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Objeto de estudio número uno: A ver... Banano, fresa o naranja. Como una de las frutas ya está incluida en el menú, hago el papel de chica y me “como” el de fresa. Primero lo primero: colocarlo como toda una experta, ¡con la boca! A mi novio, la mamada le pareció igual de buena (no en vano es uno de mis mejores atributos); sin embargo, debo ser sincera: nada como comerse el confite sin la envoltura. Para un encuentro casual o esas primeras experiencias en pareja (ante todo el sexo seguro), es ideal. Solo le pediría al fabricante de este “globito” una mayor perdurabilidad del sabor, porque al rato de estar lamiendo... ¡se fue! Por otra parte, la fresa me pareció rica, tanto en aroma como en gusto. ¡Lo único malo fue que me acabé toda la ensalada de frutas! Objeto de estudio número dos: La noche pintaba bien para los accesorios. Mi novio me llamaba desde las 6:00 p.m. para saber a qué hora le caería en la cama. Dieron las 8:00 p.m. y, en cuanto llegué, comenzaron los besos y ese restregar de cuerpos que te hace recordar los “apretes” del cole.
Nada como estar en posición misionera, que tu pareja se separe un poco de vos, volver la mirada y ver cómo te embisten y... Creo que me olvidé de la razón de este estudio. Volviendo al tema, el capuchón que nos acompañó ese día en el acto decía ser ultrasensitivo. Rico y delgadito, hacía que sintiéramos juntos el ritmo del “Bata Bata”. Como parte del experimento, tuvimos que probar, sin “forro”, la dicha ultrasensitividad. Sí, sí, obvié el sexo seguro, pero todo sea en pro de una comparación lo más cercana a la realidad. El resultado: le fue bien al condenado condón. Así que, atentos lectores, ya saben que, con él, la sensación es fantástica y la protección, también. Pausa: Mi investigación se vio detenida temporalmente por culpa de una dolencia gástrica. No fuera a ser que, en medio de la faena, mi pareja terminase bombardeada. ¡Ja! Sería gracioso y, a la vez, penoso. Lo cierto es que pasé enferma dos días. Moraleja: no coman comida condimentada en una noche que promete.
Cinco minutos acurrucados en posición de cucharita antes del almuerzo pendejamente romántico del fin de semana bastaron para prender el fuego. Comenzaron las caricias, los pezones que se endurecen, los mordisqueos y la piel de gallina. Las manos bajan y me toman las nalgas: esa es la orden que necesito para quedar completamente húmeda. Después... la succión gentil a un glande que me guiña su ojo. Tomo la bolsita y saco el “forro”, de un color rojo que invita al revolcón. Rápido y cómodo de colocar en el cuerpo hinchado de mi pareja. Aroma agradable; suave al contacto de la mano. Creo que yo estaba ya demasiado caliente, por lo que no avivó más allá mi temperatura. ¿Delgado y cómodo?: sí. ¿Calienta?: no. Además, si tu piel es sensible o estás en el segundo polvo, puede crear irritación.
La sesión de ese día comienza con un masaje en la espalda, que estimula el resto del cuerpo. Tomen nota: nada se compara con un buen masaje que termine en las nalgas, las agarre de manera firme, invitando al sexo a medida que estas se separan... Me gustan estos condones, son fáciles de poner, con la boca y con la mano, así que sus parejas no van a tener inconveniente en ofrecerles este “servicio”. El ingreso del pene es simpático y excitante. Me agrada la sensación de los puntitos y las estrías, que provocan un leve cosquilleo en los labios internos y favorecen la lubricación. Creo que encontré uno de mis favoritos. Al final quedé con la lengua afuera e invitada a continuar su uso. En el “mañanero” adoptamos otra posición, boca abajo con las piernas cerradas, lo cual, gracias a los puntitos, favorece el ingreso y la salida del pene. La diferencia con respecto al utilizado la noche anterior sí se siente en tus labios, pero, de todas formas, este ocupa el segundo lugar entre mis predilectos. El especial: El anillo vibrador ultra me encantó. ¡Estimula todo! Hicimos un “combo” junto con el condón retardante y así logramos que el placer se alargara, justo como para revolcarse, jalarse el cabello y hablar sucio al oído. Esa punta que hace que mi clítoris quiera explotar es de las mejores cosas que jamás se han inventado. Sin embargo, se debe tener cuidado con los movimientos, ya que, si son demasiados intensos, ambas partes pueden salir lastimadas.
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