ciudadanía que le presta oídos, por abuso de poder ideológico, por atentar contra los derechos humanos de la mujer y hasta por crímenes indirectos contra la salud y la sociedad. “Que la Iglesia tenga responsabilidad por los mensajes que emite”, decía uno, “que los curas piensen mejor lo que dicen”, y no faltó el “yes we can” y los mensajes de apoyo del mundo entero.
Tres notables abogados costarricenses (todos hombres, por cierto) ofrecieron de inmediato su ayuda. La idea fue cobrando forma y, como es típico, trascendió las fronteras de nuestro diminuto país. A las tres de la tarde se convocó a una Asamblea de Indignad@s en el Alto de Ochomogo, en una nave industrial desocupada. Los ánimos se mantuvieron siempre en alto, pero la euforia llegaría a las 5 p.m. cuando, en un comunicado oficial, el abogado británico Sir Ben Santos Mac-Can informaba a la recién creada Asociación de Indignad@s su disposición a representarles ante el Vaticano. Santos Mac-Can es considerado, actualmente, el abogado más feroz del mundo. El británico propuso demandar al Vaticano por 40 milloncitos de euros, en resarcimiento del colectivo de indignados.
Nadie culpará a los costarricenses de haber dudado, como santo Tomás, ante semejante cifra. Pero Sir Santos sabe siempre dónde se mete. Una semana después, el 10 de agosto, el Vaticano enviaba una propuesta de conciliación: 20 millones de euros en efectivo a cambio de que se retirasen los cargos. 20 millones de euros a depositar limpios de impuestos en una cuenta a nombre de Feminoide, el ala dura de la plataforma de indignados. Mac-Can se está haciendo de rogar. Él sí está consciente de la diferencia entre 20 y 40 millones, máxime que cobrará un 10% de la cifra que finalmente consiga. Pero la Santa Madre Iglesia no es pequeño enemigo, y eso también lo sabe este abogado de renombre. El día en que fue enviada esta columna a la redacción de la revista SoHo, el Vaticano había subido su oferta a 25 millones. Quizás a partir de ahora el Papa menosprecie menos a estos incultos pueblos centroamericanos y se piense dos veces las ideas que les quiere embutir en la conciencia. |